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Los espías se cargan al jefe

Ya sabemos el tiempo que necesitan algunos espías españoles para librarse de su jefe si no les gusta: poco más de dos meses. El 26 de abril, el Gobierno renovó a Alberto Saiz al frente del CNI y ayer aceptó su dimisión. De su segundo mandato no ha aguantado ni cien días en un cargo del que se espera cualquier cosa menos titulares en la prensa. En la Moncloa aún dicen creer que Saiz es honrado, que no malgastó el dinero público para irse de pesca por los siete mares, como asegura El Mundo. Pero culpable o inocente, lo que está claro es que algunos de sus teóricos subordinados han conspirado contra él para echarle del sillón, bien aireando la basura, bien fabricándola. Y lo han conseguido sin ni siquiera disfrazar su mano negra. Para que luego les llamen mortadelos.

“Es así, se lo han cargado los propios espías, pero eso también es responsabilidad política de Saiz, que fue incapaz de poner orden en esa casa”, asegura un importante dirigente socialista que conoce bien el caso. El diagnóstico es casi unánime en el Gobierno; y la conclusión, preocupante: en una institución tan delicada como el CNI, la casa de los secretos, habitan cetáceos que se las saben todas, que son más listos que nadie y que van por libre. El nuevo jefe de los servicios de inteligencia, Félix Sanz Roldán, un bregado general de la máxima confianza de Zapatero, tiene mucho trabajo por delante. “Deberá dejar claro quién cojones manda en el CNI, si los espías o el Gobierno”, dice un ex alto cargo de Defensa. La misión del general no sólo es vital en la lucha contra el terrorismo. La mano negra del CNI se ha visto, esta vez, muy clara. Otras operaciones políticas pueden ser mucho más discretas.