Crónica

Rueda calla ante las acusaciones de Pontón de haber faltado a las víctimas de Angrois: “Ojalá las de Toledo no pasen ese calvario”

Daniel Salgado

Santiago de Compostela —

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A menos de un mes de las elecciones generales, los debates en el Parlamento de Galicia giran hacia la política estatal. Con matices, eso sí. Porque fue la líder del BNG, Ana Pontón, la que habló del accidente de tren en Urda (Toledo) que ha provocado 69 muertes, pero lo hizo para acusar al presidente de la Xunta de Galicia de haber impedido “la verdad, justicia y reparación” de las 80 víctimas de Angrois, en 2013. “Ojalá las de Toledo no pasen ese calvario”. Alfonso Rueda, entonces vicepresidente del Gobierno gallego y responsable de las emergencias, calló ante los reproches concretos de Pontón e intentó desviar la atención al afearle que los nacionalistas no exigiesen la dimisión del ministro de Transportes tras Adamuz, en enero.

Sí lo hicieron ahora. Pero la portavoz del Bloque había establecido otra comparación, la de Angrois, esa a la que Rueda evitó a toda costa responder en la sesión de control de este miércoles. “Feijóo [en aquel momento presidente de la Xunta] hizo todo lo que pudo para ocultar lo que pasó”, sostuvo, “permitió que la ministra Ana Pastor siguiese tres años en el cargo. Y se negó en cuatro ocasiones a que esta Cámara investigase el Accidente”. También aludió a lo que denominó “pacto de silencio” del bipartidismo para tapar responsabilidades. “¿Si se hubieran hecho bien las cosas tras Angrois, ¿habríamos tenido esta desgracia [por Urda]?”, se preguntó.

Rueda prefirió hablar de otros asuntos. Con su aspereza habitual cuando replica a Pontón, le recriminó que hablase en nombre de las víctimas y lamentó que el BNG no apoyase la reprobación de Óscar Puente en el Senado impulsada por PP y extrema derecha tras Adamuz. “Protestan aquí y allí calladitos”, dijo con uno de sus lugares más comunes en el debate parlamentario con los nacionalistas. A partir de ahí, se lanzó a atacarla porque, prevé, este jueves no asistirá a la firma del segundo traspaso de competencias solicitado y obtenido por el PP en 17 años de gabinetes en la Xunta: el de los permisos de trabajo. Después aplicó el argumentario de costumbre -la pregunta de Pontón era sobre igualdad: “Son ustedes cómplices del gobierno más machista y menos igualitario de la historia, el de Pedro Sánchez”.

El elefante de Vox y el PP gallego

Esa afirmación la apoyó sin más en las andanzas del exministro José Luis Ábalos y su asesor Koldo García. A quien apenas mencionó fue al elefante en la habitación del PP gallego, la ultraderecha de Vox. Y eso que el portavoz del PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, se lo había servido en bandeja: “Pactan con los que quieren eliminar los derechos. Nosotros defendemos los derechos, ustedes las derechas”. “Como le gustaría que existiese Vox en Galicia, pero no existe gracias al PP”, retrucó Rueda. En realidad, no ha existido hasta ahora -no tienen representación en ninguna instancia de la comunidad desde que su única edil, en Avión (Ourense), abandonó el partido- pero el pacto para las listas del Senado le abre una nueva puerta. Además de que un militante insigne de la sucursal gallega del PP, Miguel Tellado, no duda en pedir el voto para los extremistas.

“No hay diferencia de ideas, hay diferencia de siglas”, había criticado Besteiro, que ilustró su aseveración con ejemplos relativos al aborto, la memoria democrática, los retrasos en el derecho a la eutanasia o las bajadas de impuestos que benefician más a las rentas altas que a las bajas. “Antes se irritaba cuando le decíamos que PP y Vox eran lo mismo. Ahora ni eso”, señaló.

Más que entrar en las cuestiones concretas, el presidente de la Xunta se deslizó por una catarata de descalificaciones, algunas ad hominem, otras no. “Quedaban dos últimos mohicanos del sanchismo. Uno ya cayó ayer”, afirmó, en referencia a la dimisión de Óscar Puente, y se burló: “Pero queremos que usted se quede mucho tiempo”. Y alguna media verdad: “Hay menos relación entre PP y Vox que entre PSOE y Bildu”. Lo cierto es que populares y ultras cogobiernan ciudades y comunidades autónomas con una agenda reaccionaria y dan por hecho que, si el 29N les dan los votos, formarán gobierno de coalición en el Estado. Tanto es así que Núñez Feijóo, expresidente de la Xunta y ahora candidato a la presidencia del Gobierno central, ya ha anunciado que se plegará a la exigencia extremista de eliminar el Ministerio de Igualdad.

Rueda lo justificó. “La igualdad debe impregnar a todos los ministerios y consellerías”, dijo sin mucha convicción. Él mismo ha eliminado lo que era la Secretaría Xeral de Igualdade de la Xunta y rebajado a dos direcciones generales. El caso es que tampoco se resistió a cerrar el debate sin una contundente afirmación que, de forma involuntaria, también afectaba a su gestión en el Gobierno gallego, cuyas competencias en muchas de esas áreas son exclusivas: “Todos los indicadores en servicios sociales bajaron en estos ocho años”. Por supuesto, no ofreció detalles.