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El calor no es el que era y lo saben bien quienes trabajan a la intemperie: “Esto es insufrible, cada vez dura más”

Laura Olías

12 de julio de 2026 22:07 h

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“De 10 años a aquí, esto es insoportable”, dice Abraham de la Calle Espinosa, electricista de 58 años que trabaja en el mantenimiento de varios parques de la capital. Es uno de tantos miles de personas que trabajan a diario a la intemperie, en la calle, en un país cada vez más amenazado por el calor extremo. Mientras hay quienes minimizan lo que sucede, porque “en verano siempre ha hecho calor”, en el tajo saben bien que los científicos tienen razón: la situación está agravándose cada año.

“El calor existía, pero no era esto”, responde el electricista. “No había tantos días de calor, y sobre todo tantas noches. Ni era tanto el calor. Además, ahora empieza mucho antes”, advierte Abraham de la Calle Espinosa, que lleva “toda la vida” trabajando en la calle. Primero en obras como electricista y desde hace 16 años en su puesto de mantenimiento en varios parques de Madrid.

Si antes los días “insufribles” llegaban en julio y “a mediados de agosto bajaba la cosa”, recuerda el trabajador, ahora el calor extremo aterriza ya en junio, como ha demostrado la primera ola de calor de este verano, y se sigue pasando mucho calor “hasta en septiembre”.

El riesgo es muy grave. El pasado martes falleció un trabajador, de 48 años, que se desvaneció en la calle en Sevilla capital “tras una exposición prolongada a altas temperaturas en la vía pública”, afirmó la Junta de Andalucía. El viernes se conoció la muerte de un jornalero de 64 años en Lleida tras sufrir un paro cardiorrespiratorio mientras trabajaba el miércoles en una finca agrícola, en plena ola de calor.

Fin al “hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”

El cambio respecto al pasado se encuentra retratado de manera sencilla en el refranero popular, advierte Abraham de la Calle Espinosa, con un “hasta el 40 de mayo no te quites el sayo” totalmente desfasado.

José Viciana, que coge el teléfono desde Linares (Jaén), una de las muchas sartenes de España, también ha visto cómo “la calor” de los últimos años ha dejado ya para la historia otro refrán típico de su localidad, muy utilizado entre los agricultores que trabajan día a día “al Lorenzo”. “Santa Ana, Santa Anilla, su prima y su primilla”, dice entre risas.

“Son los días 26, 27, 28 y 29 de julio”, explica, “cuatro días terribles” que antes se situaban como referencia de la llegada de “calor fuerte”. “Ahora se ha adelantado a junio”, coincide el agricultor.

Viciana, de 52 años, trabaja desde que tiene “uso de razón” a la intemperie. “Desde los 11 o 12 años, con ganado” y después, en el campo. Ahora, trabaja el cereal y el olivar, cultivo emblema de su tierra, para sí mismo como autónomo así como jornalero para otras fincas.

No solo el calor llega antes, sino que también se alcanzan más grados y, sobre todo, abarca más días. “Los fenómenos meteorológicos adversos extremos cada vez ocupan más parte del tiempo y cada vez vivimos más fuera de los patrones habituales”, advierte Aida Suárez, secretaria de Salud Laboral de CCOO del Hábitat. Esto hace más duro el trabajo ya no solo por la exposición, sino por la acumulación.

Abraham de la Calle Espinosa no solo lo nota por los días, sino por la suma “de noches”. “No puedes descansar bien, con tantos grados y eso se nota al día siguiente”, dice el electricista. En este sentido, en CCOO, sindicato del que es delegado, insisten en la necesidad de vincular la prevención laboral también a las políticas contra la “pobreza energética”, como el mejor aislamiento de los edificios de los barrios de gente trabajadora.

“Si estás trabajando a 37 o 38 grados, no es lo mismo llegar a una casa climatizada que a otra que esté a 30 y pico grados. A esa persona le cuesta muchísimo más recuperarse”, sostiene Aida Suárez.

Prevenir o morir

Así, aunque algunos no lo quieran ver, el cambio climático está desplegando cada vez más sus efectos en el aumento de las olas de calor y otros episodios meteorológicos extremos. La alternativa de no actuar al respecto pasa por miles de muertes, advierten los especialistas y demuestran las cifras que facilitan cada año los servicios sanitarios.

José Viciana nota en su cuerpo lo que explican los expertos: que el inicio de las altas temperaturas y los primeros días de los episodios extremos son los más peligrosos. “Los dos o tres primeros días son los peores, luego el cuerpo es muy duro y muy sabio, y te vas aclimatando. Se aguanta mejor la calor”, explica el agricultor.

La clave pasa por prevenir, insisten las autoridades como el INSST (Instituto Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo). “Y la prevención se basa en anticiparse, no en lamentar”, reclama Aida Suárez.

Por ejemplo, con información a los trabajadores sobre los efectos del calor extremo para que sean capaces de identificarlos con celeridad, así como la existencia de protocolos de actuación claros en las empresas, que no se circunscriban a épocas del año concretas (julio o agosto), sino a las circunstancias que haya en cada momento. “Que si llega una ola de calor en mayo, se active y la gente sepa cómo actuar”, sostiene la responsable de salud laboral.

Cuando llegan las altas temperaturas, los agricultores adelantan sus jornadas a la madrugada, explica José Viciana. “Empezamos a las 3 de la mañana y a las 12 o 12.30 horas nos vamos a casa, porque ya no se puede aguantar”, explica. En ocasiones, al final de la tarde, a partir de las ocho, vuelve a echar otro rato de trabajo.

Abraham de la Calle Espinosa explica que en su empresa hay “bastante conciencia” sobre el calor, un riesgo que les afecta mucho, con jornada intensiva ante las altas temperaturas, la recomendación de aumentar los descansos a la sombra y beber agua más a menudo. “Son los básicos, pero insistimos en ellos porque en muchas empresas aún no se cumplen”, sostiene la responsable de salud laboral de CCOO Hábitat.

Este año, el electricista se ha puesto además una pulsera que mide sus constantes y temperatura que la empresa ha facilitado de manera voluntaria a gente con patologías y mayor riesgo, como es su caso, explica. “Hay gente que no ha querido, pero yo me la he puesto. Si hay riesgo de golpe de calor, pita”, dice el trabajador.

Además, los sindicatos y la Inspección de Trabajo están a disposición de los trabajadores y de la ciudadanía para poder denunciar abusos ante las malas temperaturas. La factura de las negligencias puede ser muy elevada. No solo por las multas, sino por los accidentes mortales que cada año impiden que decenas de trabajadores y trabajadoras vuelvan a sus casas al final de su jornada.