Extremestiza o cómo convertir el currículo en una operación política

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El Partido Popular ha aprobado en la Mesa Sectorial de Educación, con el voto en contra de CCOO, Extremestiza, una nueva optativa que se incorporará al currículo extremeño. La presentan como una asignatura destinada a profundizar en la 'Hispanidad', en la importancia de Extremadura en América y en los lazos históricos, culturales y lingüísticos entre ambos territorios. Afirman que la materia pretende reconstruir una historia compartida y que, tras cursarla, el alumnado desarrollará conciencia de identidad y pertenencia. No hablamos, por tanto, solo de conocimiento histórico, sino de una operación política de construcción simbólica desde la educación.

Desde nuestro punto de vista, el problema no es estudiar la relación entre Extremadura y América. Esa relación existe, tiene enorme relevancia histórica y debe abordarse en las aulas con rigor y espíritu crítico. El problema radica en aprobar una nueva asignatura cuando el currículo extremeño ya incorpora esos contenidos. El marco curricular existe; lo que falta no es una nueva etiqueta política, sino tiempo, estabilidad y condiciones para desarrollar bien lo que ya está reconocido.

Queremos dejar claro que nuestra discrepancia no se dirige contra el trabajo del comité de expertos que ha elaborado los contenidos de la nueva materia. Damos por hecho que habrán actuado con rigor académico y profesional. Nuestra crítica se sitúa en otro plano: en la decisión política de crear una asignatura con una orientación identitaria determinada cuando los contenidos históricos a los que se apela ya tienen encaje en el currículo vigente. No hablamos de una carencia curricular real, sino de la voluntad política de intervenir en el relato identitario. Además, la Consejería de Educación ha decidido seguir adelante sin aceptar las alegaciones presentadas por CCOO.

Esta decisión no puede analizarse al margen del contexto político regional. El acuerdo de gobierno entre el Partido Popular y VOX ha supuesto la supresión del Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí en los dos centros educativos de Talayuela donde se impartía, pese a la significativa presencia de alumnado de origen magrebí y a la oposición de la comunidad educativa. Aunque se ha anunciado que el programa podrá continuar fuera del ámbito educativo, lo relevante es que sale de la escuela pública: deja de estar integrado en los centros, pierde su valor como herramienta de convivencia y se convierte en una actividad desplazada al margen de la vida escolar.

En este contexto, emplazamos a la Consejería a explicar por qué es necesario que el alumnado trabaje por partida doble los lazos históricos y culturales con América —tanto en materias ya existentes como en esta de nueva creación— y no lo es, en cambio, que haga algo similar con los incuestionables lazos históricos y culturales que dejó la presencia musulmana durante casi ocho siglos en la península ibérica. Si realmente se tratara de construir una identidad regional rigurosa y no un relato político interesado, lo lógico sería abordarla desde la complejidad de todos los procesos históricos que han configurado Extremadura: los primeros pueblos del territorio, la romanización, la influencia germánica, la presencia musulmana, el descubrimiento y la colonización de América, la huella francesa e inglesa durante la Guerra de la Independencia, los profundos lazos con Portugal y los efectos de los procesos migratorios que explican que hoy más de 600.000 extremeños vivan fuera de la región. Reducir la identidad extremeña a una sola dimensión de su pasado no es hacer historia; es seleccionar políticamente la memoria.

A nuestro entender, una educación pública democrática no puede seleccionar la memoria cultural en función de intereses partidistas ni convertir la diversidad del alumnado en un problema. Resulta preocupante que se prime un relato épico de la expansión hispánica mediante la creación de una materia específica y, en cambio, la huella musulmana —aunque presente en el currículo oficial— quede relegada a un lugar secundario. Esa presencia dejó elementos incuestionables en nuestra lengua, arquitectura, agricultura, toponimia e identidad colectiva. Extremadura, como el conjunto de España, no se explica desde una sola raíz ni desde una identidad cerrada y excluyente.

Una nueva cesión a la ultraderecha

La salida del Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí de los centros educativos y la aprobación de una nueva asignatura destinada a apuntalar una identidad regional reduccionista evidencian una nueva cesión del Partido Popular a la ultraderecha. Allí donde la escuela debería tender puentes, reconocer la diversidad y favorecer la inclusión, el Gobierno autonómico acepta deslegitimar una parte de la cultura presente en sus propios centros. No se trata de imponer una cultura sobre otra, sino de educar desde el conocimiento, el respeto y la complejidad histórica. Negar esa complejidad no fortalece la identidad; la debilita.

A esta objeción de fondo se suma otra igualmente importante: la laboral y organizativa. La creación de una nueva optativa supone duplicidad de contenidos, fragmentación de la oferta, más presión sobre los departamentos y un impacto especialmente delicado en centros pequeños y rurales. Las decisiones de escaparate suelen pagarlas después los claustros con más carga, improvisación e inestabilidad.

El diseño de la materia confirma ese desplazamiento de costes hacia los centros. Extremestiza se ha aprobado como optativa de 3º y 4º de ESO y se atribuye, por este orden, al profesorado de Geografía e Historia, Lengua Castellana y Literatura y Biología y Geología. Se añade así otra pieza a una oferta ya tensionada y se hace descansar su implantación sobre departamentos que ya trabajan contenidos afines. Además, su incorporación tendrá efectos no deseados sobre otras optativas existentes, especialmente sobre las segundas lenguas extranjeras —Francés y Portugués— que compiten por el mismo espacio horario y el mismo alumnado. En lugar de reforzar una oferta plural, útil y conectada con nuestro entorno europeo y transfronterizo, la Consejería introduce una materia identitaria que puede debilitar opciones formativas consolidadas y necesarias.

Desde nuestro punto de vista, el espacio iberoamericano no debería abordarse desde relatos nostálgicos de Hispanidad, sino desde el fortalecimiento de las sociedades iberoamericanas, el diálogo social, los derechos humanos, la cooperación y la igualdad. Si se quiere reforzar el estudio de América, hay margen suficiente dentro del currículo existente para hacerlo con más profundidad, mejores materiales y enfoques más críticos, sin duplicar materias ni tensionar aún más los centros.

Por todo ello, CCOO ha votado en contra de la aprobación de Extremestiza en la Mesa Sectorial de Educación y rechaza su implantación en los términos planteados. La educación pública de Extremadura no necesita más relatos impuestos; necesita rigor, pluralidad, recursos y respeto a la diversidad real de sus aulas.