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Espías en familia

Los psicólogos lo llaman proyección. Es un mecanismo de defensa que consiste en atribuir a los demás tus propios problemas, tus propias miserias. Un ejemplo, este martes: el mismo día en que Esperanza Aguirre insistía en que escuchas ilegales “haberlas, haylas”, el director de Seguridad de su gobierno, Sergio Gamón, fue citado como imputado por la juez que investiga el espionaje de Madrid, el de verdad, el que se denunció con pruebas en los tribunales y no desde una playa marbellí.

El gobierno de Madrid ha recibido la imputación de uno de sus altos cargos con la esperada alegría. “Entiendo que la juez llame a declarar a Gamón”, “entra dentro de la lógica” , aseguró ayer el consejero de Interior Francisco Granados. Pero quien aún no ha dado explicaciones, ni siquiera para burlarse de los ciudadanos, es la persona que lo nombró, la que puso la mano en el fuego por él: Esperanza Aguirre.

El imputado Gamón llegó a director general de Seguridad después de demostrar su valía como jefe de escoltas de la lideresa; los que le conocen de entonces aún recuerdan lo servicial que siempre era, ayudando a cargar la compra hasta dentro del palacete de la marquesa. Como buena liberal, Aguirre también hizo extensivo su agradecimiento a la familia, por supuesto con dinero público. Contrató a la mujer de Gamón, Yolanda Laviana, como secretaria en el Senado y después la recomendó para Telemadrid. Y también colocó a la hija, María del Carmen Gamón, que ahora es concejal del PP en Fuenlabrada.

El imputado Gamón cobra 91.657 euros al año. Aún no ha dimitido, nadie se lo ha pedido. A los presuntos espías siempre es mejor tenerlos contentos.