Tres tristes trajes
Dice el artista antes conocido como Francisco Camps que lo de la Gürtel no es para tanto porque sólo se está hablando “de 80 contratos en seis años”. Siento corregir al president sin miedo, pero no fueron 80 contratos sino 85. Aunque esta cifra es lo de menos porque lo que importa en toda timba no es el número de boletos, sino cuánto premio toca (que le pregunten a Fabra, que de esto sabe un rato). El secreto está en la pasta. En los 7,2 millones de euros del presupuesto público que se llevaron del Govern las empresas de su amiguito del alma: 85 adjudicaciones de las que 76 se repartieron a dedo, troceando los contratos o amañando los concursos. En esos 2,5 millones gastados en la campaña electoral de 2007 que el PP y sus cuates bigotudos de la Gürtel ocultaron a Hacienda y que, según la investigación judicial, parece que pagaron varias generosas constructoras, no se sabe bien a cambio de qué. O en los más de tres millones de euros de propina que ganó el afortunado adjudicatario del hinchadísimo contrato de megafonía para la visita del Papa.
Ya ven, ni rastro de financiación ilegal en el molt honorable PP valenciano; sólo siete delitos gravísimos que el juez Pedreira (que a este ritmo acabará en La Haya) envía para que se juzguen en el tribunal de su más que amigo De la Rúa, si es que esta vez se anima. Tres tristes trajes de nada, como repite Camps, que ni siquiera en esto le salen las cuentas. El chocolate del loro de esta peli de piratas no son tres sino cinco trajes a medida, tres americanas y algunos complementos más, que costaron 12.783 euros, además de otros tres mil en regalitos navideños para la familia; unos 16.000 euros en total, más de lo que cobran muchos jóvenes en “sólo” un año, que diría Camps. Pobre loro. Debe de estar diabético de tanto chocolate.