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La reforma laboral

No hace tanto tiempo, la postura de Zapatero era otra. “Si la reforma laboral o abaratar el coste del despido sirviesen para reducir el paro, lo haríamos sin dudarlo, pero no es así”, decía el presidente del Gobierno en octubre de 2008. Mucho ha llovido desde entonces. Se acababan de hundir las catedrales de Wall Street, pero desde el Gobierno aún pensaban que lo peor de la crisis ya había pasado, que no serían necesarias grandes reformas; que casi bastaría con esperar. Decía también el presidente que el origen de la crisis no era laboral sino financiero, por lo que era injusto que su salida pasase por adelgazar el anoréxico estado del bienestar de este país milagro llamado España que cuando crece lo hace a costa de empleo basura y que, a las primeras mal dadas, destruye puestos de trabajo a la misma velocidad que los creó.

moreEl mercado laboral español está enfermo, es cierto. Pero su enfermedad tiene más que ver con los abusos de los contratos temporales que con las privilegios de los trabajadores fijos. En España el despido no sólo es libre sino también gratuito para una gran parte de la población, que trabaja de tres en tres meses cuando no lo hace a través de una ETT, muchas veces en fraude de ley. Antes de la crisis, el 34% de los trabajadores españoles era temporal, el récord de Europa. Y esa misma plusmarca es la que ahora nos ha colocado a la cabeza de la UE en desempleo. ¿Podrá resolver este problema la reforma laboral que el viernes presenta el Gobierno? No soy optimista. El motor de esa reforma es la presión de los mercados internacionales de deuda, que piden sangre. Si no fuese doloroso sería irónico: los mismos vendedores de bonos que provocaron la crisis son ahora quienes exigen a los trabajadores un sacrificio en el altar.