Debora Morrison y el compromiso de trabajar sin descanso para rehabilitar animales marinos

Hay quienes encuentran su vocación sin previo aviso, a raíz de una persona, un lugar o cualquier otro detonante que irrumpe en sus vidas a modo de revelación. Pero también existen aquellos que por el contrario nacen con ella, como si formara parte de su ADN. A este segundo grupo pertenece Debora Morrison, actual directora de la Fundación Palma Aquarium. Prueba de ello es que ni siquiera recuerda cuándo decidió trabajar con animales — si es que podemos llamarlo decisión —. Más bien fue una certeza, algo que siempre ha sabido.

Ella misma recuerda su infancia como la de “esa niña que llegaba a casa y traía un pajarito herido o un gatito abandonado”, y reconoce que si hay un deseo que comparte con su niña interior es el de ayudar a los animales, sean de la especie que sean. “Si no hubiera trabajado con especies marinas, lo habría hecho con grandes primates”, teoriza.

Afortunadamente, podemos decirle a la Debora del pasado que ha cumplido su sueño, y que además lo ha hecho con creces. No obstante, durante toda su vida se ha cruzado con muchos que denominan su profesión como una utopía, ya que dada la situación crítica que sufre el planeta y, en concreto, algunos ecosistemas marinos,“un granito de arena de poder aportar ante el cambio global que estamos viviendo no es suficiente”.

Trabajo sin descanso para rescatar animales en peligro

La labor de la Fundación Palma Aquarium no entiende de horarios, vacaciones o festivos, ya que se trata del rescate y la supervisión de animales marinos en peligro, con el objetivo de devolverlos a su hábitat natural una vez que estén preparados para ello. “Somos una red de emergencia, con lo cual te pueden llamar a las 3 de la mañana, a las 2 de la tarde, a cualquier hora o un sábado, un domingo, un festivo…”, explica la propia Morrison.

Sin embargo, todo esfuerzo tiene su recompensa, y en este caso no es otro que la reinserción de los animales en peligro que pasan por el centro mallorquín. “Cuando liberas un animal que has recuperado, es un momento de satisfacción, porque todas esas horas de trabajo, todas esas noches sin dormir… Al final se justifican y valen la pena”, relata.

Pero para la directora de la Fundación Palma Aquarium, la parte más importante de su trabajo es otra: la recopilación de datos sobre el comportamiento de estos animales que les permita, tanto a ella como al resto de su equipo, sacar conclusiones fehacientes con las que ayudarlos de manera más eficaz. Con informes completos sobre cuestiones como los motivos por los que varan algunas especies o el impacto de determinados factores externos en sus vidas, se articula una base de datos que sirve como guía para tomar decisiones fundamentadas en pro de su recuperación.

Ciencia e investigación, en constante evolución (y feminización)

El camino de Morrison hacia convertir en profesión su verdadera pasión ha implicado hacer las maletas y salir de España para obtener una formación acorde a sus aspiraciones. En concreto, tuvo que matricularse en la Universidad de Londres para acceder a los estudios que más encajaban con sus expectativas. “Tengo la titulación de Conservador, que aquí no se estila. Los conservadores generalmente suelen ser de museos de arte, pero no con animales. Yo soy conservadora y me especialicé en gestión y manejo de animales exóticos”, detalla. 

En lo relativo a la igualdad de género, ella misma observa profesiones en la que la presencia de hombres y mujeres es muy dispar por cuestiones meramente culturales. “Creo que hay ámbitos y campos de trabajo donde hay menos presencia de la mujer, porque viene arraigado tradicionalmente. Mujeres pescadoras hay muy pocas, pero matronas hombres también hay muy pocos”, argumenta. 

Por el contrario, dentro de su campo de trabajo sí que ha observado una feminización al alza en los últimos años. “En mi sector, en el ámbito científico de investigación, tanto el acceso como la formación como los puestos de responsabilidad, hoy en día creo que no hay una carencia, porque efectivamente creo que hoy por hoy hay más mujeres que hombres, cosa que hace 10 años, 15 años era diferente”, sostiene.

Con la esperanza de que la presencia de las mujeres en su área no vuelva a estar por debajo de la de los hombres, Morrison anima a todas aquellas niñas que tengan esa vocación científica — ya sea natural o adquirida— a que no la dejen pasar, independientemente de un sistema educativo que, a su parecer, pone más énfasis en “memorizar cosas para cubrir un currículum” que en explotar el verdadero talento de cada alumno.

“El mensaje que yo daría a las chicas, a las niñas que nos están viendo es que luchen por su sueño, siempre que busquen ese apoyo, si no lo tienen que lo hablen, que lo debaten, que lo argumenten”, sostiene. En sus propias palabras, todo esfuerzo en esta dirección merece la pena, ya que “es un privilegio trabajar en lo que te gusta, tener un oficio donde tú te sientes satisfecho, donde crees que puedes producir un cambio, donde puedes tener un impacto tan positivo”.