Una exposición muestra la primera edición de Poeta en Nueva York o la sátira de Max Aub sobre la muerte de Franco en el exilio francés
Estos días, se puede ver –bien acompañada– la primera edición de Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, en el instituto Cervantes. La sala de exposiciones del Cervantes en la calle de Alcalá expone una parte del rastro español del exilio republicano más letrado en México. México: tierra de acogida. Libros del exilio español y diálogos de ultramar es, sobre todo, una exposición bibliográfica en la que se pueden ver –que no ojear–150 publicaciones procedentes en su mayoría de la biblioteca personal de Lázaro Cárdenas, presidente del país entre 1934 y noviembre de 1940.
El líder del Partido Nacional Revolucionario fue el principal valedor político de la acogida de unos cuarenta mil exiliados republicanos españoles. Como ejemplo de colaboración con el gobierno de la República, cabe recordar que Manuel Azaña falleció bajo protección diplomática mexicana y fue enterrado envuelto en una bandera mexicana porque las autoridades colaboracionistas francesas se negaron a que lo fuera con la bandera tricolor.
En la exposición se recogen imágenes de los llamados Niños de Morelia, casi medio millar de niños españoles en México, la mayoría huérfanos de combatientes republicanos, que llegaron a partir de 1937 escapando del hambre y la guerra.
La presencia española en el campo cultural mexicano es ancha. José Bergamín fundó la editorial Séneca. Fue en esta casa dónde se publicó la edición póstuma de Poeta en Nueva York, que no pudo ver la luz en España e incluye un poema de Antonio Machado y un prólogo del propio Bergamín.
Max Aub es otro de los nombres presentes en la exposición. Una pena no poder abrir las páginas del llamativo relato La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco, una sátira en la que, al parecer, el autor de Campo de los almendros habla sobre los propósitos de los grupos de exiliados que se reunían en cafés literarios para urdir un plan contra el dictador español.
Otra de las editoriales míticas del exilio español en México fue Fondo de Cultura Económico. Allí se publicaron, entre muchos otros títulos –algunos volverían a entrar de tapadillo en España– la primera traducción al español de El Capital de Karl Marx, realizada por el jurista español Wenceslao Roces. O el poema Elegía, de Octavio Paz, dedicado a un miliciano español de la Guerra Civil.
Los fondos de la biblioteca de Cárdenas se han completado con piezas de la Biblioteca Nacional, del Ateneo Español de México y de diversos fondos editoriales y colecciones particulares. El impulso de la muestra proviene de AECID y ha sido comisariada por Eduardo Vázquez, Cuauhtémoc Cárdenas Batel, Juan Luis Bonilla Rius y Ariadna L. Rodríguez.
A los libros, de muy diversa temática y procedencia, los acompañan ilustraciones editoriales (algunas de una fuerza expresiva realmente singular), documentación personal de exiliados y algún audiovisual. Son interesantes también los retratos de autores españoles pintados por Elena Gascón o el trabajo del artista Vicente Rojo –no confundir con el jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República–.
México: tierra de acogida… es una exposición pequeña a la que, quizá, le falta un poco de contexto (o cartelas) pero que contiene un sinfín de pequeñas puertas por las que dejar pasar nuestra atención hacia los muchos caminos recorridos por los exiliados españoles después de la guerra.
La exposición se puede completar con la que a la vez tiene lugar en la Biblioteca Nacional de España titulada México: tierra de acogida. Arte del exilio y diálogos de ultramar, que analiza la integración de los creadores republicanos en la vida cultural mexicana. Ambas se han inaugurado en el contexto de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Madrid los días 4 y 5 de noviembre.