Sexo virtual durante el confinamiento: qué tener en cuenta para que salga bien

Una de las tantas consecuencias de la pandemia de COVID-19 -y las medidas que se han tomado para mitigar su expansión- es que, en general, las personas sin pareja, y las que sí tienen pareja pero no conviven con ella, han quedado confinadas y sin nadie con quien tener relaciones sexuales “presenciales” durante todas estas semanas. Surgen, ante esta situación, dos opciones: el autoerotismo y el sexo virtual (también llamado sexo online o sexting).

En Irlanda, Argentina y la ciudad de Nueva York, entre otros sitios, las autoridades han recomendado que la actividad sexual se limite a esas dos alternativas mientras la pandemia continúe. Un estudio citado por el New York Post reveló que, entre marzo y abril, se multiplicaron por cuatro las menciones a fotos de desnudos en Twitter, y también aumentó el uso de emojis de vegetales (berenjenas, melocotones, etc.) empleados para representar los genitales.

El caso es que, si la masturbación es una práctica tan antigua como el propio ser humano, el sexo virtual es algo muy reciente y que mucha gente nunca practicó. ¿De qué se trata? Pues consiste en el intercambio de mensajes, fotos o vídeos de contenido sexual y erótico a través de sistemas de mensajería instantánea, redes sociales, correo electrónico u otras herramientas de comunicación.

Como estas actividades involucran tecnologías bastante nuevas, son las personas más jóvenes las más familiarizadas con el sexo virtual. Una revisión de estudios, con datos de más de 110.000 personas de una media de quince años de edad, comprobó que casi el 15% había enviado y más del 27% había recibido algún material de tipo sexual. Por eso, a menudo se habla de los riesgos del sexting, ya que niños y adolescentes constituyen la población más vulnerable a acosos, extorsiones y abusos derivados de esta práctica. Sin embargo, en tiempos de cuarentena, lo que se destaca son, sobre todo, sus virtudes y beneficios.

Los beneficios del sexo virtual

Lo negativo del sexo virtual en comparación con el presencial es evidente: los sentidos del tacto, el olfato y el gusto quedan fuera de la interacción con la otra persona. Pero, a diferencia de lo que se podría pensar, tampoco se reduce a una imitación pobre del “sexo real”, sino que tiene sus propias ventajas. Para la médica sexóloga Francisca Molero, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), una de las principales es que “muchas personas incluyen en las relaciones online ciertas herramientas que pueden activar la fantasía o el erotismo y que a veces no forman parte de la relación sexual en persona”. Por ejemplo, el uso de la palabra.

“La palabra es muy importante, y en el sexo en persona muchas veces queda reducida o disminuida -apunta Molero, quien también es directora del Instituto Iberoamericano de Sexología-. En cambio, en el virtual, adquiere una importancia fundamental. De hecho, puede ser sin imagen, solamente telefónico. Las palabras elegidas, el tono, la intención con la que se dicen, cómo las recibe la otra persona, el ‘feedback’ que se produce. Todo eso es clave”.

Muy relacionado con la palabra, también está el hecho de que en el sexo virtual “te permites hacer indicaciones, y que te las hagan, con muchísima más facilidad que cuando estás con la otra persona de manera presencial”. Por lo tanto, añade la especialista, “puede tener un plus de innovación con más frecuencia que si son relaciones en vivo”.

Este punto también es señalado por el psicólogo Francisco Javier del Río Olvera, subdirector del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología y miembro de la junta directiva de la FESS. Apunta que las parejas que hasta ahora no habían experimentado el sexo virtual “pueden vivir esta práctica como una innovación en su repertorio de conductas, y ser totalmente satisfactorio para ambos”.

Por cierto, el sexo virtual es una buena herramienta para que las parejas que han quedado separadas continúen o incluso profundicen su vínculo, pero no es exclusivo para ellas: también la pueden utilizar “parejas que, aun conviviendo, pueden explorar nuevas formas de juego y compartir fantasías”, como destaca el también psicólogo Emilio López Bastos, vicepresidente de la Sociedad Gallega de Sexología y también vocal de la FESS.

La importancia de respetar el deseo

A partir de esas consideraciones, ¿se puede afirmar que el confinamiento, más allá de las limitaciones que implica, también puede representar, para muchas personas o parejas, la oportunidad de descubrir un mundo hasta entonces inexplorado? “Exactamente”, asegura Francisca Molero, “porque te permite utilizar otro tipo de herramientas, que también son herramientas personales”. “Pero siempre como elección, no como obligación -especifica-. Y siempre temporal y no como algo exclusivo, porque si utilizas solamente un único camino o un único método, te pierdes todo lo demás”.

Del Río Olvera también destaca la importancia del deseo. Dice que la principal recomendación que se le puede dar a quienes están pensando en tener sexo virtual es que “hagan aquello que deseen hacer y no hagan aquello que no deseen hacer”, algo que “es válido para el sexo virtual y para el sexo presencial”. Añade que “en ocasiones, por satisfacer una fantasía sexual o un deseo de la pareja, uno puede verse obligado a hacer cosas que no quiere, y eso no hay que hacerlo nunca”.

También López Bastos explica que es clave que exista un deseo auténtico. La forma en que se practiquen las relaciones sexuales “debe ser aceptada abiertamente, no forzada y nunca se debe hacer algo que uno no quiera hacer”. Del Río Olvera dice también que “el sexo tiene que ser placentero antes, durante y después”. Antes, en el momento en el que uno piensa en el próximo encuentro sexual, tanto si va a ser virtual como presencial. Durante, con los modos en que se practica. Y después, cuando se recuerda. “Nadie debería de hacer nada que no le permita disfrutar en esos tres momentos”, enfatiza.

El sexo virtual y la seguridad

Por lo demás, está claro que no se deben desdeñar las cuestiones de seguridad. Todo lo que se envía por internet (fotos, audios, vídeos, textos, etc.) deja de estar bajo el control de quien lo comparte. Por eso, los especialistas recomiendan practicar el sexo virtual con la propia pareja o con alguien en quien se pueda confiar, para evitar que en el futuro ese material tenga una difusión indeseada. López Bastos es aún más drástico: “Siempre aconsejo que si se va a practicar se haga sin exponer la propia imagen o señales que puedan identificar” a las personas involucradas.

Otra cuestión a tener en cuenta en ese mismo sentido son las condiciones de seguridad necesarias para evitar que alguien “piratee” el teléfono o el ordenador y robe el material para darle más tarde un uso indebido. Y no se trata solo de posibles hackers u otros especialistas informáticos, sino también de personas que de alguna forma puedan acceder a los dispositivos u obtener las contraseñas para entrar en las cuentas de correo o redes sociales. Es un riesgo que nunca se debe subestimar.

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