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Benito (Txiki) Muñoz

Las grandes crisis económicas generan grandes crisis políticas. Se convierten en crisis sistémicas. Hoy hablamos de la Gran Recesión y hace algo menos de 100 años se hablaba de la Gran Depresión. La desesperación viene siempre acompañada de grandes riesgos. Regenerar y transformar es cosa diferente a reventar al sistema. Por las rendijas de la democracia se colaron los fascismos en el periodo de Entre Guerras en Europa. Siempre impulsados bajo fórmulas populistas, éstas corrientes también ahora amenazan la democracia.

Hace unos días escribí en este blog un artículo titulado “Los partidos se hunden” sobre partidos y democracia y no voy a ahondar hoy en este problema. Sé que defender la política y la labor de los políticos es algo que no se lleva. Yo apuesto por la regeneración del sistema y por los políticos, que deben ser personas preparadas, bien pagadas (sin trampas), y con clara vocación de hacer, de servicio público.

Toda esta larga introducción me lleva al titular. No salgo de mi asombro al rememorar la fallida huelga general en Euskadi del día 30 de mayo y leer las declaraciones de los líderes convocantes. Ainhoa Etxaide (LAB): “Nosotros somos el verdadero Parlamento vasco”. Txiki Muñoz (ELA): “Hoy la democracia está en la calle, no en el Parlamento”.

Las palabras de Etxaide me sorprenden, pero poco. La autodenominada izquierda abertzale siempre ha buscado en la mística del pueblo la mayoría que no obtenía en la urnas. No olvidemos que ETA siempre asesinó en nombre del pueblo de quien se creía representante legítimo.

Me sorprenden un poquito las de Txiki Muñoz. Y digo un poquito porque la deriva de ELA y su papel mesiánico llevan tiempo siendo preocupantes. Durante años, amparado y protegido por el PNV y luego, decidido a matar al padre que le amamantó. Lo curioso es que el PNV todavía hoy se sorprenda por la decisión de ELA de convertirse en vanguardia política. Impulsó la muerte del Estatuto de Gernika y el pacto de Lizarra, que fracturó a los vascos y ha impedido, hasta todavía hoy, la colaboración entre vascos con distintas percepciones sobre el hecho de ser vasco.

Parece que por fin el PNV reniega de su hijo y califica de “política” la huelga general. Nunca había sido tan beligerante con su sindicato hasta que éste se ha cruzado directamente en su camino a ser el eterno aspirante a ser el “cauce central” de Euskadi, en su caso Euzkadi.

Y sigo con mi razonamiento y traigo esta máxima del fascismo: el pueblo es el cuerpo del Estado y el Estado es el espíritu del pueblo. En definitiva, no hacen falta intermediarios, no hace falta Parlamento, no hacen falta políticos. Y en momentos de tempestad, donde el político es para el común de la población un ser que solo quiere robar y que es probable que viva entre azufre (peligroso pensamiento), siempre queda el pueblo. Directamente, sin intermediarios. Acaso con un líder, tal vez, Benito (Txiki) Muñoz, que no ha pasado por las urnas, que mezcla la representación laboral con la política en un falso y peligroso juego, está la esperanza del pueblo. Escalofriante.

El populismo arrasa y muchas personas bienintecionadas lo compran, pero detrás solamente hay abismo. Grillo en Italia, Muñoz en Euskadi, Rosa Díez en España... Esta última probablemente merecerá un artículo exclusivo porque es entre las principales voces de la política española la que más ha hecho de la política su vida. Treinta años sin bajar del coche oficial (es una metáfora).

Pero vuelvo a lo que me preocupa. La historia se repite. No de forma idéntica, pero sí con claras semejanzas, y somos capaces de caer y caer en los mismos errores. Soy partidario de la regeneración, del cambio y de la adaptación a los tiempos, pero no lo soy de aventuras de destino incierto. ELA en Euskadi está dispuesta a todo y de cualquier manera. Suena muy bonito lo de que “la democracia está en la calle y no en el Parlamento”, pero además de ser mentira, me da la sensación que solamente nos lleva a encontrar un caudillo, un líder del pueblo, capaz de interpretar solo y a sus anchas lo que necesita ese pueblo. Señores, no caigamos en la trampa, que pasar de democracia a fascismo es más sencillo de lo que parece.

Las grandes crisis económicas generan grandes crisis políticas. Se convierten en crisis sistémicas. Hoy hablamos de la Gran Recesión y hace algo menos de 100 años se hablaba de la Gran Depresión. La desesperación viene siempre acompañada de grandes riesgos. Regenerar y transformar es cosa diferente a reventar al sistema. Por las rendijas de la democracia se colaron los fascismos en el periodo de Entre Guerras en Europa. Siempre impulsados bajo fórmulas populistas, éstas corrientes también ahora amenazan la democracia.

Hace unos días escribí en este blog un artículo titulado “Los partidos se hunden” sobre partidos y democracia y no voy a ahondar hoy en este problema. Sé que defender la política y la labor de los políticos es algo que no se lleva. Yo apuesto por la regeneración del sistema y por los políticos, que deben ser personas preparadas, bien pagadas (sin trampas), y con clara vocación de hacer, de servicio público.