El enigma de Will Faber: la ficha nazi que cuestiona la biografía del pintor alemán vinculado a la Ibiza bohemia
Durante casi ochenta años, los Archivos Nacionales de Estados Unidos han guardado un secreto histórico: la identidad de más de doce millones de personas afiliadas al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) fundado por Adolf Hitler en enero de 1933, en fichas dispersas entre microfilmes y fondos parcialmente inaccesibles.
La publicación de estos registros en marzo de 2026 generó un revuelo público, sobre todo, después de que cabeceras alemanas como Die Zeit lo pusieran aún más fácil para rastrear la información, hasta el momento solo disponible si se solicitaba específicamente a los Archivos Federales Alemanes. El periódico ideó un buscador para bucear fácilmente en la base de datos tan solo utilizando el nombre y el lugar de nacimiento de los antepasados en cuestión.
“¿Alguno de sus familiares —su padre, su abuela o su bisabuelo— perteneció al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), los nazis?”, preguntan retóricamente en la página principal de la herramienta, pensada para descubrir la historia de las familias y su vinculación con el partido que terminó materializando -con continuas atrocidades, cuya máxima expresión fue el Holocausto- la ideología supremacista de los nazis.
Al profesor e investigador mallorquín Joan Buades, cuando se hizo eco de la desclasificación, se le ocurrió una manera muy diferente de utilizar el buscador, más vinculada a la investigación histórica: ¿qué personalidades de origen alemán, relacionadas con la Balears de esa época de entreguerras, podían aparecer?
Entonces descubrió que la huella del nazismo se escondía tras biografías individuales tan inusitadas como la del pintor alemán de Will Faber, que llegó por primera vez a Eivissa cuando ya sonaban tambores de Guerra Civil en territorio español. Casi de forma simultánea, en su país natal, Hitler ascendía al poder.
Como consecuencia de este nuevo régimen, se producía una diáspora de población alemana, judía y no judía -gente de izquierdas y demócratas-, contrarias a la ideología del nuevo régimen, que recaló en algunos casos en Barcelona y también en Mallorca y Eivissa, muy baratas en aquella época. La capital catalana, primera ciudad de exilio del artista alemán, era, por otro lado, uno de los bastiones nazis, estratégicos, en España, para controlar las rutas marítimas del Mediterráneo Occidental.
En Barcelona vivió Faber hasta 1936, cuando decidió volver a Alemana coincidiendo con el estallido de la Guerra Civil. Tres años más tarde, en diciembre de 1939, se inscribía al NSDAP utilizando su dirección barcelonesa: Carolinas, número 11, según el documento oficial al que ha accedido elDiario.es. “Es bastante extraño porque pertenecía a un grupo de artistas que hacían arte -el de las nuevas corrientes- que para los nazis era considerado degenerado. Vienen a las islas a refugiarse, alguno de ellos, como el también alemán Erwin Broner, eran judíos”, explica Lluis Ruiz, presidente del Fórum per la Memòria Histórica en las Pitiusas.
Es bastante extraño porque pertenecía a un grupo de artistas que hacían arte -el de las nuevas corrientes- que para los nazis era considerado degenerado. Vienen a las islas a refugiarse, alguno de ellos, como el también alemán Erwin Broner, eran judíos
Una imagen vinculada a la vanguardia
Junto a sus datos personales, se reflejan, en la ficha hecha pública por los archivos estadounidenses, su profesión: “Maler” -pintor, en alemán- junto a la abreviatura “Graph” -gráfico-, lo que revoca las posibilidades de que -como especula Ruiz con incredulidad- pueda tratarse de otra persona y no del mismo artista que aterrizó en la vida cultural ibicenca de la segunda mitad del siglo XX y se arropó en la bohemia de sus tribus extranjeras.
Faber llegó a convertirse en una de las figuras más reconocibles de la isla: pintor e ilustrador, su trayectoria autodidacta estuvo marcada por los desplazamientos entre países y la experimentación artística de una carrera que se forjó principalmente en las ciudades de Múnich y Berlín.
El pintor alemán fue una de las figuras más reconocibles de la isla y su carrera se forjó principalmente en Múnich y Berlín
Nació en 1901 y, aunque primero trabajó como herrero, pronto orientó su actividad hacia el arte, recoge la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera, que le dedica un apartado a su biografía como parte de las personalidades que pasaron entonces por la pitiusa. Su carrera arrancó con técnicas de grabado sobre madera y a finales de aquellos felices años 20 contrajo matrimonio con Emma Kaiser en la capital alemana. Precisamente, una de las hipótesis con más peso de que aparezca en los registros al partido nazi es que lo hiciera para, de algún modo, salvar a su mujer y no por afinidades reales con el nazismo.
Una de las hipótesis con más peso de que aparezca en los registros al partido nazi es que lo hiciera para, de algún modo, salvar a su mujer y no por afinidades reales con el nazismo
La pareja se estableció en 1932 en Barcelona, donde Faber trabajó como diseñador gráfico e ilustrador antes de viajar a Eivissa para una estancia corta que terminaría prolongando. Allí coincidió con algunos de los artistas e intelectuales europeos que habían encontrado refugio en la isla, entre ellos el dadaísta vienés Raoul Hausmann y el arquitecto Erwin Broner, antes de marcharse a su país de origen hasta el 39 -año en que se afilia al partido de Hitler-. Inmediatamente después se embarcó por segunda vez el mismo recorrido: primero la ciudad catalana y luego Balears. Esta vez para quedarse.
Su obra empezó a exponerse de manera habitual en galerías y espacios artísticos de Eivissa. El pintor había bebido del expresionismo alemán y recibido influencias del racionalismo espacial de la Bauhaus -que primero colaboró con el nazismo, pero más tarde fue prohibida por el mismo- y llegó a formar parte de instituciones como el Museu d’Art Contemporani d’Eivissa (MACE), que todavía alberga alguna de sus colecciones. Así como en instituciones museísticas catalanas (llegó a recibir la Medalla d’Or en Barcelona).
Eivissa: refugio de artistas europeos
La llegada del pintor vanguardista a la isla se produjo en un contexto mundial en que la pitiusa atraía a numerosos artistas e intelectuales europeos, fugitivos de la inestabilidad política y del avance de los regímenes fascistas. Entre ellos Haussmann o el filósofo judío Walter Benjamin, quien vivió durante una temporada en Sant Antoni y terminó suicidándose por la continua persecución de la Gestapo. También la -menos conocida- pintora judía-austriaca Lene Schneider-Kainer residió en Eivissa entre 1933 y 1936 después de que el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán se convirtiera en la principal fuerza política de su país.
La llegada del pintor vanguardista a la isla se produjo en un contexto mundial en que la pitiusa atraía a numerosos artistas e intelectuales europeos, fugitivos de la inestabilidad política y del avance de los regímenes fascistas, como el filósofo judío Walter Benjamin
El existencialista argelino -y de ascendencia menorquina- Albert Camus se asentó igualmente en el paraíso mediterráneo, junto a literatos nacionales de la generación del 27, como Rafael Alberti o María Teresa León, en un grupo vanguardista que complementaban los arquitectos Broner y el catalán Josep Lluís Sert.
Eivissa se convierte así en un punto de encuentro para creadores europeos que buscaban desarrollar su trabajo en un entorno alejado de las tensiones políticas que sacudían el continente. “Durante la Segunda República hubo una presencia significativa de intelectuales foráneos que propagaron esta visión paradisíaca de la isla al exterior”, explicó Rosa Rodríguez, licenciada en Historia del Arte y autora de La construcció d’un mite. Cultura i franquisme (1936-1975), para otro reportaje de elDiario.es publicado en 2022.
El grupo ‘Ibiza 59’
Pese a que muchos huyeron con el estallido de la Guerra Civil -y antes fueron perseguidos o represaliados por los regímenes nazi-fascistas-, otros como Faber siguieron encontraron refugio en la isla hippie, que, por otro lado, estaba atada al yugo de una dictadura que había sido apoyada por las mismas que les habían obligado a huir.
Las particulares circunstancias terminaron creando, a finales de los cincuenta, el Grupo Ibiza 59, formado por artistas de vanguardia de variopintas nacionalidades que compartían un interés por el arte contemporáneo, especialmente por las corrientes renovadoras europeas y la abstracción geométrica de posguerra.
A esta cuadrilla de tendencia izquierdista pertenecía Faber, que, cuando se afilió, por otro lado, al Partido Nazi, tenía 38 años y ya había pertenecido a este ecosistema bohemio de la isla. “A esa edad, ya no era demasiado joven, sino que ya debía tener una conciencia política plena”, considera Buades. Fue en el año 36, tras el estallido de la contienda civil en España, cuando el pintor volvió a Alemania, a Saarbrücken, la capital del land alemán de Sarre, de donde era oriundo.
En este territorio fronterizo con la región francesa de Lorena y que pasó a ser administrado por Francia como represalia tras la Primera Guerra Mundial, pero recuperado por Hitler en 1935, vivió Faber cuando se afilió al NSDAP. Por su género y su edad, le habría correspondido ir al frente -escalaba el segundo conflicto bélico a nivel mundial-. Sin embargo, volvió a las islas posteriormente.
El artista, que perteneció a una cuadrilla de tendencia izquierdista -el Grupo Ibiza 59-, abandonó España en el 36 tras el estallido de la Guerra Civil. Volvió a Alemania, desde donde se afilió al Partido Nazi con 38 años de edad. Regresó a la isla años más tarde
Su predilección fidedigna por Eivissa y su presunta identidad rupturista con el fascismo le merecieron al pintor una calle en el barrio de ses Figueretes de Vila que todavía conserva su nomenclatura. Pero el nuevo hallazgo levanta la cuestión sobre el reconocimiento, que ahora suscita contrariedad de opiniones entre los expertos en memoria histórica.
Tras su hallazgo en la base de datos de Die Zeit, el mismo Buades intentó rectificar la información sobre el artista en Viquipèdia -la versión catalana de Wikipedia-, pero la persona responsable del perfil de Faber revocó los nuevos archivos que el profesor había publicado y demostraban su afiliación al partido nazi, así como parte de la información que había añadido, cuenta a elDiario.es.
Afiliarse la partido: una decisión
Por ahora, solo existen especulaciones e incógnitas respecto a los motivos que le condujeron a inscribirse en un partido aparentemente tan contrario a sus ideales y los de sus afines. Por otro lado, no era obligatorio inscribirse a los NSDAP. “De hecho, durante largos periodos suspendieron las nuevas afiliaciones para evitar una avalancha de oportunistas”, señala Joan Buades. Es decir, evitar que la población alemana se registrara para protegerse de recibir represalias por parte del régimen.
Según la página oficial de los Archivos Nacionales de Alemania, la mayoría de las solicitudes datan del período 1936-37 -previamente no estaban permitidas-, antes de la reapertura de la membresía al público en general en 1939. Fue entonces, durante el mes de diciembre, cuando Faber se inscribió.
“Le dieron acceso en el año 40, entró bastante tardío. Muchos alemanes se afiliaron por motivos oportunistas, porque era más fácil conseguir trabajo, obtener encargos por parte del Gobierno y entrar a las ofertas públicas de empleo”, detalla Alex Sepasgosarian, periodista del diario alemán Mallorca Magazin y autor del libro Mallorca bajo la cruz gamada. 1933- 1945. Otra de las razones por las que la gente se inscribía era que era más fácil salir de Alemania y gestionar los visados, lo que podría explicar la decisión del artista.
Le dieron acceso en el año 40, entró bastante tardío. Muchos alemanes se afiliaron por motivos oportunistas, porque era más fácil conseguir trabajo, obtener encargos por parte del Gobierno y entrar a las ofertas públicas de empleo
Hitler había desplegado organizaciones del partido por el extranjero, incluido Balears, que contaba con su filial. En el caso de Mallorca, tenía su propia Org-Gruppe (grupo de organización), que se fundó en verano de 1932, medio año antes de que Hitler llegara a la Cancillería. También había una en Eivissa, eso sí, con un número de miembros mucho menor porque la pitiusa no era un destino tan popular entre los alemanes -a día de hoy, su principal mercado turístico sigue siendo el británico-.
“En Ibiza había un roce ideológico entre el grupo de germanos exiliados, de hecho, el grupo de organización ibicenco se puso en contacto con el de Mallorca para presentar una queja -por la existencia de una especie de disidencia contra el NSDAP- que llegó hasta el cónsul”, pormenoriza el periodista de Mallorca Magazin.
En datos, según un artículo de 2017 publicado en la Revista de Estudios Políticos del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, entre mayo 1937 y 1942 se afiliaron más de 4.800.000 personas al partido. La cifra había crecido escandalosamente cuando terminó la Segunda Guerra Mundial: el partido nazi tenía 8,8 millones de afiliados en todo el territorio bajo su control; esto es el 15% de la población con derecho al voto. El principal requisito era ser ario, y secundariamente, no tener antecedentes penales, contar con un trabajo “honesto” y no haberse convertido al islam, entre otros.
Una “fiebre patriótica” derivada del nazismo
Uno de los episodios más llamativos del último periodo de Faber en España fue su amistad con Camilo José Cela, censor durante el franquismo. Ambos se conocieron en 1960, cuando Faber obtuvo un premio de pintura organizado por la galería El Corsario y que estaba presidido por el escritor gallego. La relación se prolongó durante años y estuvo marcada por encuentros frecuentes durante las visitas de Cela a Eivissa.
“En realidad, esto muestra que estaba muy arropado por gente del régimen y que, aún así, ha podido mantener esta ficción -él como figura rupturista- hasta hoy, cuando los americanos han hecho pública la base de datos de afiliados”, conjetura Buades. Por su parte, el experto en memoria histórica Antonio Viñarás añade que, cuando emergió, había una “fiebre absoluta” por el partido de Hitler: “La gente estaba eufórica, confiaba en que iba a traer grandes cambios a la sociedad alemana”. Lo compara, ahora, con el auge de la ultraderecha en Europa.
Sepasgosarian precisa que, efectivamente, en el 39 había una “euforia patriótica” desencadenada por el nazismo y acentuada por la reciente conquista de Polonia. “En el caso de Faber parece más una cuestión oportunista, para quedar bien con las autoridades alemanas y también con las autoridades españolas y poder continuar con sus objetivos vitales”, añade.
En abril de 1939 el Bando Nacional -afín al régimen hitleriano- había derrotado al bando republicano. Durante el conflicto, los alemanes, que ya profesaban amor por Balears y se habían asentado en España, huyeron por miedo, ayudados incluso por la Marina Alemana. “Pero, cuando terminó la guerra, la mayoría quería volver al mar y al sol, y muchos lo hicieron”, añade el periodista.