Serpientes invasoras de hasta dos metros han aprendido a nadar en Ibiza y arrasan con las lagartijas endémicas

Nicolás Ribas

15 de mayo de 2026 08:05 h

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La lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis) está en peligro de extinción. Desde hace dos décadas, vive amenazada por la introducción artificial de una especie invasora, la serpiente de herradura (Hemorrhois hippocrepis), que se alimenta de ella y otros mamíferos. En solo 15 años ha pasado a colonizar el 90% del territorio de Eivissa, lo que amenaza el equilibrio ecológico de las islas, así como la supervivencia de esta especie. Antes de su progresiva desaparición, existían unas cuarenta subespecies de la lagartija en las Pitiüses, una especie endémica de estos dos pequeños territorios del archipiélago balear. “Podría desaparecer por completo”, concluye una investigación del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales), encabezada por Oriol Lapiedra.

La función de la lagartija pitiusa para los ecosistemas pitiusos es de suma importancia: poliniza la mayoría de flores, controla plagas porque se alimenta de insectos y dispersa semillas. Esta especie también se encuentra en Formentera y en casi cuarenta islotes de sus alrededores, lo cual ha dado lugar a “poblaciones con coloraciones únicas en cada zona”. De hecho, esta especie es una de las que presentan “más variaciones de color en todo el mundo”, lo que ha generado mucho interés entre la comunidad científica internacional. La gran variedad de colores –con tonos verdes, marrones, grises, azules y negros– es el resultado de “miles de años de adaptación a distintos hábitats y del aislamiento genético de los islotes”. “Perder estas poblaciones evolutivamente únicas significa que nunca volveremos a ver ejemplares iguales”, advierte Guillem Casbas, investigador predoctoral del CREAF y uno de los principales autores del estudio.

Debido a la introducción artificial de las serpientes a través de olivos, el anterior Govern de Francina Armengol limitó la entrada de estos árboles a ciertos meses del año, siendo Miquel Mir conseller de Medio Ambiente y Territorio. “La ley está muy bien, pero debería haber entrado en vigor en 2015”, afirmó a este diario Antònia Maria Cirer, catedrática de Ciencias Biológicas. Se cree que las serpientes fueron detectadas por primera vez en Eivissa hacia el año 2003, pero no fue hasta 2010 cuando se publicaron los primeros estudios científicos sólidos que certificaron su asentamiento en la isla.

Los principales resultados de la investigación del CREAF apuntan a que la serpiente de herradura se ha expandido “por casi toda la isla” y que ya “ocupa más del 90% del territorio”. “Ha devorado a la mayoría de ejemplares de la lagartija endémica, que no estaba acostumbrada a este nuevo depredador”, señalan las conclusiones. Sobre ello, se están publicando varios estudios científicos: uno de los más relevantes en la revista Ecology –además de quienes lo firman, contó con la participación del Consorcio de Recuperación de Fauna de las Illes Balears y el Servicio de Agentes de Medio Ambiente, ambos dependientes del Govern; la Asociación Herpetológica Española (AHE) y la Universidad de Granada–. Este estudio constata que estas serpientes no solo han arrasado con las lagartijas de Eivissa, sino que, al ser capaces de nadar por el mar, “también están extinguiendo poblaciones con coloraciones únicas de los islotes cercanos”.

Según el estudio, las serpientes ya ocupan más del 90% del territorio, han devorado la mayoría de ejemplares de la lagartija endémica y 'también están extinguiendo poblaciones con coloraciones únicas de los islotes cercanos'

Los investigadores señalan que este comportamiento “no se había observado en esta especie ni, de hecho, en casi ningún otro caso en el mundo”, ya que hasta ahora se consideraba “muy poco probable que una serpiente colonizara activamente otros territorios nadando”. Uno de los motivos, afirman, podría ser que las serpientes ya han agotado “buena parte del alimento” en Eivissa. El grupo de investigación está salvando algunos de estos ejemplares que se encuentran en dichos islotes, trasladando a estas subespecies de la lagartija ibicenca al Zoo de Barcelona, en colaboración con la Conselleria de Medio Natural. Pese a todo, se ha constatado la extinción de las poblaciones únicas de lagartija en diez islotes.

Este diario ya informó de que este pasado invierno iba a ser el primero en el que la Conselleria de Medio Natural no iba a retirar las 63 trampas que había colocado en el Parc Natural de ses Salines, donde esta especie endémica ha visto reducidas sus poblaciones en hasta un 70%, según el grupo ecologista GEN-GOB. “Las lagartijas están desapareciendo a medida que el territorio va siendo colonizado por las serpientes”, cuenta Agnès Vidal, educadora ambiental.

Colonización de los islotes

La extinción de las poblaciones únicas de lagartija en 10 islotes va más allá y constata una “pérdida irrecuperable”, ya que “no existen más en ningún otro lugar del mundo”. Los científicos señalan que, al tratarse de islotes pequeños, la extinción “sucede muy rápidamente”, ya que en cuestión de pocos meses “unas pocas serpientes pueden acabar con toda la población”. Entre ellos, la extinción se ha producido en los islotes de Santa Eulària y de s’Ora.

Tomàs Bosch, jefe del Servicio de Protección de Especies –dependiente de la Dirección General de Medio Natural y Gestión Forestal del Govern–, señaló a este diario que las trampas para serpientes se iban a mantener activas tanto en zonas costeras como en los islotes. Por ejemplo, se prospectaron todos los islotes del Parc Natural de ses Salines, aunque no se encontraron indicios de invasión de serpientes, excepto en el islote Escull d’en Terra, donde se capturó una serpiente de herradura. Como medida preventiva, se instalaron también trampas en el islote d’en Caragoler.

Los investigadores detallan que al principio pensaban que los islotes “estaban protegidos” de la serpiente, que no tenía forma de acceder a ellos con el mar de por medio. “Cuando empezamos a detectar las primeras serpientes pensábamos que se trataba de introducciones accidentales, quizá vinculadas a embarcaciones o al transporte humano. Pero, a medida que recopilamos vídeos, fotografías y testimonios de serpientes nadando en mar abierto, entendimos que eran capaces de llegar por sí mismas”, asegura Oriol Lapiedra, investigador del CREAF.

Cuando empezamos a detectar las primeras serpientes pensábamos que se trataba de introducciones accidentales, quizá vinculadas a embarcaciones o al transporte humano. Pero, a medida que recopilamos vídeos, fotografías y testimonios de serpientes nadando en mar abierto, entendimos que eran capaces de llegar por sí mismas

Para realizar el estudio, el grupo de investigación ha combinado trabajo de campo, trampas para detectar serpientes, comparación de censos actuales y antiguos, grabaciones, fotografías y observaciones verificadas de pescadores y ciudadanos. En el caso del islote de Santa Eulària instalaron 12 trampas y capturaron hasta 58 serpientes entre 2023 y 2025. Además, compararon las poblaciones de lagartijas con un censo realizado en 2016. “Mientras que ese año se habían registrado 72 lagartijas, en 2023 solo se detectaron tres y en 2025 ya no se observó ningún ejemplar, confirmando la extinción local de la población”, lamenta Guillem Casbas, investigador predoctoral del CREAF.

Los investigadores explican que la “invasión” de los ofidios empezó hace dos décadas. Al principio, la serpiente se estableció poco a poco en zonas muy concretas, pero entre 2010 y 2015 empezó “una fase de expansión imparable”. A inicios de la década, se estima que la serpiente ocupaba menos del 5% del territorio ibicenco. Sin embargo, este porcentaje aumentó hasta aproximadamente el 40% en 2016 y ya superaba el 90% en 2025. “De hecho, cuando la serpiente conquista una nueva zona de la isla puede tardar menos de tres años en extirpar toda la población de lagartijas; la invasión se mueve como un incendio, con un frente que avanza a medida que se acaba la comida”, añade Lapiedra.

La invasión se mueve como un incendio, con un frente que avanza a medida que se acaba la comida

Podría desaparecer en Formentera

Además de lagartijas, los ofidios se alimentan de ratones, murciélagos, aves y musarañas. “Esto, junto con la desaparición de la lagartija, provoca efectos ecológicos en cascada muy preocupantes, porque dejan de realizarse funciones clave como polinizar flores y plantas cultivadas; la dispersión de semillas; la regulación de la población de insectos, que puede evitar plagas; o el desplazamiento de otros depredadores que se quedarán sin alimento, como algunas aves que se alimentan de pequeños mamíferos”, lamenta el investigador. 

Lapiedra lanza una advertencia: la serpiente no tiene competidores y está tan bien alimentada que se han capturado algunos ejemplares muy grandes, de hasta 2 metros. Es decir, “un 200% más grandes que los de la península”. El problema también ha llegado a la pitiusa del sur, donde esta especie vive con variaciones genéticas y un color diferente. Allí ya se han empezado a observar ofidios y, dado que se trata de una isla muy pequeña, “una explosión demográfica de la culebra de herradura podría implicar la desaparición de las lagartijas en pocos años”.