Yann Pissenem, “el Steve Jobs” insomne que controla la noche de Ibiza
El silencio de la sala lo rompe un murmullo colectivo. Cientos de bocas cuchichean, en el patio de butacas no cabe un alfiler. Cuando entra el hombre que todos esperan lo hace rodeado por una corte de treintañeros y veinteañeros, millennials y miembros de la generación Z, sus empleados de confianza. Le hacen fotos, tratan de tocarlo, alguien sube a la tarima para robarle un abrazo. A la escena le encajarían como un guante las trompetas de la Marcia trionfale de Aida. Yann Pissenem no es un personaje de la ópera que Giuseppe Verdi ambientó en el Antiguo Egipto, pero no resultaría descabellado nombrarlo faraón de la fiesta ibicenca. O, al menos, válido con plenos poderes. Suyo es el cerebro que ha tomado las decisiones que durante los últimos quince años han transformado de arriba a abajo el sector económico que condiciona la temporada turística –y la vida de los habitantes– de la isla.
No es caprichoso que la conversación que Pissenem mantuvo el pasado jueves con Pete Tong –mítico DJ y locutor de la BBC– en el International Music Summit –el congreso anual de la industria de la música electrónica que se celebra en Eivissa– causara tanta euforia. Pissenem habla poco en público y apenas concede entrevistas. La comunicación que acompaña a sus negocios está medida al milímetro. Sin ir más lejos, su responsable de prensa rechazó la posibilidad de que elDiario.es charlara con él unos minutos tras un acto en el que tampoco se abrió turno de preguntas entre el público.
El ocio representa un tercio del PIB ibicenco y Pissenem controla las tres discotecas más potentes de la isla: Ushuaïa, Hï, UNVRS. En 2010, cuando este francés apenas tenía canas en la barba y el pelo, su nombre y la marca de su primer negocio eran –casi– desconocidos. Ahora cuenta con 251.000 seguidores en su perfil de Instagram personal –su primer negocio, 1,6 millones– y más de mil quinientos trabajadores a sus órdenes. En 2024, The Night League –así se llama su empresa– repartió, según El Confidencial, 40 millones de dividendos por los beneficios acumulados durante los cinco años anteriores. Ni siquiera el COVID hizo temblar los cimientos de una pirámide basada en ofrecer música electrónica desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana durante ciento cincuenta días al año. De mayo a octubre no hay descanso para Pissenem.
Pissenem controla las tres discotecas más potentes de la isla –Ushuaïa, Hï, UNVRS– y da trabajo a más de mil quinientas personas
“Ibiza va a seguir siendo siempre Ibiza”
–¿Es la temporada demasiado larga?
Pregunta Pete Tong. Como si implorara una tregua, Yann Pissenem, que en un reportaje publicado por El Mundo en octubre de 2024 confesó que mientras sus discotecas ibicencas mantienen la música prendida él rara vez se va a dormir antes de las ocho de la mañana y se despierta más tarde las once y media, contesta:
–Me encanta el invierno en Ibiza. Para mí, a veces la temporada se me hace demasiado larga porque me gusta tener mi tiempo libre. La isla necesita respirar. Pero claro, que la temporada se alargue es bueno para mucha gente y es más fácil para mucha gente tener más trabajo. Es bueno para la industria y para la gente que viene aquí. Hay que encontrar un balance. Al final, la isla sigue llena hasta Halloween y hasta esa fecha se puede llenar una discoteca fácilmente. (...) La temporada va a ser muy buena, somos una destinación en mitad de Europa a la que puede venir fácilmente todo el mundo. Ibiza va a seguir siendo siempre Ibiza.
Colapso sobre la arena
Sin disimular su acento francés, Pissenem razona de forma muy fluida en inglés, la misma lengua que enseñaba su madre –profesora de idiomas– y en la que se comunica la industria de la electrónica en Eivissa. El empresario también podría hablar en castellano: vivió en Barcelona de 1994 –cuando llegó para estudiar una carrera que no terminó: Turismo– a 2008 –cuando se mudó a la isla– y aprendió a jugar al Monopoly del ocio nocturno “trabajando de camarero” y “organizando afters” que arrancaban cuando el sol ya estaba alto en el cielo.
A los treinta y cuatro –es de la quinta del 74–, Pissenem dio un volantazo: alquiló un bar de playa al final de Platja d’en Bossa, no muy lejos de Space, la discoteca más famosa del momento y donde él recuerda “una de las mejores fiestas” que disfrutó en una de sus primeras a la isla donde años después nacerían sus hijas. Pissenem ha contado alguna vez que en su nueva vida quería dedicarse a servir zumos y tostadas con aguacate, pero, por lo que sea, en aquel negocio playero se dedicó a imitar lo que ya ocurría en otros chiringuitos de la costa: bafles, beats, copazos; una farra sobre la arena. Sus caseros eran los portadores del apellido más poderoso en el microcosmos ibicenco.
–¿Tu socio era la familia Matutes?
Le pregunta Pete Tong.
–Exacto. Yo les alquilaba el beach club.
Responde Yann Pissenem.
–¿Ya se llamaba Ushuaïa?
–Sí, porque aquel rincón de la playa era como el fin del mundo, por eso lo llamé Ushuaïa.
–¿Cómo te diste cuenta de que aquello tan especial se podía convertir en algo más grande?
–Antes de ver al DJ a las tres o cuatro de la mañana dentro de una discoteca, la gente quería disfrutar de una fiesta al aire libre después de comer. Cuando la cola que se formaba era muy larga, larguísima; la playa se empezó a colapsar algunos días y empezó a haber jaleo. Tuve problemas con mi socio: había un hotel detrás, un dos estrellas, de los de todo incluido. Sufrí presiones.
Yann Pissenem no se dejó aplastar. Se reunió con los Matutes, hubo “buenas conversaciones”, “cooperación” y una mudanza para evitar “problemas legales”.
El 28 de mayo de 2011, el hotel Fiesta Club Playa d’en Bossa –un complejo de bungalows– reabrió transformado en una discoteca diurna al aire libre con capacidad de pabellón deportivo: aforo de 7.886 personas. El recinto –rebautizado como Ushuaïa Ibiza Beach Hotel– seguía vendiendo habitaciones, pero en vez de alojar a familias hospedaba a clubbers. Los balcones se habían reconvertido en palcos VIP para disfrutar del sarao desde una atalaya. “Swedish House Mafia y Avicii fueron dos de los primeros grandes nombres que se atrevieron a pinchar por la tarde”, le explicó Pissenem a Pete Tong cuando le preguntó en el IMS por aquellos comienzos. El éxito fue rotundo; los cambios en la manera de entender la fiesta ibicenca, profundos; los beneficios, pingües. Hace dos años, según El Confidencial, los Matutes recibieron otros 40 millones como beneficio de la actividad de Ushuaïa Entertainment, la sociedad que tienen a pachas con The Night League. La familia Matutes ha declinado hacer declaraciones a este periódico.
A la alianza no le faltaron detractores desde el primer momento. Dos ejemplos claros son los Farré, dueños de Amnesia, o la Asociación Noches de Ibiza, dirigida por Pepe Roselló, antiguo gestor de Space, antiguo inquilino de los Matutes: desde que apareció Yann Pissenem, un rey destronado. Amnesia ha acabado abandonando la patronal Ocio de Ibiza por la entrada de UNVRS, una competencia situada a apenas un kilómetro de distancia. Roselló ha sido más incisivo: según su punto de vista, sin la ascendencia política de Abel Matutes Juan –antiguo comisario europeo y ministro de Exteriores con Aznar–, las ambiciones de Abel Matutes Prats –su único hijo varón y principal valedor del francés ante el emporio hotelero– no se hubieran cumplido. Según una carta publicada por Roselló en el digital Noudiari, las influencias de los Matutes que beneficiaron sus proyectos con Pissenem se extendían tanto a derecha como izquierda.
Cuando abrió, Ushuaïa Beach Club Hotel lo hizo sin licencia de sala de fiestas, tal y como reconoció en la prensa local el alcalde de la época, Josep Marí Ribas, Agustinet. Así funcionó durante toda su primera temporada sin que la Administración tomase cartas en el asunto. El equipo de sonido sólo se apagó una tarde. La del 4 de septiembre de 2011. Fue en señal de luto por Abel Ureña, un temporero de veintiocho años que murió tras quedar en coma durante dos semanas después de que José Pereira Sousa, uno de los empleados de seguridad de la discoteca, le diera un puñetazo. El agresor resultó ser un prófugo de la justicia portuguesa que había entrado en la isla con identidad falsa: se llamaba realmente Paulo César Martins Baptista y le cayeron cinco años de condena por homicidio intencionado con la atenuante de “arrebato”. Supuestamente, golpeó a la víctima porque estaba flirteando con su novia.
Ni siquiera ante aquellos hechos violentos, el Ajuntament de Sant Josep de sa Talaia –gobernado por una coalición progresista que encabezaba Josep Marí Ribas, Agustinet, diez años más tarde, conseller de Territori con Francina Armengol en el Govern balear– decretó el cierre. En 2012, el mallorquín Carlos Delgado, conseller de Turisme con José Ramón Bauzá, aprobó una ley que sirvió como paraguas a las actividades complementarias de los hoteles. Es decir, a las fiestas junto a la piscina como las que ya celebraba Ushuaïa.
Lo que ocurrió durante el verano de 2011 fue la semilla de la que creció el imperio que gestiona actualmente Pissenem. En las temporadas sucesivas, ficharía a su compatriota David Guetta dejando tocado al grupo Pacha; finiquitaría la historia de Space para alumbrar en el mismo lugar la discoteca Hï; invertiría 8 millones de euros en “excavar y reformar desde los cimientos” el viejo Privilege; convencería a Will Smith para promocionar su nuevo juguete: la macrodiscoteca UNVRS.
Ushuaïa Beach Club Hotel abrió sin licencias, pero se vio beneficiado por la ley de turismo del PP de 2012 que sirvió como paraguas para las fiestas junto a la piscina como las que ya celebraba el recinto
Entrar este fin de semana al club nocturno más grande de Europa –aforo legal, 10.000 personas– son 160 euros. La tarifa incluye viaje en bus, pero no consumición. “Los costes son mucho más elevados ahora que hace veinte años, cuando empezamos a hacer las primeras fiestas. Intentamos lanzar 4.000 o 5.000 entradas a 60 euros, un precio asequible, y luego vamos ajustando: escalamos precios, optimizamos... Utilizamos muchas herramientas para calcular el precio de las entradas”, se justificó Pissenem en la charla del IMS.
‘Selfies’ con “el pez gordo”
Yann Pissenem suelta el micrófono y se levanta de la silla. Como suele ocurrir en el IMS, la charla ha sido a favor de obra. Pete Tong sólo le buscó las cosquillas cuando le preguntó por “el elefante en la habitación” de “las caravanas acampando ilegalmente en Ibiza: ”¿Cómo estáis lidiando con el hecho de encontrar personal, traerlo a la isla, darles visados...? ¿Has pensado en construir vivienda para los trabajadores?“. ”Sí. Pero tengo que ser mucho más rico para poder hacer eso“, contestó Pissenem antes de exhalar una carcajada.
Escapar del hall en el que se celebra el congreso de música electrónica –dentro del hotel de lujo que Mondrian tiene en la isla– es más complicado para el padre de Ushuaïa. Los admiradores bloquean la salida y el ídolo no rehuye el tête-à-tête: autorretratos, tarjetas de visita, manos que quieren tocar la camiseta negra que –como los genios de Silicon Valley– viste el francés.
“Yann Pissenem es el Steve Jobs del ocio nocturno”, sentencia Deniz Reno. Podría decirse que esta DJ y productora canadiense ha volado desde Toronto a Eivissa sólo para presentarse al empresario. Y no es una cualquiera: su música acumula cientos de miles de reproducciones en Spotify y, el verano pasado, el sudafricano Black Coffee –uno de los rostros que aparecen en los carteles con los que The Night League empapela media isla cuando se acercan las aperturas de las discotecas– pinchó uno de sus temas. Acercarse a Pissenem le ha permitido, de rebote, conocer a un abogado de Los Ángeles. Se llama Dorsey E. Hairston, está especializado en “representar a profesionales música dance” y ha viajado por primera vez a la isla con un objetivo entre ceja y ceja:
–Mi bufete se llama Safari porque este mundillo es una jungla. Un puñado de personas manejan todo el negocio, ¡es lo que hay! Para tratar con mis clientes tengo que tratar de entender qué es lo que hacen los tipos más exitosos de la industria. Cada día miles de profesionales envían correos para conseguir lo que he conseguido ahora: darle la mano y mi contacto a un tipo como él. Para eso he venido aquí. Ibiza es algo que se escapa de lo común, no hay otra escena de electrónica como la de esta isla.
–¿Ni siquiera en Las Vegas?
–Ni siquiera en Las Vegas.
“Siempre me han interesado menos las celebrities que se ponen delante de los focos”, añade Deniz Reno, “que los personajes que mueven los hilos en el backstage: ellos levantan la estructura para que todo el negocio funcione. Son constructores, los arquitectos de esta industria. De sus decisiones dependen cientos, miles de empleos. Yann Pissenem es como un big kahuna; el pez gordo. ¿Te has fijado que estaba todo su equipo aquí con él? Son los peces que nadan alrededor de la ballena”.