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La receta del consenso

Dice Esperanza Aguirre que si Zapatero quiere consenso, que tome dos tazas. Que nombre un Gobierno de unidad nacional con dos Ministerios para el PP. “El de Economía para Cristóbal Montoro y el de Trabajo para Javier Arenas”, bromea la lideresa, todo humor y toda gloria. Es el último requisito que exige el PP para remar con el resto contra la crisis. Si repasamos la lista, además de esas dos carteras, hace falta también: a) que los socialistas desbanquen a Zapatero y nombren un nuevo líder (como Rajoy, por ejemplo, aunque Aznar también les puede valer); b) que el Gobierno renuncie a toda su política económica anterior y pida disculpas públicas por su calamitosa gestión; c) que el PSOE aplique las propuestas económicas del PP, esas grandes desconocidas; y d) que le digan al Rey que por qué no se calla. Como ven, aquí el que no pacta es porque no quiere.

morePero Rajoy tiene algo de razón en una cosa: la propuesta de pacto llega tarde; por eso tiene cierto aroma a pastel envenenado, a truco de imagen. El consenso no es una virtud en sí mismo, depende de lo que se pacte. Y poco debería pactar un gobierno que se define socialista con el PP y sus economistas homeopáticos, esos que contra el paro recetan despido libre; contra los excesos del mercado, más desregulación; y contra el déficit, impuestos más bajos. Aunque sí hay un punto importante donde el concurso del PP es imprescindible, donde la derecha no tiene excusa: el del ajuste del gasto superfluo en las autonomías y los ayuntamientos que, en esta España federal, son el verdadero Estado: el 80% de los funcionarios está en sus nóminas. Aunque para eso, sirve de poco negociar con Rajoy. Habría que hablar, por ejemplo, con Esperanza Aguirre. Pero la lideresa prefiere bromear.