El primer titular de portada
Hollywood nos ha acostumbrado mal. Los malos no tienen pinta de malos en la realidad. Si pronto hay suerte y la Policía detiene al terrorista Javier López Peña, seguro que algún vecino dirá eso de “parecía un buen tipo, siempre saludaba en la escalera”. Por desgracia, eso de que la cara es el espejo del alma sólo funciona en el cine. La Policía lo tendría mucho más fácil si los delincuentes fuesen maleducados y con aspecto de sospechosos.
Este etarra tiene cara de no haber roto un plato, pero es el principal responsable de que hoy el terrorismo de ETA siga siendo un problema, de que los esfuerzos por acabar con la violencia en Euskadi se volatilizasen con la explosión del aparcamiento de la T4. Fue él quien rompió la baraja, el que jugó a doble o nada, el que lideró la banda para dinamitar la negociación. Y ése es nuestro drama: ¿Es posible acabar con ETA cuando basta la determinación y el odio de un solo hombre para romper un delicado proceso de paz que tantos equilibrios había costado poner en marcha? Nunca antes en la historia de España hemos estado tan cerca de dar la mejor noticia posible, ese titular con el que nos hubiese encantado abrir el primer número de Público: ETA abandona las armas. Es un objetivo ambicioso, pero no imposible. Algún día, y ojalá que sea pronto, este periódico que hoy nace llevará ese titular en la portada.