El perro de Esperanza se ha comido sus deberes
Cada vez está más claro que el ex consejero de Deportes de Madrid, Alberto López Viejo, es el cortafuegos que ha elegido Esperanza Aguirre para evitar que el Caso Gürtel gangrene su Gobierno. La peregrina excusa, hoy en El Mundo.
"Para no levantar sospechas, López Viejo trabajó con hasta cuatro empresas diferentes, herederas de 'Special Events', una de las primeras sociedades de la red. Y fue cambiando el grueso de la inversión de unas a otras a lo largo de los años para que nadie pudiera acusarle de elegir siempre a la misma. El objetivo, según están convencidos ahora en el Gobierno de Madrid, era burlar el control de la presidenta y que nadie pudiera pensar que había algo raro, ni dentro, ni fuera del Ejecutivo. En 2004, Aguirre preguntó a López Viejo si contrataba a Special Events, ya que diversas informaciones apuntaban a presuntas irregularidades en las relaciones de esta sociedad con la administración. El ex consejero le respondió que no. Sin embargo, como ha dicho Aguirre a sus más próximos, López Viejo le ocultó que lo hacía con otras que pertenecían a la misma red. Ése fue el motivo principal de su destitución."
Qué escándalo, en este local se juega.
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Hagamos un ejercicio de política ficción. Supongamos que López Viejo, en efecto, engañó a la inmaculada Esperanza y tramitó esos contratos sin que la lideresa se enterase. Supongamos también que durante estos cuatro años nadie lo detectó. Supongamos que se pueden gastar cinco millones de euros en facturas infladas sin que nadie diga nada hasta que Garzón pregunta. Supongamos que el consejero de Hacienda no vio nada, que el vicepresidente González tampoco vio nada, que nadie vio nada y que la abuela fuma... ¿No deberían asumir alguna responsabilidad igualmente por incompetentes?
Y Garzón sin dimitir.