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Recuerdo de la confirmación

La víctima, como todas, primero se sintió culpable y después quiso olvidar. No pudo tragar toda la rabia, así que la intentó vomitar. Se dedicó al arte, hoy tiene 42 años; es pintor y escultor. Su obra es una sombra de su vida: nudosas tallas en madera de gigantescas bocas chillando, un enorme colchón que aplasta a un pequeño niño. Violencia. Destrucción.

Un día no pudo más. La última gota fue una inocente estampita que llevó a su casa una niña de doce años, una sobrina o algún otro familiar. Era un recuerdo de la confirmación de la niña, una imagen pía con una dedicatoria manuscrita de Roger Vangheluwe, el obispo de Brujas, en Bélgica. No sé sabe cuál era la frase exacta: una cita acerca de lo sagrada que es la infancia o sobre la importancia de una niñez saludable. Ese día, ante la cínica dedicatoria, la víctima decidió hablar.

El 23 de abril de 2010, por primera vez en Europa, un obispo católico presentó su dimisión por abusar de un niño. “La víctima aún sigue marcada. He reconocido mi culpa ante él y su familia, y he pedido perdón. Pero esto no lo ha tranquilizado. Y yo tampoco lo estoy”, dijo Roger Vangheluwe. Era una verdad incompleta, otra mentira más. El obispo pederasta no confesó para aliviar su culpa, sino porque esa víctima, de la que abusó durante ocho años, dijo que ya no lo cubriría más. Lo contó este lunes el New York Times, que también ha desvelado que la víctima era el propio sobrino del obispo; fue la familia de ambos quien presionó para hacerle olvidar. Hace 14 años, la víctima contó lo sucedido al superior de su tío, a un cardenal belga, hoy bajo investigación judicial. A los pocos días, recibió una carta del cardenal, tan hipócrita como la estampita que después le hizo hablar: “Deja de acusar a la Iglesia si no tienes pruebas”.