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“Ese audio podría haber sido una llamada”: por qué el telefonazo entre amigos está en peligro de extinción

Carmen López

17 de septiembre de 2026 22:31 h

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El hijo de Vanessa tiene 12 años y solo habla por teléfono cuando interpreta a algún personaje. Por ejemplo, juega a que tiene una oficina y llama con un auricular con cable a los números de sus familiares. También hace de encuestador o de recepcionista de hotel y siempre tiene otros accesorios, como folios o sellos, para poder desarrollar su papel. Para él, hablar de viva voz a través de un aparato es una ficción, como ha visto en series o películas. Todavía no tiene móvil propio, pero, en caso de tenerlo, tampoco lo usaría para llamar: la única vía para comunicarse por voz con sus amigos, más allá de hacerlo de forma presencial, es cuando juegan a la videoconsola online. Y no hablan de sus cosas, sino de lo que sucede en la pantalla.

La propia Vanessa (48 años) reconoce a este medio que le da mucha pereza hablar por teléfono y que casi no llama ni a su propia progenitora, de ahí que su hijo identifique las conversaciones telefónicas con el pasado. Ella no se siente aislada ni cree que, de esta manera, cuide menos a quienes quiere, porque mantiene un contacto constante a través de mensajes de texto. Es solo una cuestión de preferencias a la hora de escoger una herramienta u otra. A Tania, que se define como introvertida, la posibilidad de relacionarse sin tener que llamar le ha supuesto un alivio. “Me incomoda hablar por teléfono, si no le veo la cara al otro me resulta raro”, declara. Por eso tampoco hace videollamadas ni envía demasiados audios, porque “es como hablar sola y tampoco hablo sola”. Las pocas veces que habla por teléfono necesita hacerlo en un lugar con pocos estímulos externos, porque, si no, pierde la atención de la conversación. Eso le supone “hacer un esfuerzo grandísimo, y luego me agoto mentalmente”.

La ansiedad que provoca recibir una llamada telefónica entre la generación Z y los millennials es un tema del que se ha hablado en profundidad. Se considera un método invasivo, incómodo y poco efectivo en cuestiones de gestión del tiempo. Según una encuesta de la plataforma Bankmycell, los entrevistados consideran que no se sabe cuánto va a durar una llamada y prefieren métodos más rápidos. Sin embargo, en ocasiones, escribir un texto o grabar una nota de voz puede durar lo mismo que una llamada o incluso más. La broma de ‘esta reunión podría haber sido un mail’ se puede aplicar a ‘este audio podría haber sido una llamada’. De hecho, muchas personas incluyen un chascarrillo del tipo ‘aquí va mi podcast’ cuando graban una nota de voz de varios minutos.

El único detonante para telefonear a amigos que viven aquí es un salseo o que haya pasado algo 'heavy' y no podamos quedar ese día, que suele ser lo habitual

Además, para eliminar o suavizar esa sensación de intrusión de la llamada, existe la posibilidad de concertar una cita previa cuando se quiere tener una charla larga o sin límite de tiempo. Por ejemplo, Begoña (46 años) siempre se manda un mensaje con la amiga con la que más habla por teléfono para saber si está disponible. Prefieren este método porque así “hablamos más de seguido”. Clara (29 años) también utiliza este sistema con las personas a las que llama, que en su caso cada vez son más. Sus interlocutores se encuentran en un abanico de edad que va de los 25 a los 45 años: “Estamos un poco quemados de chatear y de pantallas. Diría, además, que mis amigos más jóvenes son los que más lo están”.

¿Han bajado las llamadas o han aumentado los audios?

La percepción de Ana (36 años) es que esos audios son los principales sustitutos de la conversación telefónica y han empeorado la comunicación: “Los dejo sin contestar la mitad de las veces o viceversa”, sostiene, y añade que echa de menos hablar con sus amigas mientras realiza labores domésticas como “fregar los platos o limpiar la casa. Ahora escucho podcasts”. Eva (43 años) se comunica con sus conocidos por texto, audio de WhatsApp o llamada telefónica, aunque reconoce que esta última vía está en descenso. “Sobre todo llamo a colegas que no viven en Madrid, pero, cuando ocurre, tenemos cafés telefónicos de al menos una hora”, comenta, y matiza: “El único detonante para telefonear a amigos que viven aquí es un salseo o que haya pasado algo heavy y no podamos quedar ese día, que suele ser lo habitual”.

Pero, aunque a primera vista parece que la llamada telefónica está de capa caída, los datos recogidos por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) no son tan contundentes. Aunque los más jóvenes (16-24 años) han ampliado sus vías comunicativas asíncronas con mensajes de texto, audios y otras formas de comunicación, esto no significa necesariamente que hayan dejado de llamar. Ahora hay más opciones y una conversación puede empezar con un mensaje de texto, seguir con un audio de voz y terminar con una llamada de móvil. El estudio tiene una matización importante: las conclusiones se extraen de la medición de los minutos de llamadas de los operadores, así que las llamadas de una hora de Eva pueden compensar el declive de las conversaciones sincrónicas por voz de Ana.

Las generaciones millennial y Z utilizan de forma más activa la mensajería y son los mayores quienes mantienen las cifras más altas de llamadas de voz

Por otro lado, una encuesta realizada por YouGov en Reino Unido informa de que las generaciones millennial y Z utilizan de forma más activa la mensajería y son los mayores quienes mantienen las cifras más altas de llamadas de voz. Un ejemplo que podría trasladar esas conclusiones al caso español es el de Marcos (32 años), que declara que no ha pasado de las llamadas puntuales con sus amigos. Nunca han tenido costumbre de utilizar el teléfono de esa forma: “Desde el principio hablamos por Messenger y luego por WhatsApp”. Sí utiliza la comunicación de voz asíncrona mediante audios muy largos que tanto ha enviado como recibido.

¿Es mejor la comunicación vía llamada telefónica?

Ricardo (42 años) considera que la llamada telefónica es la vía principal para conservar una buena relación con sus amigos de toda la vida. Aunque también utilizan los mensajes de texto o las notas de audio para comentar algo específico, mantener conversaciones sincrónicas “es insustituible”. El audio le resulta práctico para comentar un tema en concreto que quizá necesite “varias escuchas”, pero con la llamada “es cuando se sacan temas conflictivos y se habla de verdad. Diría que incluso invita más a la conversación profunda que la típica visita de cortesía”.

Ferran Lalueza, profesor de comunicación en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), opina que no se puede afirmar que el método de comunicación tradicional sea mejor que los más recientes, sino que cada uno tiene sus ventajas y desventajas. “La gente más joven opta típicamente por enviar un audio o un texto de tal manera que la persona que lo recibe pueda contestar cuando le resulte más conveniente, lo cual no deja de ser práctico y de algún modo también permite mantener el control absoluto sobre la dinámica de la conversación”, observa. De esa forma, se puede corregir el texto o volver a grabar el audio antes de enviarlo si no se ha quedado conforme con la primera versión, por lo que, desde un punto de vista práctico, “su ventaja es incontestable”. La cara B de este método es que se pierde esa espontaneidad de la que hablaba Ricardo, que permite mostrarse tal y como uno es.

A la hora de tolerar un desacuerdo o una crítica, en persona puedes gestionarlo de una manera u otra. Pero en diferido, si no tienes buena gestión (...), puede repercutir en la capacidad de desenvolverse en lo social

Patricia Lodeiro y Alba López Cabello, del centro de psicología CAIP, coinciden en gran parte con Ferran Lalueza, pero inciden en que una gran desventaja es la pérdida de oportunidades para desarrollar habilidades comunicativas. Ellas comentan que cada vez se encuentran con más personas en terapia que tienen dificultades a la hora de conectar y relacionarse. “Pese a que puedan estar muy conectados a nivel de redes, por ejemplo, se encuentran muy solos”, afirman. Además, la costumbre de tener cada vez más conversaciones asincrónicas se retroalimenta y es fácil acomodarse a esa distancia, que luego se hace patente en la socialización en persona. “Por ejemplo, a la hora de tolerar un desacuerdo o una crítica, en persona puedes gestionarlo de una manera u otra. Pero en diferido, si no tienes buena gestión puedes estar enfadado y a lo mejor mandar un mensaje diplomático cuando se te haya pasado, pero a lo mejor no lo contestas y evitas conflictos, lo que puede repercutir en la capacidad de desenvolverse en lo social”, detallan.

En cuanto al papel de la edad en la manera de utilizar estas herramientas, no consideran que puedan dar una respuesta determinante, porque son varios los factores que intervienen, como la personalidad o el funcionamiento. “Las nuevas tecnologías podrían haber supuesto un avance en la capacidad de integración de algunas personas que no crecieron con ellas y que antes tenían dificultades para comunicarse”, puntualizan, “mientras que para los nativos digitales es diferente desde el principio”. No puede afirmarse con contundencia qué método es mejor o peor, pero la balanza parece inclinarse un poco hacia la perspectiva de Ricardo: “Por su propia naturaleza, el mensaje o el audio no invita a ser espontáneo o a divagar como la llamada. Y, si no puedes ser espontáneo y divagar con tus amigos, ¿con quién lo vas a hacer?”.