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Escapes involuntarios de orina en el adulto: cómo prevenirlos y tratarlos

Mercè Palau

En condiciones normales, una persona puede retener la orina en la vejiga hasta que llega al baño. Cuando esto no es posible, hablamos de incontinencia urinaria, es decir, la pérdida de orina sin control. No solo se trata de un problema médico, sino que puede afectar la vida emocional, psicológica y social de quien la sufre. Se calcula que afecta a unos siete millones de españoles y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de una de las patologías que más repercute en la calidad de vida de las personas. 

El estudio Rompiendo el silencio evidencia que el 65% de las personas encuestadas admiten haber sufrido efectos negativos en sus vidas a causa de la incontinencia urinaria porque evitan hacer ejercicio, viajar o sociabilizar.

El Decálogo de la Incontinencia Urinaria, elaborado por la Asociación Española de Urología (AEU), la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (SEFAC) y con la colaboración de Ontex Healthcare, nos aporta otros datos significativos, como que el 50% de los casos de incontinencia urinaria no reciben el tratamiento adecuado, que afecta a una de cada 20 personas y, un apunte positivo, se trata de una situación reversible en la mayoría de los casos.

Diferentes tipos de incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es un síntoma de varias condiciones. Las causas pueden diferir para hombres y mujeres y no solo es una parte normal del envejecimiento, sino que hay varios tipos. Como lo explica muy bien el doctor David Carracedo Calvo, especialista del Servicio de Urología del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, un centro que cuenta con variedad de tratamientos existentes para abordar el problema y mejorar la calidad de vida de quienes lo sufren gracias sobre todo al trabajo coordinado de los servicios de Diagnóstico por Imagen, Urología, Rehabilitación y Cirugía. 

La incontinencia urinaria de esfuerzo, una de las más comunes, se relaciona con “esfuerzos físicos como toser, estornudar o realizar una actividad física”, señala Carracedo. Suele aparecer cuando los músculos de la vejiga que controlan el flujo de orina se contraen o relajan de manera involuntaria, lo que se traduce en pérdidas o micción incontrolada.

La incontinencia de urgencia es la que está “precedida por un deseo súbito de orinar”, es la incapacidad de retener la orina el tiempo suficiente para llegar al baño; la mixta es una “combinación de las dos anteriores en un mismo paciente”. Por último, la incontinencia por rebosamiento se da en “pacientes que no consiguen vaciar de manera adecuada la vejiga”, por lo que se escapan pequeñas cantidades de orina de forma incontrolada.

Aunque la incontinencia urinaria puede afectar a cualquiera, es más común en ciertos grupos y en determinados momentos de la vida. Según el Observatorio de la Incontinencia (ONI), la prevalencia aumenta con la edad, es más frecuente en mujeres —24%— que en hombres —15,8%—, pero sobre todo en personas mayores de 85 años —más del 80% de las personas—.

Tratamiento personalizado a cada tipo de incontinencia urinaria

Antes de empezar cualquier tipo de tratamiento para la incontinencia urinaria es muy importante determinar de qué tipo es y cuál es la causa. Para ello, es necesario realizar un diagnóstico completo y una exploración física que “nos permita conocer el tracto urinario y de la musculatura del suelo pélvico”, admite Carracedo. Unas pruebas que deben complementarse con cuestionarios para definir el problema y cuantificar el impacto que tiene en la calidad de vida del paciente.

El diario miccional puede ser de gran ayuda tanto en el diagnóstico como en el seguimiento clínico, para investigar las características e intensidad de la incontinencia, evaluar la coexistencia de disfunción de vaciado y llenado, almacenamiento y evacuación. Se calcula que es normal entre cuatro y siete micciones durante el día y levantarse una vez por la noche. Es aconsejable cumplimentarlo de tres a siete días completos.

El tratamiento empieza cuando finalizan estas pruebas. Las opciones van desde el ejercicio y la modificación del comportamiento hasta la medicación o la cirugía —esta última solo cuando otras opciones han fallado—. En el caso de la incontinencia por esfuerzo, se empieza con un tratamiento de rehabilitación del suelo pélvico con ejercicios de Kegel supervisados y que consisten en una rutina de ejercicios que ayudan a fortalecer los músculos pélvicos y mejorar el control de la vejiga. 

En el caso de que no funcionen, puede ser necesario llevar a cabo “diversas técnicas quirúrgicas con el uso de mallas suburetrales, agentes abultantes o esfínter urinario artificial, tanto masculino como femenino”, asegura Carracedo.

El objetivo de cualquiera de los tratamientos es rehabilitar el suelo pélvico mediante el fortalecimiento y la función de los músculos que sostienen la vejiga, la uretra y otros órganos situados en la zona pélvica. El punto final es mejorar la calidad de vida mediante la reducción de los síntomas.

Formas de prevenir la incontinencia urinaria

Aunque muchas de las causas de la incontinencia urinaria no se pueden evitar, en ocasiones sí se puede prevenir evitando factores que irritan la vejiga. Según el doctor Carracedo, se puede prevenir evitando el sedentarismo y el sobrepeso, reduciendo el consumo de sustancias irritantes o estimulantes como el alcohol, la teína o el tabaco y tomando una ingesta hídrica adecuada para evitar la deshidratación. 

En el caso de las mujeres que han pasado un embarazo, son más propensas a sufrir incontinencia urinaria tras el parto. Por ello, es aconsejable fortalecer el suelo pélvico con ejercicios de Kegel o hipopresivos.

La SEGO añade algunas formas más, como evitar el estreñimiento y aprender a controlar el impulso de vaciar la vejiga, así como aumentar los tiempos entre micciones a intervalos de tres a cuatro horas durante el día y de cuatro a ocho por la noche.

En condiciones normales, una persona puede retener la orina en la vejiga hasta que llega al baño. Cuando esto no es posible, hablamos de incontinencia urinaria, es decir, la pérdida de orina sin control. No solo se trata de un problema médico, sino que puede afectar la vida emocional, psicológica y social de quien la sufre. Se calcula que afecta a unos siete millones de españoles y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de una de las patologías que más repercute en la calidad de vida de las personas. 

El estudio Rompiendo el silencio evidencia que el 65% de las personas encuestadas admiten haber sufrido efectos negativos en sus vidas a causa de la incontinencia urinaria porque evitan hacer ejercicio, viajar o sociabilizar.

El Decálogo de la Incontinencia Urinaria, elaborado por la Asociación Española de Urología (AEU), la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (SEFAC) y con la colaboración de Ontex Healthcare, nos aporta otros datos significativos, como que el 50% de los casos de incontinencia urinaria no reciben el tratamiento adecuado, que afecta a una de cada 20 personas y, un apunte positivo, se trata de una situación reversible en la mayoría de los casos.

Diferentes tipos de incontinencia urinaria

La incontinencia urinaria es un síntoma de varias condiciones. Las causas pueden diferir para hombres y mujeres y no solo es una parte normal del envejecimiento, sino que hay varios tipos. Como lo explica muy bien el doctor David Carracedo Calvo, especialista del Servicio de Urología del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, un centro que cuenta con variedad de tratamientos existentes para abordar el problema y mejorar la calidad de vida de quienes lo sufren gracias sobre todo al trabajo coordinado de los servicios de Diagnóstico por Imagen, Urología, Rehabilitación y Cirugía. 

La incontinencia urinaria de esfuerzo, una de las más comunes, se relaciona con “esfuerzos físicos como toser, estornudar o realizar una actividad física”, señala Carracedo. Suele aparecer cuando los músculos de la vejiga que controlan el flujo de orina se contraen o relajan de manera involuntaria, lo que se traduce en pérdidas o micción incontrolada.

La incontinencia de urgencia es la que está “precedida por un deseo súbito de orinar”, es la incapacidad de retener la orina el tiempo suficiente para llegar al baño; la mixta es una “combinación de las dos anteriores en un mismo paciente”. Por último, la incontinencia por rebosamiento se da en “pacientes que no consiguen vaciar de manera adecuada la vejiga”, por lo que se escapan pequeñas cantidades de orina de forma incontrolada.

Aunque la incontinencia urinaria puede afectar a cualquiera, es más común en ciertos grupos y en determinados momentos de la vida. Según el Observatorio de la Incontinencia (ONI), la prevalencia aumenta con la edad, es más frecuente en mujeres —24%— que en hombres —15,8%—, pero sobre todo en personas mayores de 85 años —más del 80% de las personas—.

Tratamiento personalizado a cada tipo de incontinencia urinaria

Antes de empezar cualquier tipo de tratamiento para la incontinencia urinaria es muy importante determinar de qué tipo es y cuál es la causa. Para ello, es necesario realizar un diagnóstico completo y una exploración física que “nos permita conocer el tracto urinario y de la musculatura del suelo pélvico”, admite Carracedo. Unas pruebas que deben complementarse con cuestionarios para definir el problema y cuantificar el impacto que tiene en la calidad de vida del paciente.

El diario miccional puede ser de gran ayuda tanto en el diagnóstico como en el seguimiento clínico, para investigar las características e intensidad de la incontinencia, evaluar la coexistencia de disfunción de vaciado y llenado, almacenamiento y evacuación. Se calcula que es normal entre cuatro y siete micciones durante el día y levantarse una vez por la noche. Es aconsejable cumplimentarlo de tres a siete días completos.

El tratamiento empieza cuando finalizan estas pruebas. Las opciones van desde el ejercicio y la modificación del comportamiento hasta la medicación o la cirugía —esta última solo cuando otras opciones han fallado—. En el caso de la incontinencia por esfuerzo, se empieza con un tratamiento de rehabilitación del suelo pélvico con ejercicios de Kegel supervisados y que consisten en una rutina de ejercicios que ayudan a fortalecer los músculos pélvicos y mejorar el control de la vejiga. 

En el caso de que no funcionen, puede ser necesario llevar a cabo “diversas técnicas quirúrgicas con el uso de mallas suburetrales, agentes abultantes o esfínter urinario artificial, tanto masculino como femenino”, asegura Carracedo.

El objetivo de cualquiera de los tratamientos es rehabilitar el suelo pélvico mediante el fortalecimiento y la función de los músculos que sostienen la vejiga, la uretra y otros órganos situados en la zona pélvica. El punto final es mejorar la calidad de vida mediante la reducción de los síntomas.

Formas de prevenir la incontinencia urinaria

Aunque muchas de las causas de la incontinencia urinaria no se pueden evitar, en ocasiones sí se puede prevenir evitando factores que irritan la vejiga. Según el doctor Carracedo, se puede prevenir evitando el sedentarismo y el sobrepeso, reduciendo el consumo de sustancias irritantes o estimulantes como el alcohol, la teína o el tabaco y tomando una ingesta hídrica adecuada para evitar la deshidratación. 

En el caso de las mujeres que han pasado un embarazo, son más propensas a sufrir incontinencia urinaria tras el parto. Por ello, es aconsejable fortalecer el suelo pélvico con ejercicios de Kegel o hipopresivos.

La SEGO añade algunas formas más, como evitar el estreñimiento y aprender a controlar el impulso de vaciar la vejiga, así como aumentar los tiempos entre micciones a intervalos de tres a cuatro horas durante el día y de cuatro a ocho por la noche.

En condiciones normales, una persona puede retener la orina en la vejiga hasta que llega al baño. Cuando esto no es posible, hablamos de incontinencia urinaria, es decir, la pérdida de orina sin control. No solo se trata de un problema médico, sino que puede afectar la vida emocional, psicológica y social de quien la sufre. Se calcula que afecta a unos siete millones de españoles y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de una de las patologías que más repercute en la calidad de vida de las personas. 

El estudio Rompiendo el silencio evidencia que el 65% de las personas encuestadas admiten haber sufrido efectos negativos en sus vidas a causa de la incontinencia urinaria porque evitan hacer ejercicio, viajar o sociabilizar.