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La derrota de la izquierda

Seguro que recuerdan la metáfora, durante unas semanas fue muy popular: la quiebra de Lehman Brothers iba a implicar “la caída del Muro de Berlín del sistema neoliberal”, el fin del capitalismo tal y como lo habíamos conocido. Qué ingenuas parecen hoy aquellas profecías incumplidas. El gatillazo de los sindicatos, incapaces de movilizar a los funcionarios ni siquiera ante el tijeretazo salarial, es el enésimo ejemplo que demuestra hasta qué punto ha sido la izquierda, y no la doctrina neoliberal, la gran derrotada en esta gran recesión. Ha ganado el miedo, que es siempre conservador. Aquel derrumbe no ha doblado a los mercados financieros; al contrario, jamás han sido tan fuertes. Es otro muro el que cae.

Decía Marx que el sistema capitalista colapsaría, víctima de sus propias contradicciones, y en eso también se equivocó. Las contradicciones, como los principios o la moral, nunca fueron un problema para el capitalismo más extremo, ni siquiera ante su colapso: si hay que abrir un paréntesis en el libre mercado –como pidió Díaz Ferrán–, pues se abre, y ya está. Por eso antes socializaron las pérdidas y ahora privatizan los Estados, obligados bajo la amenaza de los mercados a adelgazar con la única ayuda de un serrucho. “No quiero suprimir el Gobierno” –decía Grover Norquist, un asesor de George W. Bush– “me conformo con reducirlo hasta un tamaño que me permita arrastrarlo hasta el baño y ahogarlo en la bañera”. Y en esas andan los gobiernos de la UE: aprendiendo a bucear. Las últimas previsiones para este año auguran un crecimiento de la economía mundial superior al 3%. ¿Todo el mundo se recupera? No. Europa sigue estancada, noqueada. Es el Estado del bienestar lo que hoy está en cuestión, no Wall Street. Es el modelo social europeo el que está pagando una crisis global provocada por los excesos de la banca de inversión estadounidense. Es sarcástico, y también aterrador.