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Moody's señala a España como el país de la UE que más difícil tiene reducir la deuda a niveles previos al COVID

Daniel Yebra

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Reducir el endeudamiento al nivel previo al COVID es prácticamente inalcanzable para España en los próximos años, y también para Italia, Francia, Bélgica, Austria, o incluso para Alemania. Pero ese imposible es especialmente improbable para España respecto al resto de países de la Unión Europea por la proyección de un déficit primario (ingresos menos gastos sin incluir el pago de intereses de la deuda) y estructural más acusado. Es el análisis de la agencia de calificación de riesgos Moody's.

El Gobierno prevé que el gasto público en intereses se mantendrá en el 2% del PIB pese al sobreendeudamiento

Saber más

Según calcula esta entidad, España necesitaría un superávit primario del 3,7% respecto al PIB de media hasta 2025 (ver gráfico) para volver a una deuda pública del 95,5% (la de 2019) hacia ese horizonte, tras aumentar al 120% en 2020 por la pandemia. Huelga decir que nuestro país no recuerda un ciclo similar en los últimos siglos. Por el contrario, las previsiones apuntan a un déficit primario de cerca del 4% en 2022.

Concretamente, la agencia de calificación de deuda estima que este saldo presupuestario primario (es decir, más gastos que ingresos fiscales, excluyendo la factura de intereses) se quedará este año en el -3,85%. Por encima del -3,15% de Francia, del -2,9% de Alemania o del -2,37% de Italia.

Un desequilibrio que hace que, aunque el pago anual de los intereses de la deuda no debería ser un problema para España, su capacidad para reducir el sobreendeudamiento sea inferior respecto al resto de países europeos.

Hace solo unas semanas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya descartó que España pueda reducir el endeudamiento al nivel pre COVID en el próximo lustro, pese a la recuperación económica (ver el gráfico de arriba).

El esfuerzo en el gasto público que vuelve a exigir el impacto en la actividad y en la inflación de la guerra en Ucrania cronifica el sobreendeudamiento de España, en un momento en el que los costes de financiación ya han empezado a aumentar desde mínimos históricos, ante la perspectiva de una subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE).

Entre las principales economías de la eurozona, el endeudamiento de nuestro país solo lo supera el de Italia, que se quedará en el 150,6% del PIB en 2022, según las mismas estimaciones. El de Francia estaría en el 112,6%, y el de Alemania en el 70,9%, con la proyección a 2027 de una reducción hasta el 58,7%

El problema a corto plazo no es el pago de intereses

El pago de los intereses no es la preocupación principal para el Gobierno, según la previsión que envió a finales de abril a la Comisión Europea en el Programa de Estabilidad 2022-2025. La razón es que el Ejecutivo calcula que esta factura de la deuda se mantendrán cerca del 2% del PIB durante los próximos años, a pesar del sobreendeudamiento y la subida generalizada de los tipos de intereses que ya se viene viendo en los mercados durante las últimas semanas. 

La razón principal es que gracias a los estímulos monetarios del BCE, que ya ha comenzado a retirar para dejar de alimentar la inflación, España ha podido alargar los vencimientos de la deuda (eso significa que es más sostenible) y a que las nuevas emisiones, que van encareciéndose desde mínimos, seguirán siendo más baratas frente al coste medio durante meses (aquí hay una explicación más extensa).

El problema es el desequilibrio presupuestario

El problema prioritario es entonces el desequilibrio presupuestario (se gasta y se seguirá gastando más de lo que se ingresa). Y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) alzó la voz con contundencia el pasado jueves respecto ello. “Continúa sin haber una verdadera estrategia fiscal a medio plazo”, advirtió la institución en su informe sobre el Programa de estabilidad 2022-2025.

“El estancamiento en la reducción del déficit supone un freno en la disminución del endeudamiento, que en 2025 todavía se situará en el 108,8% del PIB. A partir de ese momento, si el déficit primario estructural se mantiene constante entre 1,5% y 2,5%, la deuda iniciará una senda ascendente que la llevaría al 140% en 2040”, alertó la AIReF.

Y en esos plazos y con esas previsiones, y ante un ciclo de subida de los tipos de interés, que el BCE podría arrancar oficialmente tan pronto como en julio, la carga de la deuda puede ser más y más pesada para España.

“España no logró reconstruir el espacio fiscal perdido durante la última década a pesar de un período de costes de financiación históricamente bajos. Las métricas fiscales generales mejoraron, pero esto se debió en gran medida al crecimiento por el impulso del ciclo y a una disminución en los pagos de intereses, en lugar de a mejoras estructurales”, reflexiona Moody's.

El margen para reducir el déficit se agota

La Autoridad fiscal de España considera que el déficit público (en este caso añadiendo el pago de los intereses de la deuda dentro de la partida de gastos) se irá al 4,2% en relación al PIB en 2022. Y que todavía seguirá en el 3% en 2024 y 2025.

La AIReF insiste “en la necesidad de diseñar una estrategia fiscal a medio plazo creíble, realista y que integre todos los elementos esenciales de política económica y fiscal, especialmente el Plan de Recuperación”.

Y recomienda también “destinar la mejora de los ingresos por encima de lo previsto”, por el propio crecimiento, el récord de afiliados de la Seguridad social y la inflación, “a acelerar la reducción del déficit estructural, evaluar el impacto de las medidas adoptadas”, por ejemplo, del Plan de choque contra la guerra, “antes de prorrogarlas y basar el diseño de nuevas medidas en criterios de eficiencia y eficacia”.

La AIRef cree que el margen para reducir el déficit sin adoptar ajustes adicionales se agota. Y el propio FMI reconoce que la normalización de la política monetaria de los bancos centrales de las economías avanzadas implica “caminar sobre la cuerda floja” de luchar contra la elevada inflación y salvaguardar la recuperación en un momento de mayor incertidumbre sobre las perspectivas.

En el aspecto fiscal, el margen de actuación ya se vio erosionado en muchos países por el gasto [público] relacionado con la Covid”, recuerda el FMI. “Los niveles de deuda han aumentado significativamente y se esperaba que el apoyo fiscal extraordinario se eliminara en 2022 y 2023”, continúa. Y advierte: “La guerra y el aumento inminente de los tipos de interés reducirán aún más el espacio fiscal en muchos países”.

En este sentido, el organismo multilateral recomienda evitar una rebaja de impuestos y centrarse en ayudas directas para las capas de población más vulnerables.

Reducir el endeudamiento al nivel previo al COVID es prácticamente inalcanzable para España en los próximos años, y también para Italia, Francia, Bélgica, Austria, o incluso para Alemania. Pero ese imposible es especialmente improbable para España respecto al resto de países de la Unión Europea por la proyección de un déficit primario (ingresos menos gastos sin incluir el pago de intereses de la deuda) y estructural más acusado. Es el análisis de la agencia de calificación de riesgos Moody's.

El Gobierno prevé que el gasto público en intereses se mantendrá en el 2% del PIB pese al sobreendeudamiento

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Según calcula esta entidad, España necesitaría un superávit primario del 3,7% respecto al PIB de media hasta 2025 (ver gráfico) para volver a una deuda pública del 95,5% (la de 2019) hacia ese horizonte, tras aumentar al 120% en 2020 por la pandemia. Huelga decir que nuestro país no recuerda un ciclo similar en los últimos siglos. Por el contrario, las previsiones apuntan a un déficit primario de cerca del 4% en 2022.

Concretamente, la agencia de calificación de deuda estima que este saldo presupuestario primario (es decir, más gastos que ingresos fiscales, excluyendo la factura de intereses) se quedará este año en el -3,85%. Por encima del -3,15% de Francia, del -2,9% de Alemania o del -2,37% de Italia.

Un desequilibrio que hace que, aunque el pago anual de los intereses de la deuda no debería ser un problema para España, su capacidad para reducir el sobreendeudamiento sea inferior respecto al resto de países europeos.

Hace solo unas semanas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya descartó que España pueda reducir el endeudamiento al nivel pre COVID en el próximo lustro, pese a la recuperación económica (ver el gráfico de arriba).

El esfuerzo en el gasto público que vuelve a exigir el impacto en la actividad y en la inflación de la guerra en Ucrania cronifica el sobreendeudamiento de España, en un momento en el que los costes de financiación ya han empezado a aumentar desde mínimos históricos, ante la perspectiva de una subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE).

Entre las principales economías de la eurozona, el endeudamiento de nuestro país solo lo supera el de Italia, que se quedará en el 150,6% del PIB en 2022, según las mismas estimaciones. El de Francia estaría en el 112,6%, y el de Alemania en el 70,9%, con la proyección a 2027 de una reducción hasta el 58,7%

El problema a corto plazo no es el pago de intereses

El pago de los intereses no es la preocupación principal para el Gobierno, según la previsión que envió a finales de abril a la Comisión Europea en el Programa de Estabilidad 2022-2025. La razón es que el Ejecutivo calcula que esta factura de la deuda se mantendrán cerca del 2% del PIB durante los próximos años, a pesar del sobreendeudamiento y la subida generalizada de los tipos de intereses que ya se viene viendo en los mercados durante las últimas semanas. 

La razón principal es que gracias a los estímulos monetarios del BCE, que ya ha comenzado a retirar para dejar de alimentar la inflación, España ha podido alargar los vencimientos de la deuda (eso significa que es más sostenible) y a que las nuevas emisiones, que van encareciéndose desde mínimos, seguirán siendo más baratas frente al coste medio durante meses (aquí hay una explicación más extensa).

El problema es el desequilibrio presupuestario

El problema prioritario es entonces el desequilibrio presupuestario (se gasta y se seguirá gastando más de lo que se ingresa). Y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) alzó la voz con contundencia el pasado jueves respecto ello. “Continúa sin haber una verdadera estrategia fiscal a medio plazo”, advirtió la institución en su informe sobre el Programa de estabilidad 2022-2025.

“El estancamiento en la reducción del déficit supone un freno en la disminución del endeudamiento, que en 2025 todavía se situará en el 108,8% del PIB. A partir de ese momento, si el déficit primario estructural se mantiene constante entre 1,5% y 2,5%, la deuda iniciará una senda ascendente que la llevaría al 140% en 2040”, alertó la AIReF.

Y en esos plazos y con esas previsiones, y ante un ciclo de subida de los tipos de interés, que el BCE podría arrancar oficialmente tan pronto como en julio, la carga de la deuda puede ser más y más pesada para España.

“España no logró reconstruir el espacio fiscal perdido durante la última década a pesar de un período de costes de financiación históricamente bajos. Las métricas fiscales generales mejoraron, pero esto se debió en gran medida al crecimiento por el impulso del ciclo y a una disminución en los pagos de intereses, en lugar de a mejoras estructurales”, reflexiona Moody's.

El margen para reducir el déficit se agota

La Autoridad fiscal de España considera que el déficit público (en este caso añadiendo el pago de los intereses de la deuda dentro de la partida de gastos) se irá al 4,2% en relación al PIB en 2022. Y que todavía seguirá en el 3% en 2024 y 2025.

La AIReF insiste “en la necesidad de diseñar una estrategia fiscal a medio plazo creíble, realista y que integre todos los elementos esenciales de política económica y fiscal, especialmente el Plan de Recuperación”.

Y recomienda también “destinar la mejora de los ingresos por encima de lo previsto”, por el propio crecimiento, el récord de afiliados de la Seguridad social y la inflación, “a acelerar la reducción del déficit estructural, evaluar el impacto de las medidas adoptadas”, por ejemplo, del Plan de choque contra la guerra, “antes de prorrogarlas y basar el diseño de nuevas medidas en criterios de eficiencia y eficacia”.

La AIRef cree que el margen para reducir el déficit sin adoptar ajustes adicionales se agota. Y el propio FMI reconoce que la normalización de la política monetaria de los bancos centrales de las economías avanzadas implica “caminar sobre la cuerda floja” de luchar contra la elevada inflación y salvaguardar la recuperación en un momento de mayor incertidumbre sobre las perspectivas.

En el aspecto fiscal, el margen de actuación ya se vio erosionado en muchos países por el gasto [público] relacionado con la Covid”, recuerda el FMI. “Los niveles de deuda han aumentado significativamente y se esperaba que el apoyo fiscal extraordinario se eliminara en 2022 y 2023”, continúa. Y advierte: “La guerra y el aumento inminente de los tipos de interés reducirán aún más el espacio fiscal en muchos países”.

En este sentido, el organismo multilateral recomienda evitar una rebaja de impuestos y centrarse en ayudas directas para las capas de población más vulnerables.

Reducir el endeudamiento al nivel previo al COVID es prácticamente inalcanzable para España en los próximos años, y también para Italia, Francia, Bélgica, Austria, o incluso para Alemania. Pero ese imposible es especialmente improbable para España respecto al resto de países de la Unión Europea por la proyección de un déficit primario (ingresos menos gastos sin incluir el pago de intereses de la deuda) y estructural más acusado. Es el análisis de la agencia de calificación de riesgos Moody's.

El Gobierno prevé que el gasto público en intereses se mantendrá en el 2% del PIB pese al sobreendeudamiento

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Según calcula esta entidad, España necesitaría un superávit primario del 3,7% respecto al PIB de media hasta 2025 (ver gráfico) para volver a una deuda pública del 95,5% (la de 2019) hacia ese horizonte, tras aumentar al 120% en 2020 por la pandemia. Huelga decir que nuestro país no recuerda un ciclo similar en los últimos siglos. Por el contrario, las previsiones apuntan a un déficit primario de cerca del 4% en 2022.

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