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Las prioridades de Gallardón

No sólo de una olímpica ambición por La Moncloa vive el alcalde.EL Ayuntamiento de Madrid, ciudad sin ley, rompeolas de todas las españas, tiene una prioridad a la que está destinando todos los recursos posibles. ¿La lucha contra la corrupción? ¿La asfixiante deuda que dejó la M-30? ¿Los deficientes servicios públicos? No. Hay algo mucho más importante: que la gente no se divierta por la noche.

El último local nocturno en caer ha sido el Barbarella. El viernes 27 de febrero se despide de Malasaña una sala mítica, que ha visto muchos de los mejores conciertos de pop de los últimos años. Muere como daño colateral ante las exigencias del Ayuntamiento a su nave nodriza, el Nasti, que lleva casi un año de axfisiante calvario burocrático y que tal vez, a la larga, tampoco pueda sobrevivir.

Conozco bien a la gente del Nasti y el Barbarella. Son mis amigos desde hace muchos años. Y lo que ellos hacen, más allá de una forma de ganarse la vida, tiene otro nombre: se llama cultura. Es probable que el Nasti y el Barbarella, con otro tipo de programación, más comercial, fuesen negocios muchísimo más rentables. Chema, Roberto, Edu, Marta, Pablo, Carla... llevan años trayendo a Madrid, desde Canadá, Australia, Alemania o Estados Unidos, a grupos independientes que a veces sólo congregan a una veintena de personas. Y lo hacen por otra cosa: porque adoran la música. No es que haya que darles una subvención, aunque se la merecerían mucho más que otros. Bastaría con que dejasen de ponerles la zancadilla.