Historia de Samia: cuando el deporte vence al radicalismo que encierra a mujeres jóvenes en sus casas
Las grandes historias de lucha contra la imposición están mucho más cerca de nosotros de lo que podríamos pensar. La joven escritora de O Porriño (Pontevedra) Beatriz Cabaleiro ha elegido la peripecia vital de una amiga y vecina -Samia en la vida real, Zahira en el libro- para publicar una novela basada en hechos reales y contar una historia en la que se pueden ver reflejadas otras jóvenes con familias en las que los radicalismos religiosos y las tradiciones les impiden cumplir con sus sueños y convertirse en las personas que quieren ser realmente.
“La libertad que habito” (Aira Editorial) es el título de un libro (publicado en gallego y castellano) que desde la portada -en la que se ve a una joven deportista de espaldas despojándose del velo islámico- deja claras sus intenciones. “Samia y yo somos amigas desde muy jóvenes, tuve la oportunidad de vivir desde cerca las grandes dificultades que sufrió para salir de una vida familiar muy complicada, en la que no le dejaban ser como el resto de sus amigas. Ella me iba contando todo lo que le pasaba y decidí escribir un libro con su historia. Partí de la idea de una biografía, pero al final decidí convertirlo en una ficción para que fuera más fácil transmitir el mensaje. Aunque la esencia es el proceso que pasó Samia a través del deporte para conseguir convertirse en la persona que siempre quiso ser”, explica la autora.
Aparte de las conversaciones que mantuvo con Samia a lo largo de varios años, Cabaleiro decidió documentarse y conocer de primera mano la cultura y la tradición islámica y bereber. Por ello viajó a Beni-Mellal, la localidad marroquí cercana a Marrakech de la que procede la familia de Samia, y trató de conocer mejor el proceso por el que había pasado la protagonista del libro. “Estando allí pasas miedo aunque iba acompañada por un amiga y yo era una privilegiada al ser turista. Te gritan de todo y puedes ver cosas que ya veía aquí con Samia (mujeres bañándose vestidas), pero mucho peor porque allí las mujeres no tienen escapatoria. Al volver pensé en la suerte que tenemos de nacer en Europa y de no tener que pasar por lo que pasan esas mujeres”, explica Cabaleiro.
Samia llegó a O Porriño en 2001 cuando contaba 9 años de edad. Su padre había venido antes a trabajar a esta localidad y finalmente decidió trasladarse a Galicia con toda la familia. Según explica la propia joven, los primeros años fueron complicados porque ella solo hablaba francés. Poco a poco se va integrando en su nuevo país, pero a partir de la adolescencia comienzan los problemas en casa porque su padre apenas le permite salir de casa si no está acompañada por amigas “y no por mucho tiempo” y no le permite vestirse como a ella le gustaba, es decir, igual que el resto de chicas de su edad. Y eso que su familia no era de las más radicales en el terreno religioso.
El deporte, vía de escape
“Las cosas se fueron complicando al ir creciendo y las restricciones por parte de mi padre fueron aumentado. Aunque no me atraía mucho el deporte empecé a ir al club de atletismo de Porriño por una amiga marroquí que me animó. Empecé con 13 años y poco a poco fui mejorando en el atletismo y aprendí a nadar y a andar en bicicleta, que no sabía, para empezar con el triatlón. Mi entrenador Daniel Mouriño, una persona muy importante para mí, me llevó a una competición de triatlón en Pontevedra y fui abriendo los ojos y ví que el deporte era una opción muy buena para poder salir de mi casa y conocer otro mundo. Mouriño fue a hablar con mis padres y les convenció para que me dejasen entrar en el Centro de Tecnificación Deportiva de Pontevedra. Les dijo a mis padres que era una buena oportunidad para mí de estudiar y hacer deporte y ellos aceptaron finalmente”. explica Samia.
La entrada en el centro deportivo le abrió nuevos caminos, pero también le hizo ver las dificultades a las que iba a tener que seguir enfrentándose. “Yo veía a mis compañeras con sus bañadores de competición bonitos y yo tenía que ir con el mío, de señora mayor. También tenía miedo a usar un tampón, a no cumplir los códigos islámicos con la comida, etc. Poco a poco, fui abandonando esos complejos y también traté de hablar con mis padres y explicarles que yo no encajaba con los preceptos del islam. Con el tiempo fui consiguiendo liberarme de esa presión, aunque fue complicado porque la resistencia, sobre todo por parte de mi padre, fue muy fuerte”.
En el aspecto deportivo Samia fue destacando en las competiciones a las que acudía y eso hizo que la llamasen desde la federación marroquí de triatlón femenino, que acababa de constituirse en su país de origen. “Me dijeron que habían consultado datos en internet y que yo era la única mujer marroquí que practicaba ese deporte. Me propusieron ir al campeonato de África que se celebraba en Mauricio y me aseguraron que si lo ganaba iría a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Tenía 17 años y fui allí con toda la ilusión. Finalmente, no conseguí el objetivo porque el nivel competitivo era muy alto. Al volver a O Porriño me sentí frustrada y decidí dejar el triatlón de competición. No he abandonado nunca el deporte y hasta acabé dando clases de atletismo en Porriño, pero me dí cuenta de que el nivel competitivo era demasiado para mí”.
Romper con la familia y el islam
A la vuelta del campeonato Samia ya había decidido que quería dar un vuelco definitivo a su vida aunque eso le costase romper con su familia. Como es habitual en las chicas de su edad, comenzó a salir con un novio y su padre la amenazó con encerrarla en el domicilio familiar. Él se había radicalizado en los postulados islamistas en los años anteriores. Samia se apoyó en una amiga árabe para irse a su casa. Posteriormente, con apenas 18 años, conoció al hombre que hoy es su marido y se fue a vivir con él. “Mi madre me dijo que si había decidido abandonar a mi familia iba a irme al infierno. Después pasaron dos años sin hablarme pero finalmente se les pasó. Ahora tengo buena relación con mi madre, pero no tengo contacto con mi padre. Ellos acabaron separándose y mi hermana menor siguió mi ejemplo y también acabó por vivir como ella quería y por liberarse del peso de la tradición y la religión”.
Aunque han pasado unos cuantos años de todo aquello, a Samia le gusta ver ahora su historia reflejada en el libro de su amiga porque cree que puede ayudar a otras chicas a seguir su camino y ver que es posible conseguir convertirse en quien uno desea, aunque haya que afrontar un duro proceso y enfrentarse a la propia familia. “El deporte fue muy importante para mí, me ayudó a liberarme y evitar una vida en la que estaría casada con quien mi familia eligiese para mí, aunque ahora las cosas sean un poco más fáciles para las mujeres árabes que hace 20 años, cuando yo era adolescente y apenas empezaban a funcionar las redes sociales. Sin embargo, sigue existiendo el riesgo de que el peso de la tradición se imponga y acabes viviendo la vida que no quieres vivir por imposición”.
Para Beatriz Cabaleiro el proceso de concebir y escribir la novela, que le ha llevado varios años, también ha supuesto un aprendizaje importante. “Gracias a Samia he entendido muchas cosas y he visto cómo pueden romperse las barreras culturales y religiosas. Siempre me ha llamado la atención todo lo que ella se ha visto obligada a hacer para cumplir su sueño. Y finalmente lo consiguió”, indica la autora de la novela.
Cabaleiro destaca que escribir la historia de Samia le removió profundamente y le llevó a reflexionar sobre lo que todavía sigue sucediéndole a muchas mujeres y hace no tanto tiempo también era habitual en España. “Lo que hoy nos parece imposible, ayer era corriente”, señala la autora, que también destaca la importancia de la adolescencia para las mujeres, “un tiempo frágil, lleno de dudas, de miedo al rechazo, de necesidad de encajar y, al mismo tiempo, de deseo de ser una misma”.