El Rey Sol se ocultará el día 12
Tintín, Haddock y el profesor Tornasol han sido condenados por el príncipe del Sol a morir en una pira que encenderán los rayos de Inti, el astro rey, la deidad más importante de los incas. El príncipe del Sol permite a Tintín que elija la hora de su ejecución. Tintín sabe que ese día habrá un eclipse solar total y elige, para ser ejecutado, el momento en que se producirá. Al desaparecer la luz solar tras la sombra que proyecta la Luna sobre nuestro planeta, el príncipe inca, aterrorizado, cree que el joven aventurero domina al Sol y le pide que le ordene reaparecer. Tintín grita al astro que vuelva y, al cesar el eclipse, los tres amigos son liberados por el Inca.
Lo anterior es una descripción somera de un pasaje de una de las más conocidas obras de Hergé, 'El Templo del Sol'. El pasaje estaría muy bien si no fuera por, al menos, dos inconvenientes. En el álbum de Hergé la Luna se desplaza por delante del Sol de izquierda a derecha, que es como se habría producido el eclipse en el hemisferio norte, pero al sur del ecuador la Luna se debería haber desplazado en sentido contrario. Por otro lado, los incas eran excelentes astrónomos y sabían predecir eclipses, por lo que el episodio, por ingenioso que nos parezca, no es verosímil. Claro que tampoco deberíamos esperar verosimilitud si, ya de partida, aceptamos que en el mismísimo siglo XX llegasen a coincidir en el tiempo incas quizás precolombinos con Tintín y sus amigos. La narrativa tiene sus propias reglas que, bien lo sabemos, no tienen por qué acomodarse al rigor científico o histórico.
En todo caso, quedémonos con la idea de fondo que transmite el episodio narrado. A lo largo de la historia los eclipses han fascinado y, a menudo, aterrorizado a quienes, sin conocer sus causas y sin poder predecirlo, asistieron a su desarrollo. Desde hace siglos los eclipses son de sobra conocidos y perfectamente predecibles. Cada cierto tiempo se produce una de esas coincidencias en que la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, de manera que el Sol, en parte o en su totalidad, se oculta a nuestros ojos. La sombra que arroja la Luna impide que la luz solar nos alcance.
El diámetro del Sol es cuatrocientas veces más grande que el de la Luna, por lo que habrá quien se pregunte cómo es posible que un objeto tan pequeño llegue a ocultar completamente a un objeto tan enorme como el Sol. La respuesta es que nuestra estrella se encuentra a una distancia de nuestro planeta cuatrocientas veces mayor que la distancia a la que se encuentra de nosotros la Luna. Gracias a esa extraordinaria casualidad podemos asistir a experiencias como eclipses totales de Sol desde la Tierra.
Los eclipses tienen mucha historia detrás, y mucha ciencia, por supuesto. Pero me interesa hoy referirme a un episodio de la historia de la ciencia, bien conocido en nuestro gremio, pero quizás no tanto fuera de sus márgenes. Una de las conclusiones a las que llegó Einstein cuando formuló su teoría general de la relatividad, es que, al igual que ocurre con los objetos con masa, la luz también se ve afectada por la gravedad.
De acuerdo con la teoría general de la relatividad, en presencia de materia el espacio-tiempo no es plano, sino curvo, y esa curvatura es percibida como un campo gravitatorio. En otras palabras, la gravedad consiste en una deformación del espacio-tiempo que percibimos como una fuerza. Y esa deformación afecta a objetos con masa y también a radiaciones electromagnéticas como la luz. Por eso, la teoría predijo que un rayo de luz se curva en las proximidades de un objeto masivo como el Sol.
La primera comprobación empírica de la teoría de la relatividad general consistió, precisamente, en la verificación de esa predicción. Durante los eclipses de 1919 y 1922 se organizaron expediciones científicas para establecer la posición de ciertas estrellas durante el desarrollo de un eclipse total de Sol. El eclipse era necesario porque sin él, de día (en presencia del sol) las estrellas serían invisibles y no se podrían determinar sus posiciones aparentes. Algunos meses más tarde esas posiciones (aparentes) se compararon con las de esas mismas estrellas, cuando se encontraban, de noche, lejos del Sol. Las comprobaciones confirmaron las predicciones de Einstein, en lo que fue la primera verificación de su teoría.
El próximo día 12 viviremos en gran parte de Euskadi, en amplias zonas de la península ibérica y en las Islas Baleares un eclipse solar total. Ocurrirá alrededor de las ocho y media de la tarde, muy cerca ya del anochecer. Durará muy poco tiempo, segundos o algo menos de dos minutos, dependiendo de la ubicación. Será una experiencia memorable, sobre todo si somos afortunados y disponemos de una vista amplia del horizonte, sin elevaciones a nuestro alrededor. Y si las nubes no lo impiden, por supuesto. Pero incluso en este caso y no podamos ver el fenómeno de forma directa, la llegada de la oscuridad total será una experiencia única.
Desde hace meses el Gobierno vasco, entre otras entidades públicas y privadas, ha ofrecido abundante información y conocimiento sobre los eclipses. Lo ha hecho mediante este sitio web y la exposición itinerante de infografías que ha recorrido diversas localidades de nuestra comunidad autónoma. Hace unas semanas lanzó también una campaña informativa en medios de comunicación y redes sociales.
Mediante esas vías, además de conocimiento e información científica, hemos querido advertir de los riesgos que entraña la observación de un eclipse. Uno para nuestra salud: la observación directa del Sol produce daños irreparables en la retina. Por ese motivo no se debe mirar al Sol sin gafas homologadas. No vale una radiografía, ni un cristal ahumado o unas gafas de sol. Esta es una precaución fundamental.
Y el otro riesgo atañe al tráfico. Se esperan más de un millón de vehículos procedentes de otros países de Europa para contemplar el eclipse. Por ello, aconsejamos que no se realicen desplazamientos durante esa jornada en busca de una ubicación ideal para observarlo. No es posible predecir con precisión cuáles serán las ubicaciones más visitadas ni cuáles las rutas más transitadas esos días. Pero la experiencia indica que son miles y miles las personas que se desplazarán en busca de la sombra del sol. Por esa razón también aconsejamos permanecer en nuestro lugar de residencia y, si es el caso, desplazarnos caminando, en bici o en transporte público a los lugares en que pensemos que podremos disfrutar de la experiencia.
Quienes han tenido la fortuna de contemplar un eclipse total de Sol dicen haber vivido una experiencia conmovedora. Pensemos en la ciencia que hay en el conocimiento del fenómeno y valorémosla; experimentemos una emoción única, seguramente catártica; pero, ante todo, hagámoslo sin poner en riesgo la salud y la seguridad.