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La moción de censura

Juan Carlos Escudier

Rajoy ha descubierto que los nacionalistas no son demonios, o puede que lo sean, pero siempre habrá un sastre como el de Camps que les disimule el rabo en un traje príncipe de Gales hecho a medida. Con las mismas, ha comenzado un intenso flirteo parlamentario con CiU y PNV, y ya se le espera en la recepción del Día de San Jordi para hablar catalán en la intimidad con Artur Mas. Descuenta el PP que ganará las elecciones europeas y, a partir de ahí, decidirá si presenta una moción de censura a Zapatero o se limita a darle la matraca para que anticipe las generales. La piel de este oso se vende sola.

Con ese argumento, el académico Anson reescribía en El Imparcial el cuento de la lechera con Duran i Lleida en el papel de Caperucita: “Entre el PP, CIU, PNV, CC, IU, UPD y NB se alcanzaría mayoría absoluta para desmontar a Zapatero. El PP, naturalmente, debe renunciar a presidir el Gobierno de transición, fruto de la moción de censura triunfante. Lo lógico es que el presidente sea un representante de CIU, por ejemplo, Duran i Lleida. Si la moción de censura triunfara a mediados de julio, el nuevo Gobierno convocaría elecciones en agosto para que su celebración se produjera en octubre”. Y fueron felices y comieron perdices.

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