Opinión y blogs

Sobre este blog

La portada de mañana
Acceder
El Gobierno confía en una votación exprés por la tensión social
Datos - Quiénes son los casi tres millones de ahogados por el alquiler en España
Opinión - 'Dos decretos: uno para Junts y otro para Sumar', por Neus Tomàs

Dos años sin elecciones

Casualidades del calendario político y de sus eclipses: tras cuatro domingos electorales en dos años (las municipales y autonómicas de 2007, las generales de 2008, las gallegas y vascas de 2009 y las recientes europeas), llega ahora un largo barbecho para las urnas. No hay elecciones de ámbito nacional previstas hasta dentro de otros dos años. Estos periodos de extraordinaria placidez, que diría aquel, tienen algunas ventajas teóricas: los políticos pueden dedicar más tiempo a la gestión, los acuerdos entre distintos partidos son más sencillos y –para disgusto de Fabra– no hay más absoluciones por lo electoral de los presuntos corruptos.

Sin embargo, el largo verano sin urnas no agostará la crispación: el PP parece decidido a mantener la tensión para desgastar al Gobierno. Rajoy cree que aún es pronto para pedir un adelanto electoral, pero si la crisis empeora forzará esa mano. Antes tiene trabajo interno por resolver, si se decide a hacerlo. Dentro de su equipo, es Javier Arenas el que más le anima a saldar las cuentas pendientes con Esperanza Aguirre, ahora que no hay elecciones a la vista. El domingo, la lideresa se volvió a subir a las barbas del gallego por enésima vez, cuando se lanzó como espontánea al balcón de Génova para colarse en la foto de Rajoy y Mayor Oreja sin que ninguno de los dos la hubiese invitado a la fiesta.

Los síntomas de los dos años sin urnas son otros, que ya se ven esta semana. Los políticos cuidan menos la línea: los elegidos se alejan de los electores y ciertas promesas –como el cierre de la central nuclear de Garoña, que ahora parece posponer Zapatero– se quedan para la próxima operación bikini.