Los dos tenores del PP desafinan
La cosa empezó mal desde la elección del candidato. Mariano Rajoy se lo ofreció por primera vez antes del congreso de Valencia y en aquel momento Mayor Oreja dijo no. Al poco dijo sí, cuando vio que el gallego seguía pese al “no me resigno” de la lideresa; pero entonces fue Rajoy el que le hizo sufrir un ratito. Al final, el líder del PP, preocupado porque la caverna le hiciese la cama con Rosa Díez, acabó entregándole la candidatura a Mayor Oreja. Fue una cesión, no un acuerdo: ni ahora ni entonces se han fiado el uno del otro. Se les nota en la campaña, en los mítines, donde sólo han coincidido lo imprescindible (y que corra el aire).
Ambos se guardan reproches. Desde el lado de Mayor Oreja, desde el búnker, se quejan de la estrategia valenciana: esa absolución electoral a milano bonito Camps en el nombre del traje, del chaleco y de la chaqueta fantasía. Por su parte, los marianistas critican gestos como la recuperación mitinera del secuestrado por ETA Ortega Lara, el mismo que abjuró de Rajoy durante el calvario previo al congreso de Valencia, cuando cada lunes era una jornada de pasión y el día que no le crucificaba María San Gil era Juan Costa el que le negaba tres veces. Tampoco ha gustado nada la comprensión de Mayor Oreja con ese relativismo moral con el que los obispos comparan el delito de la pederastia con el derecho al aborto. Es un charco incómodo para el PP: por suerte, en España hay más padres con derecho a voto que pederastas.
A pesar de los gallitos de ambos tenores, de su incapacidad para afinar una sola voz, la campaña no le va mal al PP. Su última encuesta interna les da cuatro puntos más. Vuelan hacia la victoria en avión Falcon.