Los patriotas están siempre liadísimos
Juan Carlos Escudier
Puestos a engañar y falsificar las cuentas, es mucho mejor ser un gran banco que un pequeño país. Una entidad financiera en quiebra por sus desatinos gerenciales y los excesos de sus directivos recibirá ayuda urgente de los Gobiernos, ya sea en forma de préstamos oficiales a bajo interés o inyecciones de capital, mientras los ejecutivos que la condujeron a la ruina comandan el reflotamiento y mantienen intactos sus bonus. Sin embargo, si el que flirtea con la bancarrota es un país, esos mismos Gobiernos se demorarán en el rescate, impondrán condiciones durísimas a su población y fijarán para sus créditos tipos de mercado, porque uno ayuda mejor cuando además hace negocio.
Grecia ha mentido y ha maquillado su déficit, cierto, pero el castigo al que se ha sometido al país por parte de sus socios comunitarios ha rozado el sadismo. ¿Puede entenderse que desde que se decidió socorrer a Atenas hayan transcurrido dos meses y medio sin que se concrete la ayuda? ¿Qué sentido tenía abandonar a los griegos a su suerte, además de permitirles sentir muy cerca las mandíbulas de los tiburones financieros? ¿Se pretendía que otros países como Portugal o España vieran las orejas al lobo?