El consenso imposible
Por mucho que se empeñe el rey, las cosas nunca son tan sencillas como aparentan en las miniseries de ficción sobre la Transición. El consenso ni está ni se le espera. “Pactar ahora sería traicionar a nuestro país”, zanjó ayer María Dolores de Cospedal en ABC, no vaya a ser que también el Papa de Roma se plante ante la sede de Génova 13 pidiendo sentido de Estado a la derecha española. Por si hubiese alguna duda sobre sus palabras, De Cospedal las despejó unas horas después, en un acto en Toledo: “Si Zapatero no sabe qué hacer, que admita las propuestas del PP o deje paso a otros”. Traducido: el único consenso posible es la rendición unilateral del Gobierno, cautivo y desarmado.
moreTodo lo demás estorba en la estrategia de Rajoy, cada vez más declarada: fumarse un puro mientras espera a que pase el cadáver de su enemigo, arrollado por la crisis económica. “Si Zapatero hubiese planteado un acuerdo así hace un año y medio, cuando empezó la crisis...”, se disculpan desde el PP. Mientras que en el PSOE no se hacen ilusiones: “No es posible. No queremos lo mismo, y a ellos no les interesa echarnos un cable ahora”.
No sé si entristecerme o alegrarme. En una realidad paralela, donde algunos políticos no antepusiesen sus intereses electorales sobre el bien del país, ¿serviría para algo un pacto así? No lo tengo tan claro. En las encuestas, el consenso aparece siempre como algo positivo, como una virtud política; pasa en todos los países, pero más en España, donde la sacrosanta Transición divinizó el espíritu de acuerdo. Lo comparto sólo a medias: los pactos no son buenos por naturaleza, sólo sirven si lo pactado sirve. ¿Es el mínimo común denominador entre las propuestas del PSOE y del PP la mejor receta para salir de la crisis? Viendo los ingredientes, me temo que no.