Dos generaciones reflexionan sobre las consecuencias del edadismo

Azahara García

Aunque pudiera parecer sorprendente, el 15 de junio se celebra el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez que este 2026 tiene como lema Más allá de la sensibilización: lograr una prevención eficaz del maltrato a las personas mayores. Y es que, según la ONU, el maltrato hacia las personas mayores sigue siendo una realidad a menudo ignorada y poco denunciada que va desde el abuso físico, psicológico y económico al abandono o la desatención. Y habitualmente se sirve de la falta de visibilidad, apoyo o acceso a servicios que en ocasiones tiene este colectivo. 

Desde la ONU, avisan de la necesidad de “fortalecer los sistemas de prevención y respuesta para actuar de manera eficaz ante los casos de maltrato, garantizando siempre la dignidad, la autonomía y los derechos de las personas mayores”. Una de esas fórmulas de exclusión es el edadismo o discriminación en función de la edad que, según Vânia de la Fuente-Núñez, experta en envejecimiento saludable y edadismo, no es algo aislado: “Alrededor del 50 % de la población española percibe que hay discriminación por edad hacia las personas de 55 años o más”, asegura la doctora. 

Consciente de ello, la Fundación “la Caixa” impulsó en 2023 el Glosario sobre edadismo, creado conjuntamente con personas mayores, en el que se recopilaron y seleccionaron palabras y expresiones edadistas que permitieron abrir el camino a la reflexión. Así nació, en 2025, el Taller sobre edadismo: cómo detectarlo y prevenirlo que tiene como objetivo concienciar a los mayores sobre este fenómeno y proporcionarles herramientas para gestionarlo. Pero también promover acciones de sensibilización intergeneracional a través del voluntariado para prevenir y reducir el edadismo. Hasta el momento se han llevado a cabo más de 60 talleres en los que han participado más de 900 personas que han derivado en otras acciones orientadas a impulsar a las personas mayores como agentes de cambio en su propio entorno que han beneficiado a más de 400 personas. 

Mayores y jóvenes, una mirada común

Una de estas acciones se celebró en el Centro Social de Personas Mayores El Llano, en Gijón, donde primero las personas mayores cursaron el taller sobre edadismo y después lo pusieron en práctica en un encuentro con el alumnado del Ciclo Formativo Superior de Integración Social del IES Roces bajo el título Memoria y acción: creando identidad frente al edadismo. Lo primero que se trabajó fue el lenguaje, para concienciar sobre palabras, expresiones o gestos que en ocasiones pasan desapercibidos pero crean un imaginario colectivo. “El lenguaje crea realidades. Cuando una persona dice ”yo no puedo hacer eso porque tengo una edad“, el imaginario social se alimenta de esa idea”, asegura Sheila Carreira, alumna de 22 años participante en el taller. 

Uno de los efectos de estos puntos de encuentros es que van avanzando hacia un espacio de reflexión y debate donde no faltan los recuerdos, referencias y experiencias de vida entre ambas generaciones. Mientras debaten, algunos se fijan en las fotografías que cuelgan de una pared de la sala, en las que personas mayores posan recreando escenas edadistas cotidianas, como en una en la que puede verse la figura de una mujer con aire triste y rodeada de imágenes difuminadas en un intento de expresar el aislamiento que sufre en un entorno en movimiento que la ignora. Otra de las instantáneas muestra a un médico que se dirige a los supuestos hijos en lugar de a la paciente, una persona mayor. Escenas demasiado comunes a las que en ocasiones no se les da importancia pero que son tremendamente edadistas. 

Así, surge una idea compartida; las sociedades cambian cuando lo que estaba oculto empieza a nombrarse. “Muchas veces somos insensibles a lo que sucede hasta que nos toca a nosotros mismos. Si una persona tiene un accidente de coche, se ven las consecuencias; pero de la salud mental, la discriminación o el edadismo, las consecuencias no se ven tan claramente”, reflexiona uno de los participantes. 

La idea del aprendizaje mutuo es constante y no para de aparecer una y otra vez entre los participantes de ambas generaciones. También se señala el don de no perder la curiosidad. “Salgo de mi propia barrera edadista al relacionarme con este grupo de jóvenes. Tienen una mirada limpia sobre el tema y hemos compartido una reflexión optimista”, reflexiona a su vez Rubén, de 70 años. Y es que todos están de acuerdo en que se empieza a envejecer cuando se pierde la curiosidad.