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Ferrari es la prioridad

Eduardo San Martín

En el artículo que publiqué el sábado pasado en este periódico (“Un peso muerto”), sostenía que el círculo próximo a Mariano Rajoy ya ha había entendido que el presidente valenciano, Francisco Camps, se estaba convirtiendo en un lastre para los objetivos que el presidente del PP perseguía con la conferencia Barcelona, este fin de semana; aunque era comprensible que la dirección del partido trate de llegar con lo que tiene a las autonómicas de 2011. Un decisión que tal vez no dependa sólo de Génova y sí también lo que decida finalmente el TS sobre el recurso contra el archivo de las acusaciones contra Camps en el caso de los trajes. Y decía esto porque estimaba que el último exabrupto del presidente valenciano, sólo parcialmente subsanado con sus disculpas posteriores, no constituía sólo un descontrol momentáneo, sino que revelaba el estado de enorme inseguridad y desequilibrio en el que se produce desde hace tiempo Camps.

Eso era hasta ayer. La ausencia del presidente del PP de la sesión final de una convención convocada entre otras razones para paliar los efectos de sus andanzas, al tiempo que se hacía una foto en un Ferrari descapotable con los chicos de la escudería, me anima a matizar mi juicio. No es que Camps adolezca sólo de un cierto desequilibrio, sino que ignora “ostentoreamente” una jerarquía de prioridades que debía ser tan suya como la del partido.

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Al hilo: GTA Camps.