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Aves migratorias

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Mucho se ha dicho que lo más importante del periodismo es saber dejarlo a tiempo. Me parece que el primero que pronunció esta frase fue Chateaubriand, pero se le ha atribuido a muchas personas, algo habitual con las frases. También están los que han afirmado que esta frase no era más que una derivación de lo que un día dijo Bismarck afirmando que los periodistas eran gentes que habían malogrado la carrera.

Las dos afirmaciones me parecen sensatas. El periodismo no es una actividad burocrática, ni administrativa. Tampoco tiene como destino conseguir que unos desarrapados hagan carrera o que unos holgazanes pasen el rato trabajando lo menos posible. El periodismo consiste tan sólo en transmitir información a los ciudadanos para que estos la consuman. No es necesario que esta información sea cierta, aunque resulta conveniente, sobre todo desde un punto de vista ético que lo sea, pero basta con que sea rentable. De hecho esto resulta fundamental para la permanencia del negocio.

El ejercicio del periodismo requiere de curiosidad, además de un cierto interés por las cosas de la historia, de la política y de la vida, para, de este modo, mostrar a los ciudadanos qué es lo que realmente está sucediendo en el tiempo que les ha tocado vivir. Pero como de la vida, de la historia y de la política ni siquiera quienes la progratonizamos sabemos nada de nada, el trabajo del periodista no es más que un anhelo, una manera de ir caminando por el aire tratando de alcanzar lo que en realidad no es más que una aspiración inalcanzable. Eso sí, el periodismo lo que sí te permite es observar uno de los fenómenos más extraordinarios de la vida humana: el fenómeno de la corrupción de casi todo y sobre todo de la corrupción del periodismo; fenómeno eterno, viejísimo, permanente, actual y existente en todos los momentos, en todos los regímenes y en todos los sistemas propuestos por el derecho político.

Algunos periodistas que durante los últimos años han trabajado para defender los postulados progresistas, previendo la llegada de los líderes de la ultraderecha al gobierno, trabajan ahora para desentenderse de los postulados progresistas como si fueran aves migratorias que ya están sintiendo en sus huesos la proximidad de un cambio de estación. La nómina es la nómina. El pan de mis niños es el pan de mis niños. No hay más verdad periodística que el miedo al desempleo. Lo demás es palabrería. Para todo hay excepciones. Claro. Pero el periodista que se inclina hacia un lado u otro de la realidad, dependiendo siempre de donde le procede el salario, se convierte así en un político, o en un aspirante a político, o lo que es aún mucho peor, en un predicador.