Un despiste, cierta confusión o lentitud de pensamiento: qué es la niebla mental, según una psicóloga

¿Alguna vez, en medio de una explicación, te has quedado con la palabra a mitad de la frase? ¿O estás leyendo el mismo párrafo cinco veces y aún no lo estás asimilando? ¿Entras en una habitación y olvidas por qué lo has hecho? Estas experiencias, sumadas a la sensación de que una conversación habitual puede exigir más esfuerzo del normal, forman parte de lo que se conoce como niebla mental. 

El nombre refleja la idea de que la mente está ‘nublada’ —y la confusión mental puede sentirse así. Es un término que se usa para definir problemas cognitivos relacionados con la memoria, la concentración y la capacidad de pensar. La neuropsicóloga Yanin Santoya, de Neuropsicología Cartagena, nos ayuda a comprender mejor este fenómeno, a saber cuándo buscar ayuda y nos ofrece pautas clave para cuidar nuestra salud cognitiva. 

Niebla mental, más que una simple distracción

La niebla mental no es un diagnóstico en sí mismo. Es una forma de describir un conjunto de síntomas que pueden afectar a la memoria, la concentración, la claridad mental, la velocidad de procesamiento y el funcionamiento diario. Según Santoya, la niebla mental no debe confundirse con la simple falta de atención o el declive cognitivo. Se trata de un término que reúne una experiencia concreta y, por lo general, de corto plazo. “Se presenta habitualmente en forma de episodios breves, aunque a veces puede durar un poco más, provocando una sensación de bloqueo que impide evaluar con claridad lo que sucede alrededor”, afirma Santoya.

Uno de los aspectos complejos de esta condición es la disparidad diagnóstica, ya que en muchos casos lo que una persona percibe no coincide con los resultados de las pruebas neuropsicológicas. Pese a todo, la especialista enfatiza que un resultado normal en consulta “no invalida las dificultades que experimenta el paciente, del mismo modo que una queja intensa no demuestra por sí sola un funcionamiento cerebral anormal”.

¿Qué se siente con niebla mental? Puede ser difícil pensar con claridad, es posible también que se sienta letargo o que el cerebro no funcione correctamente. Puede asociarse también a sentirse distraído, con problemas para concentrarse, dificultad para completar tareas, olvido, agotamiento mental, cierta confusión o un proceso de pensamiento lento.

Un problema que no distingue entre edades

La niebla mental no responde a una sola causa ni es una consecuencia inevitable de envejecer. Contrariamente a lo que pueda pensarse, tampoco es exclusiva de las personas mayores ni una consecuencia inevitable del envejecimiento. La experta nos recuerda que los estudios reportan dificultades no cognitivas como son la fatiga, alteración del sueño, estado de ánimo, enfermedad psiquiátrica, trauma psicológico, medicamentos o condiciones médicas previas.  

La experta nos invita a distinguir tres escenarios. Por un lado, el envejecimiento normal, dado que con los años es normal que necesitemos más tiempo para aprender o recuperar información. Se trata de cambios leves iniciales que se consideran subjetivos, aunque un cambio marcado o progresivo no debe justificarse solo “por la edad”.

También plantea las transiciones de la mediana edad, como durante la perimenopausia, ya que las fluctuaciones hormonales pueden provocar dificultades cognitivas transitorias, como problemas en la memoria de repetición, que suelen desaparecer tras esta etapa, lo que lleva a vincularlas a una transición fisiológica más que al paso de los años. 

Un tercer y último escenario que plantea la experta es la recuperación de enfermedades. La niebla mental puede aparecer en jóvenes y niños. Se ha documentado ampliamente en universitarios y adolescentes como secuela de la Covid, así como en pacientes que han recibido tratamientos oncológicos, asociándose en estos casos a la fatiga y a alteraciones del estado de ánimo. Asimismo, existen factores cotidianos y patologías subyacentes que influyen, como el estrés, la multitarea digital, los trastornos del sueño o la depresión. Entender qué provoca la confusión mental puede ayudarnos a controlarla.

Hábitos cotidianos para despejar la mente

¿Por qué solemos pensar con más claridad después de una buena noche de sueño o de hacer ejercicio? No es casualidad. La neuropsicóloga recomienda empezar por optimizar nuestros hábitos diarios a través de estos cuatro pilares fundamentales:

  • Higiene del sueño: se ha comprobado que la falta de sueño dificulta la concentración. Por tanto, dormir bien, mantener unos horarios regulares y diseñar una rutina tranquila antes de acostarnos, que reduzca el uso de pantalla, contribuye a una mente lúcida a largo plazo.
  • Alimentación equilibrada: la alimentación desempeña un papel fundamental en nuestras funciones cognitivas. Asegurarnos una dieta rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y proteínas, además de mantener una hidratación constante con agua a lo largo del día, nutren el cerebro y lo protegen del estrés oxidativo.
  • Actividad física: el ejercicio físico no solo es bueno para el cuerpo, sino que también estimula la mente de forma natural. Practicar actividades como caminar, bailar, nadar o hacer ejercicios de fuerza, según las preferencias y capacidades de cada persona, nos ayuda a aumentar la agudeza mental.
  • Organización del entorno: evitar la multitarea, reservar un momento específico para cada actividad, silenciar las notificaciones y usar agendas o listas de tareas pendientes para liberar al cerebro de cargas innecesarias.

Más allá de estas cuatro acciones, Santoya nos recuerda la importancia de mantener actividades placenteras que estimulen el cerebro sin sobrecargarlo, como “leer y comentar un libro, cocinar una receta nueva, escuchar música o conversar con un amigo”. Sea lo que sea que elijamos, es clave que lo que hagamos nos resulte agradable y manejable, sobre todo cuando hay fatiga. “Estos hábitos apoyan la salud cognitiva y pueden ayudar a manejar factores que agravan las dificultades”, admite la psicóloga.

Cuándo pedir ayuda

Si, a pesar de integrar todos estos cambios, la sensación de niebla mental “persiste, aumenta o interfiere con el trabajo o la vida cotidiana, la evaluación clínica permite investigar su causa y orientar el tratamiento”, afirma Santoya.

Para evaluar y determinar la relevancia de estos olvidos o despistes, en neuropsicología se evalúan, como explica Santoya, cuatro factores esenciales: el inicio, la frecuencia, la evolución y el impacto que tienen en el trabajo y en la autonomía de la persona. La experta advierte que es fundamental realizar una consulta profesional cuando el cambio persiste en el tiempo, empeora progresivamente o afecta de forma directa las actividades de la vida diaria.