Arrancó la vendimia más madrugadora de la historia de Galicia con el temor de que las uvas se paguen por debajo del coste
Por primera vez desde que existe memoria, las cinco denominaciones de origen gallegas arrancaron su vendimia a mediados del mes de agosto. La de Monterrei fue la última en incorporarse, el pasado lunes. El jueves anterior lo habían hecho ya Rías Baixas y Valdeorras y, un día antes, Ribeiro y Ribeira Sacra, todas ellas con un adelanto histórico sobre las fechas tradicionales. “Tenemos que empezar a pensar que lo inusual va a ser iniciar la vendimia en septiembre”, reflexionaba el director técnico de la D.O. Valdeorras, Jorge Mazaira, porque “la que manda es la planta”.
Y esa planta –que, según coinciden los diferentes consellos reguladores, esta temporada llega en una situación “óptima, excelente”– madura cada vez antes. “La climatología y el incremento de las temperaturas medias están modificando progresivamente los calendarios tradicionales de la viticultura y obligando al sector a adaptarse a esta nueva realidad”, indica Valdeorras. Voces del sector estiman el adelanto en la recogida en casi un mes tan sólo en la última década, pero eso no parece que vaya a afectar tampoco a la cantidad. Frente a los casi 76 millones de kilos recogidos en 2025, el sindicato Unións Agrarias (UUAA) estima que en esta campaña se superarán los 80 millones.
El Informe de Estimación de Cosecha 2026, presentado a principios de mes por Rías Baixas, analizó este último ciclo vitícola en su zona de influencia, el sur de la costa atlántica gallega. Allí, estuvo marcado por “un invierno cálido y muy húmedo; una primavera muy cálida y muy seca (la cuarta más seca desde que hay registros)” a la que siguió “un mes de junio extremadamente cálido y muy seco”. Esas intensas precipitaciones permitieron que la uva soportase mejor el estrés hídrico del verano.
En Monterrei –suroeste de la provincia de Ourense, hasta la frontera con Portugal– ese ciclo se caracterizó por las “altas temperaturas, la escasez de precipitaciones” y algo de lo que carecen en el litoral, “una notable oscilación térmica entre el día y la noche”. Todo eso, según el consello regulador, “ha favorecido una maduración óptima de la uva, dando como resultado un magnífico equilibrio entre el grado alcohólico y la acidez”.
“El hecho de que el ciclo sea un poco más corto no va a influir en la calidad, porque hemos tenido una cantidad muy importante de agua durante todo el invierno y gran parte de la primavera, y sol cuando tenía que venir”, explicaba Raúl Prada, propietario de Adega Valdesil, la que dio, un año más, el pistoletazo de salida en Valdeorras. Esas precipitaciones, explicaba el consello, “permitieron generar unas importantes reservas hídricas en el suelo, favoreciendo que las plantas afrontasen el ciclo sin sufrir un estrés hídrico significativo”. Por eso, Prada se suma al optimismo generalizado en el sector: “Creo que estamos ante una añada verdaderamente excepcional”. Y no sólo porque, en las cuatro generaciones de la bodega, nunca empezasen la recolección tan pronto.
Contratos sin firmar
Este optimismo de los consellos reguladores contrasta con la preocupación de los sindicatos agrarios, especialmente en la D.O. Rías Baixas, la de mayor producción, y que este año espera recoger sólo ella casi 50 millones de toneladas de uva, un 5% más que en el ejercicio anterior, que ya fue récord histórico. Sin embargo, UU.AA. denuncia que, después de que varios miembros del consello regulador tratasen, sin éxito, de bajar los rendimientos de los viticultores, “hoy amenazan con recoger el 50% de la cosecha o no recoger”.
A eso se suma la preocupación por unos precios que, en Rías Baixas, pueden ser inferiores al año pasado e, incluso, quedar por debajo del coste de producción. Si eso sucede, UU.AA. anuncia que acudirá a los tribunales y reclama a la Xunta que retire sus ayudas a las empresas que realicen esta práctica. El número dos de la central, Félix Porto, no lo entiende. “Si la D.O. va bien, se habla de una cosecha histórica, con una calidad excepcional, ¿cómo es posible que digamos que hay que bajar precios? Aquí falla algo”.
El sindicato cree que los precios se mantendrán en el resto de las denominaciones de origen pero se mueve en el terreno de la estimación porque, pese a haber arrancado ya la vendimia, buena parte de los contratos entre bodegas y viticultores están aún sin firmar. “No parece razonable que se espere a hacerlo el mismo día en que se tiene el tractor en la puerta de la bodega para meter las uvas”, ironiza Porto con una situación que deja a los productores sin margen para negociar. Por eso, insisten en que la Xunta ponga en marcha el observatorio –“como lo hay en Rioja o Ribera del Duero”– que permita conocer cuánto cuesta producir cada kilo de uva en las Rías Baixas. Y que, en base a esa cifra, los contratos se firmen, al menos, un mes antes del inicio de la recogida.
El Sindicato Labrego Galego (SLG) trasladó esas mismas preocupaciones a una decena de alcaldes de la comarca, y reclamó a la Xunta que “ejecute de inmediato el establecimiento del coste de producción oficial” –aprobado por unanimidad en junio en el pleno del Consello Regulador– para que “ningún kilo de uva se pague por debajo de ese valor”.
Este jueves, en una visita a Gargalo, las bodegas propiedad del diseñador Roberto Verino, la conselleira de Medio Rural elevaba a 379 millones de euros el valor económico que representan los diez distintivos vitícolas gallegos –las cinco denominaciones de origen y las cinco indicaciones geográficas protegidas–. Según María José Gómez supone “más de la mitad” de lo que genera en conjunto la “calidad diferenciada” de la comunidad autónoma.