Pásalo, no pases
El partido conservador que nos quiere transportar a Europa dando un rodeo por Washington (con escala en el Metro de Camp David, salida a la calle Irak por la acera de los impares guerreros) ha decidido rejuvenecer el mensaje, después de cansar a los jubilados con la monserga apocalíptica de que sus pensiones peligraban con los socialistas. Pásalo. Han puesto su mirada en la juventud, porque muchos pensionistas se niegan a usar el teléfono móvil, no sé si por miedo a que los hijos les enchufen los nietos con más facilidad, o porque consideran que es un artilugio demasiado complicado para aprender a la edad tardía. El objeto a seducir ahora son los jóvenes, ya que los viejos son patrimonio del Imserso, y el Imserso, amigos míos, es un arma al servicio del que tiene el poder, es un voto cautivo. En vista de ello, han decidido irse a pescar al coto de los menores de treinta años, por mucho que os parezca incomprensible que haya jóvenes conservadores, dos palabras contradictorias en sus términos, especímenes tan misteriosos como un obrero de derechas. Aunque Borja-Mari Fernández-Lapique y Pan de Soraluce sólo fue a una manifestación en su vida para exigir a Pujol, enano, que hablase en castellano, ahora está pillado por los mismísimos móviles, ya para siempre sujeto de alto riesgo de ser convocado urgentemente por su partido a una concentración contra el rival político, o para celebrar algo que ahora no se me ocurre qué, ni Dios lo quiera. Pásalo, le dirán. E inmediatamente pondrá en marcha su móvil de última generación para jugar a las revoluciones, aunque su revolucionario de cabecera no sea otro que Mayor Oreja. A la derecha le gusta apropiarse de los hallazgos de la izquierda. Picasso pintaba, pero el precio de los cuadros lo negociaba la derecha. En la guerra civil, los golpistas dieron la vuelta al “no pasarán” por el “hemos pasao”, al ritmo de tonadilla patriotera. El “pásalo” de la noche famosa, en que miles de personas se autoconvocaron ante las sedes del PP, se consolida ya como la palabra mágica que impidió algo que se parecía inquietantemente a un intento de golpe de Estado. En su memoria, no pases. Pásalo. Que no se queden una vez más con el invento.