Treinta años de alarde igualitario de San Marcial en Irún... sin igualdad plena
Como cada 30 de junio, Irún se echa a la calle por San Marcial. A las 10:15 horas de la mañana, un hombre, Pablo Basurko, se ha preparado para la arrancada en la plaza Urdanibia con una motivación personal que resume tres décadas de conflicto: “Siempre he querido desfilar con mi hermana y eso no se me permite en el alarde tradicional”. Se cumplen treinta años desde que Bidasoaldeko Emakumeak solicitó por primera vez un alarde municipal e igualitario para una celebración con origen en 1522, pero treinta años después, en otro siglo y en otro milenio, Irún sigue con dos desfiles, el 'tradicional', que relega a las mujeres al papel de cantineras, y el igualitario, donde forman en pie de igualdad.
Mientras el desfile mixto caminaba hacia el Ayuntamiento, Basurko ha rebatido a quienes ven en ellos una ruptura histórica. “Abogar por la pureza histórica no tiene sentido cuando ya es algo actualizado. Ni las prendas ni las armas coinciden con el siglo XVI”, razona. La anomalía de este doble festejo se sustenta en una pretendida “neutralidad” institucional. Sandra Monsalve, txilibito del alarde mixto, la cree inexistente. “La alcaldesa [Cristina Laborda] participa en numerosos eventos del alarde tradicional, mientras que al alarde público simplemente lo recibe con mala cara el día 30”, ha denunciado. Cree que el Ayuntamiento simplemente “dejó de organizar la fiesta municipal para evitar aplicar la sentencia” de igualdad.
En el otro extremo de la jornada, el alarde tradicional —que solo permite a las mujeres el rol de cantinera— ha iniciado su marcha a las 7:30 bajo las órdenes de un nuevo general, Javier García Nieto, quien ha pedido “olvidar las diferencias” para cumplir el “mandato” de hacer disfrutar a la ciudad. El contexto de sus palabras hay que encontrarlo en la denuncia de una cantinera por presuntos tocamientos por parte de un mando en 2025, acontecimiento que ha ocasionado una disputa interna. Por ejemplo, el hermano de una cantinera tradicional de este año, aunque admite que es “un tema muy serio”, le ha confesado a este medio que critica a la Junta de Mandos por asumir funciones judiciales ante el caso: “El resto del año son fontaneros, electricistas o abogados... la justicia tenía que haber tomado las riendas”.
Este malestar interno provocó la dimisión del anterior general, Asier Etxepare, quien defendió la sanción alegando que no podía “mirar hacia otro lado” ante la agresión a un “símbolo del alarde”. Es un término con el que la ordenanza equipara a la mujer con una bandera. Junto a Etxepare, otros se despidieron de sus cargos, marcando un nuevo inicio al alarde tradicional que sigue siendo apoyado por al menos 8.000 irundarras, por 2.400 del mixto. Una de sus cantineras actuales describe la experiencia como el cumplimiento de “un sueño” de su infancia, sintiéndose “respetada y respaldada” por su compañía. Ese deseo desde tan joven se ve respaldado por el testimonio de su hermano, quien reconoce que el modelo es mayoritario por inercia generacional. “Todos hemos nacido viendo al tradicional. Las generaciones antiguas siguen inculcando ese sentido”, expone.
Desde el balcón del Ayuntamiento, Sonia Calvo, integrante de la Gaita Mixta de Cervera del Río Alhama, ha observado el arranque igualitario con lágrimas en los ojos. Gracias a la invitación que recibió por parte de la Casa de la Mujer de Irún, Calvo ha podido vivir e identificar en Irún el mismo patrón de exclusión que sufre en La Rioja, utilizando “exactamente las mismas excusas y los mismos argumentos arcaicos”. En su pueblo, la cofradía incluso reformó estatutos para prohibirles el baile alegando falta de capacidad física o vestimenta inadecuada, argumentos que Calvo ve derrumbarse ante la realidad del desfile mixto irundarra.
Junto a ella, la directora de Emakunde, Miren Elgarresta, pone voz al respaldo institucional autonómico, aunque admite que los avances tras treinta años son “insuficientes”. Elgarresta rinde homenaje a las pioneras que enfrentaron situaciones “muy violentas” en los noventa. La adjunta del Ararteko, Estefanía Ocáriz, ha recordado también que las mujeres tienen “derecho inalienable a la igualdad”.
Mientras Gorka Álvarez, del PNV, durante la conmemoración de los treinta años desde la solicitud en el pleno del Ayuntamiento; ha defendido que el actual sistema de dos alardes asegura la “paz social” y el “equilibrio”. Para un joven participante del mixto, esta postura es puramente electoral: “La alcaldesa prioriza sus votos políticos a la igualdad... no puedes ser neutral sabiendo lo que pasa con las mujeres”.
La jornada de la tarde ha vuelto a mostrar la cara más agria del conflicto cuando, según fuentes del pueblo, algunas personas han reaccionado dando la espalda. “Una fiesta que no respeta la igualdad, deja de ser fiesta”, sentencia otro joven soldado del bando igualitario. “Parece mentira, pero 30 años después seguimos sin celebrar las fiestas en igualdad”, ha señalado Thania Pazos, quien ha portado la bandera.
El desdoblamiento festivo concluye con la devolución de la bandera en los arcos del Ayuntamiento, un acto que el alarde tradicional realiza mientras el mixto ya ha finalizado su ruta. La paradoja de una ciudad que recorre el mismo camino dos veces para no encontrarse nunca se resume en la contradicción de sus protagonistas: mientras unos se aferran a una tradición que requiere “justicia interna” para sus mandos, otros apuestan por una evolución que consideran inevitable. “La historia hay que utilizarla para aprender y avanzar, nunca por encima de los derechos de las mujeres”, reflexiona un participante del desfile público.
Al caer la noche, Irún recupera el silencio, dejando atrás el eco de las descargas de fusilería de dos bandos que visten igual pero sienten la ciudad de forma opuesta. La bandera de la ciudad descansa en el consistorio, custodiada por una institución que sigue observando desde el balcón una realidad dual en la que deciden mantenerse al margen. Tras tres décadas de banderas divididas, la fiesta se despide con la sombra de un proceso penal abierto y la certeza de que, el próximo año, Irún volverá a citarse consigo misma en dos horarios distintos.