Lactancia materna, la alimentación que protege a la madre y al bebé

La llegada de un recién nacido es un momento emotivo y de gran alegría que muchas veces suele asociarse a algo bucólico e idílico. Pero detrás de esta experiencia tan ilusionante también puede haber momentos llenos de dudas, sobre todo en lo que respecta a la alimentación y la lactancia materna que es, para muchas madres, uno de los grandes retos de la maternidad. Porque, aunque se trata de algo biológico y natural, también es una habilidad aprendida que exige práctica, paciencia y, de manera especial, una red de apoyo sólida.

En España, la prevalencia de la lactancia materna exclusiva a los seis meses se sitúa en el 47%, según datos de la Encuesta de Salud de España publicados por el Ministerio de Sanidad. Detrás de cada una de estas madres hay una experiencia única y diferente: algunas amamantan de forma exclusiva, otras se extraen la leche o algunas necesitan ayuda adicional para empezar. Lo más importante en este camino es que tanto la madre como el bebé reciban los cuidados y el apoyo necesarios, así como la información que necesitan para tomar la mejor decisión para su familia. Un acompañamiento que no es ni un lujo ni un capricho, sino una necesidad.

Nutrientes que se adaptan al bebé

Existe un consenso unánime sobre la importancia de la lactancia materna. Esto se refleja en la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento hasta los seis meses y continuarla hasta los dos años o más, junto con la introducción de alimentos complementarios seguros y nutritivos. La leche materna está hecha para nutrir y proteger a los bebés: tiene el equilibrio adecuado de nutrientes, anticuerpos y otros factores protectores que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico del bebé. 

Los bebés amamantados pueden tener un menor riesgo de ciertas infecciones y enfermedades. La lactancia materna actúa, por tanto, como una especie de primera vacuna para el bebé. Además, la leche materna es fácil de digerir; al cambiar a medida que crecen, sigue cubriendo sus necesidades durante las distintas etapas de su desarrollo. Los beneficios de la lactancia materna van más allá de su composición y se relacionan con el acto de amamantar, que implica una proximidad y contacto frecuente madre-hijo y, por tanto, se logra un vínculo especial beneficioso. 

Pero la lactancia materna no solo es beneficiosa para los bebés: también contribuye a la salud de la madre, que puede tener un menor riesgo de padecer ciertas afecciones en el futuro. De acuerdo con el Código Europeo Contra el Cáncer (CECC), la lactancia materna reduce el riesgo de cáncer de la madre y, cuanto más dura, más protegida está contra el cáncer de mama. Se calcula que el riesgo se reduce en un 4% por cada 12 meses acumulados de lactancia.

Para algunas madres, además, la lactancia materna puede ser una experiencia empoderadora y reconfortante. Otras, sin embargo, pueden tener dificultades como dolor, problemas con el agarre, dudas sobre la producción de leche, estrés al extraerla o inquietud sobre si el bebé está recibiendo suficiente. Todos son sentimientos válidos y hay ayuda para ellos.

Acompañamiento y asesoramiento profesional

No siempre es fácil la lactancia materna exclusiva. Tanto es así que se calcula que cerca del 40-50% de las madres españolas la abandonan antes de los seis meses, según datos del Consejo General de Enfermería. La falta de apoyo o de información, el aislamiento o la escasez de asesoramiento profesional tras el alta hospitalaria son algunos de los motivos de este abandono. Porque, a pesar de ser un proceso natural, puede presentar desafíos únicos para cada madre y puede acabar siendo una tarea titánica.

Es normal que las madres se sientan inseguras sobre si su bebé está tomando suficiente leche o si la frecuencia de las tomas es la adecuada. O no saben qué hacer si no se agarran bien al pecho, sienten dolor y aparecen grietas en los pezones. Son preocupaciones que pueden resultar especialmente intimidantes para los padres. De ahí la importancia del asesoramiento y acompañamiento profesionales, que puede marcar una gran diferencia entre una experiencia difícil y una gratificante. 

Sin la guía de profesionales, problemas comunes como la congestión mamaria o las temidas mastitis pueden provocar un destete precoz no deseado.

Hacia la humanización neonatal

Toda esta manera de enfocar el cuidado neonatal cobra especial importancia cuando el recién nacido requiere un ingreso hospitalario. En esta línea, cabe destacar la superación con éxito del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de la fase 1D de la iniciativa Neo-IHAN, un proyecto promovido por la OMS y UNICEF cuyo objetivo es proteger la lactancia y humanizar la atención en las unidades neonatales.

Un gran paso que consolida un modelo asistencial en el que prevalece el contacto piel con piel, el apoyo a la lactancia materna en situaciones complejas y la participación activa de las familias en el cuidado diario del bebé ingresado. “No se trata solo de obtener una acreditación, sino de consolidar una cultura asistencial de mejora continua que iniciamos hace años y que sitúa al recién nacido y a su familia en el centro de los cuidados”, afirma la Doctora Cristina Ruiz Serrano, especialista del Servicio de Pediatría del centro citado.  

Además, también es clave la participación activa de la familia cuando hay un ingreso porque “la humanización y el apoyo a la lactancia adquieren un papel fundamental”, asegura la Doctora Elena Amador, supervisora de la Unidad Neonatal de la Fundación Jiménez Díaz. El trabajo con profesionales preparados permite resolver dudas de las familias y facilita su implicación en el cuidado del neonato ingresado.