Tregua trampa
Javier Ortiz
(...) Me cuesta más admitir, en cambio, que sea pura casualidad que, desde hace mes y medio, cada vez que ETA mueve un dedo con intenciones atentatorias, ¡zas!, la Policía –la de aquí, la de allá, o todas ellas a coro– detenga a sus activistas.
«Fueron sorprendidos en un control rutinario», dicen. Por favor, no nos vengan con pamplinas. No hay tantos controles rutinarios. (...) Mi actual suposición es que, desde marzo de 2006, los aparatos policiales encargados de la lucha contra ETA han estado en lo que cabría calificar, de modo un tanto paródico, una «tregua-trampa». O sea, que se dijeron: «Vale, “tregua permanente” y todo lo que quieras, pero si tú vas a tratar de sacar partido de la situación para volver a reorganizarte, yo voy a aprovecharla para saber cómo lo haces y acentuar mi conocimiento de tu estructura, tus contactos, tus reservas, tus medios… Y, como vuelvas a las andadas, te vas a enterar.»
Yo creo que se está enterando.
Pero no sabe qué hacer con los datos que la realidad le está proporcionando a bofetadas.
El martes pasado, rumiando como estaba estas cosas, dije en un programa de la televisión vasca que me da que ETA vuelve a tener serios problemas de infiltración policial. Puede que me mostrara un tanto simplista. Creo ahora que lo que le está sucediendo es bastante más complejo. ETA está asediada por dentro y por fuera. Y en muchísimos planos. Incluyendo los más materiales.
Si sus jefes fueran algo menos cazurros –no hablo de ética, ni de amor al propio pueblo: sólo de elemental capacidad de raciocinio–, se darían cuenta de que, cuanto más tarden en negociar los términos de su derrota, más humillante y afrentosa acabará resultando.