Euskadi Opinión y blogs

Sobre este blog

La portada de mañana
Acceder
Las incógnitas sin responder del ático de Chamberí
España tiene casi 8 millones de viviendas no principales, un 30% del total
Opinión - Quien tiene miedo muere a diario, por Lucía Taboada

José Arechalde Arámburu, el director general de Prisiones que previó el asalto a las cárceles de Bilbao que dejó 225 muertos

9 de agosto de 2026 21:46 h

0

José Arechalde Arámburu (1889-1982) ocupó dos cargos relevantes dentro del Departamento de Justicia y Cultura del Gobierno de Euzkadi: fue secretario general de Justicia y director general de Prisiones. Nació en Bilbao, donde cursó el Bachillerato. Estudió Derecho en la Universidad de Deusto, aunque el título lo obtuvo en la de Salamanca. Como abogado, tuvo despacho en la ciudad y defendió a algunos nacionalistas vascos en procesos penales. Su acercamiento al nacionalismo se produjo a través de Juventud Vasca. Concurrió a las elecciones municipales de 1917 con Comunión Nacionalista Vasca (la marca que se usó entonces) y en un primer momento obtuvo escaño, pero le fue arrebatado después de que otro candidato interpusiera recurso. Casado, se mudó a Orduña, donde se construyó un chalé diseñado por Luis Arana, hermano de Sabino, fundador del PNV.

Fue procesado, si bien después absuelto, por una iniciativa que consistió en enviar misivas a varios dignatarios europeos pidiendo la independencia vasca. Arechalde se significó también en las manifestaciones de repulsa ante la muerte de un joven que había sido encarcelado por proferir el grito de “Gora Euzkadi askatuta!”. Después, participó en una concentración nacionalista que sería el germen del Aberri Eguna, el día de la patria vasca. El libro recoge que tuvo siempre gran interés por la cultura vasca, lo que le llevó a amasar una gran biblioteca dedicada a esa temática. Si el de Eibar fue el primer ayuntamiento en izar la bandera tricolor republicana el 14 de abril de 1931, Arechalde y otros miembros del PNV de Orduña se colaron esa misma noche en el edificio consistorial de su municipio para elevar otra bandera, en este caso la ikurriña. También representó a su pueblo en Estella, en las conversaciones para la confección del proyecto de estatuto para Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra.

Ya en plena Guerra Civil, se conformó el Gobierno de Euzkadi, en el que ostentó tres cargos diferentes, todos ellos en el Departamento de Justicia y Cultura encabezado por el consejero Jesús María de Leizaola: secretario general de Justicia, director general de Prisiones y representante de dicho departamento en la Junta Calificadora Central, que examinaba a aquellas personas que habían participado en la sublevación de julio. El libro no oculta que la historiografía no se haya puesto de acuerdo en con qué ojos ver la labor de Arechalde al frente de Prisiones.

Señala que, bajo su mandato, “se intentó mejorar las condiciones de vida de los presos (trato respetuoso, asistencia médica, visitas, entrada de paquetes, higiene, alimentación, culto religioso...)”. También tuvo un papel importante en la liberación de más de 150 mujeres. Pero el 4 de enero de 1937 un asalto a las cárceles de Bilbao tras un bombardeo nazi se saldó con el asesinato de 225 presos. Arechalde, que ya se olía un clima enrarecido, había llegado a pedir, según el libro, medio centenar de pistolas para armar a los guardias. Años después, cuando se le juzgó ya en dictadura, la sentencia recogía que “no aparece comprobado que tuviere participación ninguna en los hechos [...] relativos al asalto de las prisiones”. Hay autores, sin embargo, que sí le responsabilizan de los hechos.

En cualquier caso, la represión franquista se materializó en la quema de su biblioteca, en su depuración como abogado y en el exilio. De Bilbao fue a Santoña, luego a Francia, después a Valencia y Barcelona, a Las Landas y a Dax, estos dos últimos puntos del mapa ya nuevamente en Francia. Antes de marchar a América, acometió en París algunas tareas que le requirió Heliodoro de la Torre, consejero de Hacienda del Gobierno de Euzkadi. Como otros integrantes del Ejecutivo que viajaban en el mismo barco, estuvo retenido en Senegal y ya después llegó a Veracruz. Si bien no renegó del nacionalismo, en México su actividad política se vio menguada. Falleció en la capital mexicana en 1982, cuando tenía 93 años.