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Tiburones en la costa

Juan Carlos Escudier

Se puede estar harto de Zapatero y de sus cejas y hasta se puede pensar que el país iría mejor gobernado por un ingenio de Apple con pantalla táctil, pero lo que estamos viviendo en estos días trasciende al Ejecutivo, a su política económica y a su presidente. Tiempo habrá de que los electores pongan a cada cual en su sitio; entre tanto sería bueno que no perdiéramos de vista que nos enfrentamos a un ataque organizado de especuladores, esos tiburones con los que íbamos a acabar en cuanto tuviéramos tiempo para refundar el capitalismo. No se trata, por tanto, de defender al Gobierno sino al Estado.

Hay que empezar por proclamar lo evidente; esto es, que España no es Grecia ni Portugal, que habremos perdido de vista el cogote de Francia y quizás ya ni siquiera seamos la octava potencia del mundo o la novena. Pese a ello, ni estamos en bancarrota ni amenazamos ruina, como algunos sectores interesados se han encargado de propalar a los cuatro vientos. El Gobierno ha cometido muchas torpezas y ha contribuido de manera importante a socavar la credibilidad del país, aunque no es el único culpable del clima actual.

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