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El infatigable combate de Rajoy contra la corrupción

Juan Carlos Escudier

A la vista de lo acontecido con Jaume Matas y ese súbito enriquecimiento suyo, quizás vaya siendo hora de que los partidos sean considerados responsables civiles subsidiarios de los desfalcos de sus dirigentes. Si fuera la misma organización que les ha sentado en el Gobierno o les ha puesto al frente de una comunidad autónoma o un ayuntamiento la que tuviera que hacer frente a la factura de sus pillajes, es indudable que mejoraría mucho la selección de personal y acabaríamos con la corrupción en un periquete. Mientras eso no ocurra, seguiremos lamentando la naturaleza depredadora de algunos políticos, y poniendo la pasta a escote para que no decaiga el consumo de rolex ni el de trajes con ceñidor trasero. ¡Quién lo iba a decir con la buena gente que parecían!

Lo de Matas exigiría, no obstante, una explicación del PP más allá de que Rajoy le desee suerte y le anime a demostrar su inocencia si es que puede. Este señor no apareció de la nada en nuestras vidas, ni se coló por la puerta de servicio en el Consejo de Ministros, ni estuvo al frente del Gobierno de Baleares porque acertara una primitiva. Si estuvo en todos esos sitios fue porque alguien le puso allí y le dio la combinación de la caja fuerte. Aceptamos la presunción de inocencia y hasta pulpo como animal de compañía pero, retirado Aznar del mundanal ruido, es al presidente del PP a quien le toca retratarse y pedir disculpas por haber confiado la administración de los asuntos públicos a un presunto bandido.

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