La sucesión tendrá que esperar
Juan Carlos Escudier
Empezó siendo una impresión de Bono, que hace dos años dijo tener la intuición de que Zapatero no se presentaría a un tercer mandato, y hoy no hay quien deje de hablar de ello, especialmente en el PSOE, donde uno pregunta por el tiempo y le contestan con que el presidente es un líder inconmensurable, incontestable y chiripitifláutico. Porfiando por la continuidad de Zapatero se han manifestado la vicepresidenta, el vicesecretario general socialista, la secretaria de Organización, el portavoz parlamentario, el ex presidente del Gobierno y hasta el recepcionista de Ferraz, que le tiene aprecio. Todos menos el afectado, que se ha puesto en plan Pujol diciendo que ahora no toca y con su silencio sigue alimentando la especulación de que su futuro está en León, tomando vinos por el Barrio Húmedo.
Parece evidente que este mutismo no favorece las expectativas socialistas, especialmente después de que una encuesta de El País revelara que dos tercios de los españoles no sólo no se cortarían las venas con el adiós de Zapatero, sino que se las dejarían largas, y que al menos la mitad de los votantes socialistas vería conveniente el relevo. En consecuencia, el hecho de que Zapatero mantenga sin despejar la incógnita sólo puede significar que la intuición de Bono no era producto de un sueño sino de una revelación del interesado, que por esas fechas lo tenía claro y que ahora, por lo visto, se lo está pensando.