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ANÁLISIS

Amistades peligrosas: cómo se fraguó el apoyo incondicional de Alemania a Israel y por qué empieza a pasarle factura

11 de julio de 2026 21:52 h

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En una reciente entrevista tras la publicación de su libro Ungrounding, The Architecture of Genocide, el arquitecto israelí Eyal Weizman se pregunta: “¿Cómo es posible que un defensor israelí de los derechos humanos, miembro de una familia superviviente del Holocausto, esté señalado en Alemania por antisemitismo? ¿Cómo hemos llegado a esto?”.

La respuesta, sin duda, no es sencilla, pero un breve repaso a las privilegiadas relaciones que han desarrollado Alemania e Israel desde el Holocausto nos puede aportar algunas claves interpretativas. Una de las señas de identidad de la política exterior alemana es su respaldo incondicional a Israel, país al que considera representante legítimo de la comunidad judía. Este compromiso va más allá de la defensa de su derecho a la existencia o el mantenimiento de su seguridad, ya que implica también el apoyo al apartheid en Cisjordania y al genocidio en Gaza, como se ha demostrado en el curso de los últimos años.

Apoyo económico y militar

En 1952, la República Federal Alemana ofreció a Israel una cuantiosa ayuda (unos 9.000 millones de dólares al cambio actual) durante un periodo de 12 años para tratar de compensar su responsabilidad en el Holocausto. Por medio de dicha ayuda, Bonn se convirtió en el principal socio comercial de Israel por delante, incluso, de Francia o Estados Unidos en los primeros años de andadura del Estado hebreo, lo que fue vital para impulsar su economía y para facilitar la absorción de los cientos de miles de judíos que llegaron en las décadas posteriores a su fundación, en 1948.

Las relaciones bilaterales entraron en una nueva fase tras la guerra de Suez en 1956, cuando las autoridades de Alemania occidental se comprometieron a proporcionar una valiosa ayuda militar, incluidos tanques, helicópteros y armamento variado para combatir al frente progresista liderado por el Egipto de Gamal Abdel Naser. Este acuerdo se mantuvo en secreto durante años para evitar que la Organización de Países Productores de Petróleo adoptara represalias y restringiera la venta de petróleo.

Finalmente, en 1965, ambos países establecieron plenas relaciones diplomáticas, lo que llevó a la mayor parte del mundo árabe a romper sus vínculos con Bonn. La República Democrática Alemana, por el contrario, siempre mostró su solidaridad con el movimiento de liberación nacional palestino.

Tras la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, el respaldo inquebrantable de Israel se convirtió en “una razón de Estado”, tal y como proclamó en 2008 la canciller Angela Merkel ante la Knéset, el Parlamento israelí. Las principales formaciones del arco político, incluida la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), coincidieron en la necesidad de garantizar la seguridad de Israel frente a amenazas externas.

No obstante, esta doctrina pasaba por alto que era Israel, como potencia ocupante de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, quien representaba una amenaza para la estabilidad de Oriente Medio debido a su intento de imponer, por la fuerza de las armas, un Gran Israel entre el río Jordán y el mar Mediterráneo a costa de los derechos nacionales palestinos.

Silencio cómplice del genocidio

Tras los ataques del 7 de octubre de 2023, los principales dirigentes alemanes visitaron Israel para mostrar su solidaridad y reivindicar su derecho a la autodefensa, incluida la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von Der Leyen.

El canciller Olaf Scholz recurrió a la responsabilidad histórica de Alemania para ofrecer, una vez más, su respaldo incondicional a la campaña militar israelí contra Hamás y mantuvo un silencio cómplice ante la destrucción sistemática de infraestructuras civiles y el desplazamiento forzado de dos millones de palestinos en la Franja. Tampoco alzó la voz para condenar la interrupción del acceso a alimentos, agua y medicinas en un claro castigo colectivo contra el conjunto de la población de Gaza, un claro crimen de guerra, según los Convenios de Ginebra de 1949.

Tras la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, el respaldo inquebrantable de Israel se convirtió en “una razón de Estado”. Las principales formaciones del arco político, incluida la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), coincidieron en la necesidad de garantizar la seguridad de Israel frente a amenazas externas

El 7 de noviembre de 2024, el Parlamento alemán aprobó una resolución titulada “Nunca más es ahora”, en la que se equiparaba cualquier crítica al Estado de Israel o al sionismo con un acto de antisemitismo, lo que ha permitido la prohibición de manifestaciones de solidaridad con Palestina o la cancelación de conferencias y congresos sobre la situación en Oriente Medio, entre ellas las impartidas por el propio Eyal Weizman y la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese.

Con el pretexto de defender la preservación de la memoria del Holocausto, Alemania ha criminalizado a aquellas voces que condenan el apartheid en Cisjordania y el genocidio en Gaza. Según esta doctrina, los judíos deben ser considerados víctimas eternas y, por lo tanto, nunca pueden asumir el papel de verdugos, lo que en la práctica les otorga un cheque en blanco para proseguir su limpieza étnica y la expulsión de la población palestina de sus hogares. Todo ello viene a demostrar que el antisemitismo del pasado ha sido reemplazado por la islamofobia del presente, ya que se niega a los palestinos su condición de víctimas.

Respaldo diplomático incondicional

El respaldo incondicional a Israel no se limita a la escena doméstica, sino que Alemania también ha adoptado una serie de decisiones en el ámbito diplomático para garantizar la impunidad israelí. Cuando Sudáfrica denunció ante la Corte Internacional de Justicia a Israel por perpetrar un genocidio en diciembre de 2023, Alemania anunció que se personaría ante el tribunal de La Haya en defensa de Israel.

En la Asamblea General de la ONU, Alemania votó en contra o se abstuvo a varias propuestas de alto el fuego. Para culminar esta deriva, en enero de 2024 anunció que retiraba su financiación a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), justo en el momento en que su labor era más necesaria que nunca ante el intento de diezmar a la población refugiada en la Franja de Gaza.

En la Unión Europea, Berlín ha vetado cualquier sanción contra Israel por los crímenes de guerra y lesa humanidad que ha perpetrado en Gaza en los últimos dos años y medio. Cuando España, Irlanda y Eslovenia exigieron en febrero de 2024 la suspensión del Acuerdo de Asociación debido a sus reiteradas violaciones de los derechos humanos por parte de Israel, Alemania torpedeó dicha iniciativa.

Recientemente, Berlín impidió que se impusieran sanciones a los ministros más radicales del Gobierno de Benjamín Netanyahu, Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir, a pesar de su implicación activa en la limpieza étnica de Cisjordania y Gaza y en las sistemáticas torturas que sufren los prisioneros palestinos.

No solo eso, sino que Alemania se ha convertido en un cómplice necesario del genocidio como segundo proveedor de armas a Israel después de Estados Unidos. En la actualidad, Alemania proporciona a Israel el 30% de las armas con las que ha devastado por completo la Franja de Gaza y ha asesinado, al menos, a 73.000 palestinos (entre ellos, 22.000 niños). En los últimos veinte años, ha vendido armamento por valor de 3.600 millones de dólares, que han servido para perpetrar incontables crímenes de guerra y lesa humanidad.

Con el pretexto de defender la preservación de la memoria del Holocausto, Alemania ha criminalizado a aquellas voces que condenan el apartheid en Cisjordania y el genocidio en Gaza. Según esta doctrina, los judíos deben ser considerados víctimas eternas y, por lo tanto, nunca pueden asumir el papel de verdugos, lo que en la práctica les otorga un cheque en blanco para proseguir con su limpieza étnica

Este respaldo incondicional no cesó ni tan siquiera cuando una comisión independiente de la ONU concluyó, en septiembre de 2025, que Israel estaba perpetrando un genocidio en Gaza. Finalmente, la presión popular obligó al Gobierno alemán a revisar temporalmente su posición. Una encuesta realizada en septiembre de 2025 por YouGov puso de manifiesto que casi dos de cada tres alemanes consideraban que Israel estaba perpetrando un genocidio en Gaza, lo que llevó al Ejecutivo a congelar la exportación de armamento durante un periodo de tres meses.

Ese embargo se reanudó tras la firma de un supuesto “alto el fuego” patrocinado por el presidente Donald Trump, en octubre de 2025, que no ha servido para detener el genocidio, sino que ha consagrado la impunidad israelí. A pesar de las violaciones sistemáticas de dicho acuerdo, que se han traducido en más de un millar de asesinatos en los últimos seis meses, Alemania ha seguido proporcionando armamento a Israel con el que proseguir sus matanzas ahora en El Líbano.

Esta semana, el ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, visitó Jerusalén, donde se reunió con su homólogo israelí, Gideon Saar, y anunció una ayuda de 5 millones de euros para la institución oficial israelí de conmemoración del Holocausto, Yad Vashem.

Parece evidente que Alemania ha antepuesto la denominada razón de Estado y su responsabilidad histórica con Israel a su compromiso con el derecho internacional y los derechos humanos, lo que va en contra de su propia Constitución.

El incondicional respaldo del Ejecutivo alemán a los crímenes israelíes está provocando una creciente brecha entre gobernantes y gobernados, toda vez que cuatro de cada cinco alemanes son críticos con las prácticas del Gobierno israelí y piden un replanteamiento de las relaciones bilaterales al considerar que perjudican su imagen internacional y van en contra de su propia legislación.

Cuando Rusia invadió Ucrania, Alemania denunció con vehemencia la violación del derecho internacional y se movilizó con rapidez para defender la soberanía ucraniana. En el caso de la Franja de Gaza, Alemania se puso del lado del agresor y no del agredido, poniendo en evidencia la existencia de un doble rasero. Este apoyo inquebrantable al Gobierno israelí le está empezando a pasar factura.

Por primera vez, su candidatura a uno de los diez puestos rotatorios del Consejo de Seguridad no ha logrado los votos suficientes, lo que ha sido interpretado como un castigo a su respaldo al genocidio israelí. Esta derrota ha puesto en evidencia que Alemania está cada vez más aislada en la escena internacional, lo que tarde o temprano le acabará pasando factura también a escala europea.