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Ibiza, el laboratorio del lujo que exporta su modelo a Dubái: “La isla ya no vende solo un destino, sino una marca global”

Las puestas de sol de Café Mambo, las fiestas de Ushuaïa o el concepto de los beach clubs de Eivissa han traspasado fronteras. Y es que cada vez más empresas nacidas al calor del turismo ibicenco desembarcan en Dubái para exportar un modelo de negocio basado en el lujo, el ocio y las experiencias exclusivas, mientras el emirato se convierte en el nuevo destino de una marca que ha dejado de ser únicamente turística para convertirse en un activo empresarial global.

Durante los últimos años, Eivissa ha sido el laboratorio en el que han nacido algunos de los negocios más rentables del turismo internacional de mano de empresarios que hoy ponen el foco en el mercado emiratí, convertido en uno de los grandes polos del turismo de lujo y en el siguiente destino para grupos vinculados al ocio, la restauración y la hostelería de lujo, mientras empresas que crecieron allí empiezan también a desembarcar en la mayor de las Pitiüses. Detrás de estos movimientos emerge un circuito empresarial que conecta algunos de los principales escaparates del turismo premium y que tiene un objetivo común: maximizar la rentabilidad de un modelo de negocio construido en torno a la exclusividad.

El fenómeno, en el caso de Eivissa, exporta –a través de restaurantes, discotecas y beach clubs– un modo de entender el ocio y la hospitalidad que la ha convertido en una marca apetecible internacionalmente. El imaginario de la pitiusa se ha transformado ya –y cada vez más– en un activo empresarial a nivel global.

El fenómeno, en el caso de Eivissa, exporta -a través de restaurantes, discotecas y beach clubs- un modo de entender el ocio y la hospitalidad que la ha convertido en una marca apetecible internacionalmente. El imaginario de la pitiusa se ha transformado ya -y cada vez más- en un activo empresarial a nivel global

Empresas vinculadas a la isla han ido acrecentando músculo y abriendo puertas fuera del territorio nacional. Uno de los últimos ejemplos es el hotel-discoteca O Beach, que en 2024 abrió un establecimiento en Dubái tras consolidarse como uno de los beach clubs de referencia de Sant Antoni. También The Night League, el grupo encabezado por Yann Pissenem y responsable de Ushuaïa, Hï Ibiza y UNVRS, desembarcó en el emirato con The Ushuaïa Dubai Harbour Experience, un proyecto desarrollado junto a un grupo hotelero que traslada al golfo Pérsico el modelo de entretenimiento nacido en Platja d’en Bossa, la otra zona enfocada al ocio más potente de Eivissa.

La tendencia alcanza a otros grupos empresariales de la isla. Grupo Mambo, convertido en uno de los principales actores del ocio y la restauración de Sant Antoni, ha reforzado en los últimos años su presencia internacional con distintos proyectos en Dubái. Por otro lado, Lío Ibiza, el cabaret situado en Marina Botafoch que prevé trasladarse al hotel Corso en 2027, también estudió implantarse en el emirato el año pasado, aunque la operación finalmente no prosperó. Ni Grupo Mambo ni The Night League han respondido a las consultas de este diario.

La expansión, que responde a una estrategia de crecimiento empresarial, refleja cómo la marca ‘Ibiza’ se ha convertido en un activo exportable. El ocio, la restauración y el estilo de vida asociados a la isla funcionan hoy como carta de presentación en algunos de los principales destinos internacionales del turismo de lujo, donde el sello insular añade valor a proyectos dirigidos a un perfil de cliente muy similar al que visita la pitiusa.

La expansión, que responde a una estrategia de crecimiento empresarial, refleja cómo la marca ‘Ibiza’ se ha convertido en un activo exportable. El ocio, la restauración y el estilo de vida asociados a la isla funcionan hoy como carta de presentación en algunos de los principales destinos internacionales del turismo de lujo

Grupo Mambo fue uno de los primeros en comprobar ese potencial en 2017, cuando llevó Café Mambo a Dubái mediante una colaboración con promotores locales en Soho Garden, uno de los principales complejos de ocio del emirato, situado cerca de la isla artificial Palm Jumeirah. El recinto, con capacidad para unas 10.000 personas, reúne restaurantes, bares, piscinas, discotecas y un espacio para conciertos en una superficie de 14.000 metros cuadrados.

“Atención, amantes de la música house: la marca de Ibiza famosa en todo el mundo, Café Mambo, llega a Dubái”, anunciaba entonces la empresa para presentar una residencia semanal que prometía un “nivel de servicio sin precedentes”. Fundado en Sant Antoni en 1994 por los hermanos Christian y Alan Anadon, Café Mambo ha convertido sus sesiones al atardecer en uno de los iconos internacionales de Eivissa. En Dubái, la marca ha mantenido ese mismo relato: una propuesta vinculada al house, la puesta de sol y una estética definida como una “mezcla única de lujo ecléctico y elegancia desenfadada”.

Un claro atractivo comercial

La creciente presencia de empresas ibicencas en Dubái no responde -únicamente- a las ventajas fiscales de Emiratos Árabes Unidos. Para José Pérez Montiel, profesor titular del Departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears (UIB), detrás de esta expansión confluyen varios factores que explican por qué el emirato se ha convertido en uno de los mercados naturales para compañías nacidas o consolidadas en la isla, detalla a elDiario.es.

El primero es el propio encaje entre el modelo empresarial desarrollado en Eivissa y el turismo de ultralujo que impulsa la capital emiratí. “Las empresas ibicencas dedicadas a la restauración, el ocio nocturno, la hostelería o los beach clubs cuentan con marcas, conceptos y conocimientos que encajan muy bien en ese entorno”, explica.

La expansión, además, rara vez consiste en reproducir exactamente el mismo negocio. En muchos casos, las empresas llegan al Golfo de la mano de promotores u operadores locales, que aportan el capital, el conocimiento del mercado y la gestión diaria, mientras la compañía ibicenca pone aquello que la ha convertido en una referencia internacional: la marca, el concepto y la experiencia acumulada durante años. “Eso les permite crecer internacionalmente con una inversión propia menor y compartir parte del riesgo”, resume Pérez Montiel.

A ello se suma un entorno empresarial especialmente diseñado para atraer inversión. El economista destaca la agilidad administrativa, la seguridad jurídica, la facilidad para repatriar beneficios, las zonas francas y unas infraestructuras aeroportuarias y logísticas pensadas para convertirse en un gran nodo internacional. “El Estado no se limita a esperar la llegada de inversores, sino que construye infraestructuras, facilita suelo y promueve activamente nuevos proyectos”, señala. Esa estrecha relación entre administraciones, promotores, cadenas hoteleras y grandes grupos empresariales favorece la implantación de marcas extranjeras.

La estrategia responde también a una lógica empresarial muy concreta: reducir la dependencia de la estacionalidad. Mientras la actividad turística de Eivissa se concentra en los meses de verano, Dubái recibe el grueso de visitantes entre otoño y primavera. Esa complementariedad permite mantener activas las marcas durante gran parte del año, conservar equipos de gestión y trasladar conocimientos de un destino a otro.

Exportar el 'modelo Ibiza'

Pérez Montiel encuentra un paralelismo con la expansión que protagonizaron las grandes cadenas hoteleras mallorquinas a finales de los años ochenta y durante la década de los noventa. Aquellas compañías aprovecharon la experiencia acumulada en Baleares para implantarse en destinos del Caribe cuya temporada alta coincidía, en buena medida, con la temporada baja del archipiélago.

Las empresas ibicencas parecen seguir una lógica similar, aunque exportan un producto distinto. Si los grupos hoteleros mallorquines llevaron al extranjero principalmente su conocimiento sobre construcción y gestión hotelera, comercialización internacional y turismo vacacional, las compañías nacidas en Eivissa comercializan hoy activos mucho menos tangibles: marcas, conceptos gastronómicos, beach clubs, ocio nocturno y experiencias vinculadas al estilo de vida que representa la isla.

Ahora bien, diversificar destinos no significa necesariamente diversificar la demanda. “Una empresa puede operar en Eivissa, Dubái y Tulum y seguir dependiendo del mismo tipo de cliente, de consumidores internacionales de renta alta que buscan gastronomía, ocio y experiencias exclusivas”, advierte el economista. La expansión reduce el riesgo asociado a un territorio concreto y a la estacionalidad, pero mantiene la dependencia de la movilidad internacional y de la capacidad de gasto de las clases más acomodadas.

Una empresa puede operar en Eivissa, Dubái y Tulum y seguir dependiendo del mismo tipo de cliente, de consumidores internacionales de renta alta que buscan gastronomía, ocio y experiencias exclusivas

Ese mismo circuito empresarial explica también el movimiento inverso: no solo las empresas ibicencas buscan crecer en otros destinos de lujo; compañías nacidas en enclaves turísticos internacionales empiezan también a instalarse en la balear.

Es el caso de Nômade Temple, una cadena impulsada por Antonio de la Rúa tras desarrollar complejos turísticos en Tulum y Holbox (México) y que ha elegido Eivissa y Madrid para iniciar su desembarco en Europa. Su propuesta va mucho más allá del alojamiento. En la capital ocupa un edificio histórico reconvertido en hotel de cinco estrellas, mientras que en el territorio insular se ha instalado en Portinatx con un establecimiento donde la experiencia gira alrededor del bienestar, la naturaleza y la espiritualidad.

Meditación, baños de hielo, sesiones de DJ, gastronomía, programas de bienestar e incluso una lista oficial de reproducción en Spotify forman parte del universo que comercializa la marca. En su propia presentación, Nômade asegura que busca que el visitante “no solo descubra un destino, sino que emprenda un viaje de transformación personal”. El discurso conecta con una filosofía turística muy similar a la que desde hace años utilizan numerosos establecimientos de alta gama en Eivissa y que pasa por vender una experiencia asociada a un estilo de vida muy concreto, vinculado a un hippismo cada vez más glamuroso. Nômade Temple no ha respondido a la consulta de elDiario.es antes de la publicación de este reportaje.

Meditación, baños de hielo, sesiones de DJ, gastronomía, programas de bienestar e incluso una lista oficial de reproducción en Spotify forman parte del universo que comercializa la marca. En su propia presentación, Nômade asegura que busca que el visitante “no solo descubra un destino, sino que emprenda un viaje de transformación personal”

Interés en el mercado del lujo

Mientras grupos vinculados al ocio y la restauración exportan sus marcas hacia otros grandes destinos turísticos, el modelo económico que las ha hecho crecer continúa transformando el territorio del que surgieron.

Para Macià Blàzquez, investigador de la Universitat de les Illes Balears (UIB), la pitiusa, Dubái, Bali o Tulum forman parte de una misma lógica económica: destinos que logran posicionarse internacionalmente y que terminan atrayendo cada vez más inversión porque ofrecen elevadas expectativas de rentabilidad. “Puede ser tanto en Eivissa como en los Emiratos o en Bali”, resume.

El investigador explica que, en los últimos años, el grupo de investigación en el que participa ha analizado cómo fenómenos como las guerras, las pandemias o las sucesivas crisis internacionales están modificando el turismo. Una de sus conclusiones es que una parte creciente de la oferta turística se orienta hacia segmentos cada vez más exclusivos, lo que termina ampliando las diferencias sociales.

“Por un lado, se encarecen los recursos y, por otro, aparece una búsqueda de refugios por parte de las rentas más altas”, señala. Un fenómeno que, recuerda, no es nuevo en Balears. “Ha ocurrido históricamente con grandes fortunas como la familia March o los Fierro, entre otras, tanto españolas como extranjeras.” Ese desplazamiento de capital no afecta únicamente a quién visita los destinos, sino también a la forma en la que evolucionan. Blàzquez recurre a la teoría del “balancín” del geógrafo Neil Smith para explicar cómo el capital entra y sale continuamente de unos territorios para maximizar su rentabilidad. “El dinero se mueve constantemente buscando dónde puede obtener mayores beneficios”, resume.

Por un lado se encarecen los recursos y, por otro, aparece una búsqueda de refugios por parte de las rentas más altas

En el archipiélago balear, sostiene, ese movimiento puede observarse en la progresiva reconversión del sector turístico hacia establecimientos de mayor categoría. El objetivo ya no es atraer más visitantes, sino visitantes con mayor capacidad de gasto. “El sector turístico está buscando maximizar la rentabilidad de cada cliente”, sintetiza.

Las consecuencias de esa estrategia no son únicamente empresariales. También alteran el acceso al territorio, al mercado de la vivienda y al propio espacio turístico. Blàzquez pone como ejemplo la Ley 1/2020 de turismo responsable, que buscó intervenir en zonas asociadas al turismo de borrachera, como Magaluf. Según su análisis, determinadas áreas atraviesan procesos de degradación que posteriormente facilitan la llegada de nuevos fondos de inversión y operaciones de reposicionamiento -lo que representaría un nuevo movimiento del balancín-. Grandes inversores internacionales, como Blackstone o BlackRock, desembarcan entonces en esos espacios donde es posible incrementar de nuevo la rentabilidad.

La misma lógica, considera el investigador, ayuda a explicar por qué los grandes fondos muestran hoy interés por los mismos destinos que compiten en un mercado internacional donde el lujo se ha convertido en una estrategia para aumentar beneficios. Lo que cambia no es únicamente el lugar donde operan las empresas, sino también el tipo de turismo que terminan construyendo en detrimento de la vida local de sus habitantes.