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En Extremadura no tenemos nada que celebrar

José Luis Gibello, Coalición por Cáceres

Pasado “el circo electoral” y “la fiesta de la democracia” y con ello el vertido de falsas promesas que no se van a cumplir en los próximos cuatro años, se completa el círculo de la soberanía que tenemos asignadas las personas y donde a partir de ahora solo tendrán voz y voto los representantes que hemos elegido.

¿Y ahora qué? Pues en Extremadura no tenemos nada para celebrar ya que nos encontramos en la misma situación que en legislaturas anteriores.

La gente es desmemoriada y olvidadiza cuando deposita su voto en las urnas actuando siempre de manera ‘cortoplacista’, dejándose engañar por la charlatanería del político de turno que le promete “ahora sí que lo haré”, pero ya nadie recuerda la Extremadura del caciquismo y el enchufismo, la de los recortes, reformas laborales, privatizaciones, aumento edad de jubilación etc.

Ya nadie recuerda los pactos del bipartidismo extremeño que nos han llevado a la actual situación. Los resultados electorales del 24 de Mayo desprenden que ya nadie recuerda de dónde venimos y quiénes son los responsables de todo lo que nos sucede.

El mapa político en Extremadura es lúgubre pues el bipartidismo sale bastante reforzado en estos comicios manteniéndose atrincherado en las instituciones, y por desgracia le auguro una larga vida. Y si la gente no es consciente que el futuro se construye a base de ilusión, esperanza y que deben ser los protagonistas principales, pero quizás y solo quizás la sociedad extremeña no está lo suficientemente preparada para originar ese cambio.

También los que no han posibilitado esa alternativa unitaria para gobernar Extremadura deben analizar su parte de corresponsabilidad y empezar a trabajar desde hoy mismo por crear un proyecto político que aúne voluntades y que seduzca a los extremeños.

Nos tocará esperar mínimo cuatro años pero se deben sentar las bases y aprender de los errores cometidos, está claro que el camino nos lo han mostrado regiones como Galicia o las ciudades de Madrid y Barcelona, donde el apego a las siglas y a los intereses personales o partidistas fueron subordinados para conseguir el bien común.

¿Y ahora qué? Pues ahora toca sentarse y hablar; hablar de todo sin tabúes ni tapujos, hablar de ideas, de ideología, de proyectos, de acciones, de lucha y de compromisos. Y sentarse; sentarse todas aquellas organizaciones que están destinadas a entenderse por mejorar la vida cotidiana en Extremadura y deben sentarse... AHORA.

Depende únicamente de nosotros como pueblo si de verdad queremos ser los impulsores de la transformación social y política de nuestra región, tendremos una próxima oportunidad en las elecciones generales de otoño. Hemos desperdiciado la ocasión histórica de gobernar muchos pueblos y ciudades en Extremadura.

¿Desaprovecharemos también la oportunidad de gobernar este país?