De Ceuta y Melilla al 11-M
Juan Carlos Escudier
A diferencia de lo que ocurría con Aznar, cuyas relaciones con el Rey siempre fueron entre frías y glaciares, Zarzuela ha encontrado en Zapatero a un cómplice perfecto, atento a satisfacer las necesidades del monarca y de la institución aun a costa del sacrificio personal. Tras los aquelarres de fotos protagonizados por grupos independentistas y la campaña pro-abdicación alentada desde la emisora de los obispos, se imponía un acto de autoafirmación con baño de multitudes incluido, y esto ha sido precisamente lo que el Gobierno ha procurado al Rey en su visita a Ceuta y Melilla.
Del viaje, que ha provocado un grave conflicto bilateral con Marruecos de incierta resolución, los socialistas han sacado un barniz de españolismo militante que lucir frente al PP, pero no han podido evitar que, en parte, distraiga la atención respecto de una de sus grandes bazas electorales: la sentencia del 11-M. Con sus imperfecciones, el fallo ha desarbolado la teoría de la conspiración y ha puesto a los populares en retirada ante el evidente riesgo de que un segundo tropiezo en la misma piedra vuelva a hacerles perder las elecciones.