“Ojalá utilicemos más el fútbol para mejorar la sociedad porque tiene capacidad para hacerlo”. Esta frase de Borja Iglesias (Santiago de Compostela, 1993) resume su forma de vivir dentro y fuera del campo. Frente al estereotipo de futbolista que no habla de política –“y eso también es politizar el fútbol”–, el delantero del Celta no se calla. Renunció a la selección tras el beso de Luis Rubiales a Jenni Hermoso, mostró su apoyo a Gaza, respaldó al colectivo LGTBI+ y se pintó las uñas contra el racismo. Fue, precisamente, este gesto simbólico, convertido en marca de la casa, el que secundaron miles de aficionados celestes el pasado domingo en Balaídos tras el enésimo ataque a Iglesias. Borja se defiende con uñas pero también con dientes, en la acepción popularizada por Isabel Pantoja, porque ni en los peores momentos borra su sonrisa. “Es lo que les jode”, diría la tonadillera.
Esa actitud tiene un mérito especial después de una semana en la que “no lo ha pasado bien y estaba bastante tocado”. Lo afirma Jacobo Buceta, periodista que lleva más de un cuarto de siglo siendo la voz del Celta en la Cadena SER y que define al futbolista como “un héroe contra el odio”. El propio Borja, con la amabilidad que lo caracteriza, rehusó participar en este reportaje. No quiere tener siempre el foco sobre él, pero el foco insiste en perseguirlo.
Para Buceta, es especialmente sintomático cómo se desató la última ola –primero de odio, después de solidaridad–, “que no es la primera, ni la segunda, ni la cuarta” contra el jugador. El Celta jugó el pasado lunes en Sevilla un partido “que no tuvo nada: ni enfrentamientos, ni tanganas, ni aficiones que se odien...”. El detonante sucede en los aledaños del estadio “casi una hora después”. Borja, exjugador del Betis, había quedado con un amigo para regalarle una camiseta. Con lo que no contaba era con la presencia de un grupo de seguidores del Sevilla que empezaron a insultarlo.
En el vídeo, compartido en las redes por el digital Zona Mixta, se escuchan perfectamente los improperios homófobos, entre los que no faltan los “maricón de mierda”, los deseos de muerte o un envite que pretende ser descalificante: “¡Píntate las uñas!”. El vídeo denuncia, hoy con casi dos millones de reproducciones en X, fue compartido por el propio Borja con su ironía habitual: “Qué raro, si esto en el fútbol no pasa nunca”. Ese post, con 32.000 likes, fue el que se viralizó. El Celta no tardó en salir a respaldar a su jugador: a la una de la madrugada compartió un post con una foto de Borja y el texto “El respeto no se negocia. El odio no tiene cabida en el fútbol. Orgullosos de ti, dentro y fuera del terreno de juego.” “Casualmente”, recuerda Buceta, horas después, también le mostró su apoyo LaLiga.
“Intentamos dimensionar correctamente cualquier ataque de este tipo, sobre todo para no alimentar ni darle a estas cuestiones un protagonismo que no merece. Sin embargo, en un caso como éste consideramos que era necesario dejar clara la postura del club”, resume un portavoz del Celta. Claudio Giráldez, entrenador de la casa y principal artífice de la vuelta del delantero a Vigo, tampoco dudaba a preguntas de la prensa: “Me alegro de tener jugadores valientes como Borja en la forma de expresarse, libres, y una afición y un club que respalde esa libertad y alejarnos del odio. Toda la gente que quiera mostrar odio o pensamientos en contra del respeto para mí es algo inaceptable”
“Salimos en la BBC”
“Durante la semana, una chica de Sabarís (Baiona, al otro lado de la ría) se pone en contacto con la radio y propone acudir a Balaídos con las uñas pintadas”, cuenta Buceta. La joven forma parte de la peña Carcamäns Celestes, la más numerosa con 1.800 socios, casi la mitad de la población de la Illa de Arousa, donde tiene su sede. “Pero ya hace tiempo que aceptamos gente de Cambados, de Ribadumia, de Vilanova...”. Bele Dios, presidente de la peña, deja de cocinar para atender la llamada de elDiario.es, todavía asimilando días después el éxito de la iniciativa. “Acaban de enseñarme un vídeo de la BBC. Salió en televisiones de Alemania, de Italia, de Francia...”.
Cuando Bele recibe la idea, lo pone en común con la directiva de Carcamäns y ven claro que “vale la pena”. Cuando lanzan la propuesta a través de las redes, se desata el frenesí. “Al momento, ya llamó el Celta que quería colaborar. Y, nosotros, encantados”. “No dudamos en darle la difusión que estaba en nuestra mano para intentar que llegase a todo el celtismo” porque “ayudaría a evidenciar que queda mucho trabajo que hacer para erradicar el odio y la homofobia en el mundo del fútbol”, expone el club.
Dios destaca lo “muchísimo” que cambió el Celta “desde que está Marián de presidenta”. “Es increíble cómo llevan las redes sociales, la identidad tiró otra vez hacia la cantera, defiende el gallego, la cultura...”. “Sí, a la presidenta le faltó tiempo para sumarse”, añade Buceta. El Panda –apodo que debe a la canción del rapero Desiigner– cumplió 33 años el 17 de enero, la víspera del choque con el Rayo, y Marián Mouriño lo felicitó con un vídeo en el que se veía cómo le hacían la manicura. “Lo curioso es que, cuando empieza el movimiento, si uno ve las respuestas en redes sociales, se queda muy preocupado”, reflexiona Buceta. “Hay gente que sigue utilizando la homofobia y la diversidad como arma arrojadiza”, llegando a escribir “amenazas” como “un tío que se pinta las uñas no puede estar en la selección”.
Del Black Lives Matter a Jenni Hermoso
La primera vez que Borja se pintó las uñas como gesto político fue en 2020. Lo hizo de color negro en apoyo del movimiento Black Lives Matter. Pero no fue aquello lo que lo apartó de la selección, sino una decisión personal. El 23 de agosto de 2023, apenas unos minutos después de que Luis Rubiales compareciese en público para anunciar que no dimitiría como presidente de la RFEF tras besar si consentimiento a Jenni Hermoso, Borja tuiteó: “Estoy triste y decepcionado. Como futbolista y como persona no me siento representado por lo que ha pasado hoy en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Me parece lamentable que sigan presionando y poniendo el foco sobre una compañera”.
El hilo continuaba con un anuncio: “Vestir la camiseta de la Selección Española es de lo más grande que me ha pasado en mi carrera. No sé si en algún momento volveré a ser una opción, pero he tomado la decisión de no volver a la Selección hasta que las cosas cambien y este tipo de actos no queden impunes”. En un tercer tuit, concluía: “Por un fútbol más justo, humano y decente”. Fue el primero y uno de los contados futbolistas de élite en posicionarse en aquel momento. La publicación de Alexia Putellas que disparaba el movimiento #SeAcabó –“Esto es inaceptable. Se acabó. Contigo, compañera Jenni Hermoso”– llegó una hora más tarde.
Dos años más tarde, en la entrevista en Nós Televisión en la que también pronunció la frase que abre este artículo, Borja recordó que, cuando dijo aquello, “juraría que estaba en la prelista” de seleccionados. “Para mí fue un momento complejo. Es el conflicto más grande que podemos tener: estar en un sitio con el que no me identificaba”. Mientras miraba atrás, descartaba casi por completo una llamada de Luis de la Fuente. Y eso que estaba en racha: seis goles en seis partidos, algo que ningún celtista conseguía desde Pahiño, 78 años antes. Sin embargo, unas molestias de Lamine Yamal le abrieron el hueco para regresar a un combinado con el que había disputado dos choques –en septiembre de 2022 y marzo de 2023– antes de cerrarse él mismo la puerta. Una de las primeras en felicitarlo por el retorno fue Jenni Hermoso.
Pioneros
“Estamos orgullosos por la iniciativa, pero el mérito es del club y de la afición”. Dios recuerda que, en Balaídos, llevaban las uñas pintadas “señores de 80 años y niños de cinco”. Los días previos, la manicura se había extendido a la política y las instiuciones. El líder del PSdeG, Gómez Besteiro; la eurodiputada del BNG Ana Miranda; el rector de la Universidade de Vigo, Manuel Reigosa... todos se pintaron las uñas por una buena causa. Y, en el campo, no sólo se vio en las gradas: prácticamente toda la plantilla celeste salió al campo con colores en sus dedos.
Para Buceta, Borja, junto a sus excompañeros del Betis Héctor Bellerín y Aitor Ruibal “abrieron un camino”. La foto de Iglesias y Ruibal llevando bolso en una boda en verano de 2023 los convirtió en blanco de ataques homófobos. Dos semanas después, el compostelano protagonizó una original campaña contra ese mismo odio: transcurría en un ficticio mundo al revés en el que él salía del armario: “Hola, soy Borja Iglesias y soy heterosexual”.
El Panda no teme transitar veredas tradicionalmente evitadas por los ases del balón. “Temo a la extrema derecha porque no tiene límites”, afirmó en una entrevista en El País. “¿El futbolista no puede hablar de política? Pues eso también es politizar el fútbol”, contestaba en Nós, consciente de que lo que realmente molesta no es que un deportista se meta en política, sino que apoye determinadas posturas. Por ejemplo, al pueblo palestino.
“Algo hay que hacer”, respondía cuando se le preguntaba si había que expulsar a Israel de las competiciones internacionales. Acababa de finalizar una Vuelta Ciclista abortada por las protestas contra la masacre de Gaza y él también había sido muy claro: “Lo que me sorprende es que a veces le demos más importancia a parar un evento deportivo que a un genocidio”. Y cuando en Onda Cero le preguntaron por esas declaraciones, dejó claro que no se refería sólo a la bici: “Si se meten delante de la portería con una bandera de Palestina y eso ayuda, ojalá lo hagan cuando vaya a chutar yo y no meta el gol y me lo anulen. Ojalá”.
“Faro y guía”
“Aparte de ser un jugador de diez, un profesional como la copa de un pino, Borja representa unos valores, es alguien que se moja”, explica Bele Dios. “Así como los jugadores y los clubes son el reflejo de la sociedad, del equipo que queremos, también tienen la llave para –cuando las cosas son injustas– abrir y defender esos valores”.
“Borja es un futbolista diferente porque se posiciona en cuestiones en las que habitualmente los jugadores evitan entrar”, añade el club. “Nos sentimos muy orgullosos de que un jugador de la casa, que además está ofreciendo un rendimiento extraordinario en el césped, esté tan comprometido con la sociedad que lo rodea, de la misma manera que lo está el Celta en valores básicos e innegociables como la igualdad y el respeto”.
Aunque su faceta pública pueda eclipsarlo, la felicidad de Borja en Vigo se está viendo refrendada por los números. Lleva siete goles esta temporada –octavo en la clasificación del pichichi– y 33 desde la temporada 2022/23, una cifra que sólo igualan otros dos delanteros españoles: su compañero Iago Aspas y el tinerfeño Ayoze Pérez.
Ante la pregunta de si el Panda es hoy el gran símbolo del Celta, el club impone la prudencia y –tal vez, también para quitarle presión–, evita personalizar en él: “nuestros valores se definen a través de miles de personas: aficionados, jugadores, empleados... Borja es uno de tantos que defienden y representan tan bien lo que supone ser del Celta”.
Buceta, sin embargo, no tiene dudas: “Ahora mismo es, con Iago (Aspas) el faro y la guía y, sobre todo, es un ejemplo para los canteranos”. Esos mismos canteranos que posaron con una camiseta suya en la previa del partido ante el Rayo. Pero no es profeta sólo en casa: “Cuando uno viaja con el Celta, la buena noticia es que hay muchísimos niños de otros equipos queriendo hacerse fotos con él, pidiéndole su camiseta, como pancartas como aquella famosa que pedía 'más Pandas en el fútbol'”.
“Te quedas alucinado de cómo te hablan de él los compañeros y lo importante que es un vestuario el buen rollo que genera y la capacidad de influir en el resto para bien”. El periodista compara su “labor pedagógica” en la lucha contra el odio con la que el exentrenador celtista Juan Carlos Unzúe, afectado de ELA, realiza con las enfermedades.
“Ves un calentamiento y ves cómo está haciendo bromas, cómo todos hablan con él... y es muy importante, porque no es lo mismo que tengas a Borja que a un Stoitchkov a o un Vinicius”. Esa “ascendencia para bien” permite a jugadores que viven en una burbuja darse “un baño de realidad”.
“Éste no es el Eurocelta que acumulaba ferraris en A Madroa, a ver quién tenía el coche más grande. Borja viene de Santiago en su furgoneta, entrena y se vuelve a Santiago”. De hecho, la posibilidad de volver a su ciudad natal, a un paso de sus padres y sus amigos de siempre, fue otro de los motivos para regresar a Vigo, a una hora por autopista de la capital gallega. Allí, convive con su pareja, la influencer María Valero. Entre ambos, superan con creces el millón de seguidores en instagram y el millón y medio en TikTok.
Pese a que tendría todo para vivir en una torre de marfil, “es un tío normal que lo da todo en el campo y no se olvida de que fuera hay vida, personas que sufren y merecen un respeto”, concluye Buceta. “Esa postura está ayudando a abrir la visión del club, en dar un paso al frente en determinadas causas y en sensibilizar a la afición”. La prueba de que está siendo capaz de utilizar esa inmensa capacidad del fútbol para cambiar la sociedad. Lo hace enfrentándose al odio con manicura y una actitud, que el propio Celta destacaba en esas “increíbles” redes sociales: “Sonreír siempre”. Uñas y dientes.