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ENTREVISTA Candidato demócrata al Congreso por Pensilvania

Chris Rabb, el candidato que desafía el sistema: “Llevamos generaciones asesinando a líderes extranjeros; es lo que mejor se le da a EEUU”

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
23 de octubre de 2026 22:40 h

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Chris Rabb (Chicago, 1970) está a punto de convertirse en una de las voces más progresistas de la Cámara de Representantes que salga de las urnas el próximo 3 de noviembre. Miembro de Democratic Socialists of America (DSA), ganó las primarias demócratas en Pensilvania en mayo pasado, siendo el primero de la nueva ola de candidatos socialistas democráticos que se han impuesto en distintos procesos de primarias de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato.

“Hay gente que puede que sea bastante ambiciosa, a la que el sistema no acepta por la razón que sea, legítima o no, y que está molesta porque no puede entrar en el club. Y luego hay gente como yo, que quiere quemar el club”, ha afirmado Rabb, quien añade en esta entrevista: “Ser demócrata solo porque no eres republicano no es suficiente”.

Ganó las primarias en Pensilvania. ¿Cuáles cree que fueron las claves de su victoria, por qué ganó y qué es lo que propone?

Llevé a cabo una campaña muy de base. Existe una gran preocupación por las instituciones estadounidenses que antes creíamos fuertes y permanentes, pero que no lo son. Hemos llegado a un punto de inflexión en nuestra sociedad en el que tenemos que cuestionar el valor intrínseco de las propias instituciones. ¿Están realmente al servicio del bien público? ¿Son elementos que ayudan o que obstaculizan una democracia multirracial? Y si consideramos que esas instituciones no sirven a nuestros intereses colectivos, entonces debemos analizarlas.

No podemos limitarnos a aceptarlas de forma automática solo porque eso es lo que han hecho las generaciones anteriores; por eso la gente quiere un cambio audaz y no se conforma con un mero giro retórico en la campaña electoral. De hecho, quiere verlo puesto en práctica. Se trata de cosas que son muy habituales en Europa, pero que aquí se consideran radicales, como un acceso a la sanidad que sea asequible, cómodo y de alta calidad, algo de lo que no disfrutamos en Estados Unidos.

Queremos un servicio universal de guarderías y muchas otras cosas que resultan demasiado caras, incluso para los hogares de clase media. Estamos viendo que lo que es más necesario para sobrevivir es, de hecho, lo que se está volviendo más inalcanzable para la clase trabajadora; y si no estás dispuesto a reconocerlo y a proponer políticas para abordarlo, probablemente no vas a tener la misma popularidad en un ciclo electoral determinado que en el pasado.

Como resultado, fui el único de los cuatro candidatos –tres viables– que contaba con las políticas más audaces y sustantivas, además de la trayectoria que demostraba que lo que decía era algo que ya había estado haciendo a nivel estatal como legislador. Tenía, por tanto, un historial de presentar proyectos y defender estas cuestiones mucho antes de que decidiera presentarme al Congreso.

¿Qué importancia tienen en esta campaña la organización, el puerta a puerta y la movilización que está llevando a cabo? Hemos visto muchos ejemplos en los que los candidatos progresistas han sido capaces de movilizar a un gran número de voluntarios. ¿Qué peso tiene la organización en todo esto?

Es muy importante y entran en juego tres factores. El primero es que seas un candidato dispuesto a participar en este tipo de organización de base: ¿te interesa?, ¿estás comprometido a hacerlo?

En segundo lugar, ¿tienes suficiente apoyo para ello? Porque puede haber gente que diga: “Oh, quiero hacer una campaña de base”, pero luego no tiene acceso real a las bases.

Y, en tercer lugar, ¿puedes recaudar el dinero necesario para dotar de la infraestructura que permita que esa organización de base prospere?

Yo pude cumplir con estas tres condiciones, mientras que mis otros dos principales oponentes no estaban comprometidos con este modelo.

Una de las candidatas nunca había dirigido una campaña en su vida, y la otra persona se basaba en la forma más convencional de hacer campaña, que consistía en conseguir el respaldo de políticos y recaudar fondos de personas adineradas del ámbito corporativo.

Esa era su estrategia. La mía consistía en movilizar a pequeños donantes, a los jóvenes y a todas las personas que deseaban un cambio real y querían prestar su apoyo llamando a las puertas de sus vecinos.

Hay gente que puede que sea bastante ambiciosa, a la que el sistema no acepta por la razón que sea, legítima o no, y que está molesta porque no puede entrar en el club. Y luego hay gente como yo, que quiere quemar el club

Hablamos muchas veces de cómo ustedes, los progresistas, están cambiando la brújula política del Partido Demócrata, pero también se trata de cómo financiar el proceso electoral. En Estados Unidos se gastan miles de millones en campañas, y el candidato elegido suele devolver esa financiación con políticas. Pero ustedes quieren ser un ejemplo de cómo salir elegido sin esas hipotecas. ¿Hasta dónde puede llegar esto, dado el entorno político de Estados Unidos?

Sin duda va a ser cada vez más fácil, porque aquellos de nosotros que no somos ricos y no recaudamos fondos de los comités de acción política de las empresas pronto seremos los que estemos dentro de la institución. Esto significa que será más difícil que la gente nos derrote, ya que ejercer el cargo ofrece una gran protección. A medida que los candidatos de base se conviertan en cargos públicos, puede que no necesitemos recaudar tanto dinero como el que recaudamos para llegar aquí.

Seguiremos necesitando recaudar fondos para protegernos de los rivales en 2028 y 2030, entre otros ciclos, cuando los intereses corporativos no quieran que sigamos en el cargo. Pero contamos con nuestro reconocimiento público, nuestra condición de cargos institucionales, nuestra trayectoria y el hecho de que cada vez más gente quiere apoyar a miembros del Congreso como nosotros.

Esto también facilitará el camino a la próxima oleada de candidatos progresistas, ya que podrán ver: 'Vaya, el diputado Rabb lo consiguió en Filadelfia; Kiros lo hizo en Denver; McKinney lo logró en Detroit; y Valdez y Chevalier lo consiguieron en Nueva York'. Y pensarán que hay un camino claro a seguir.

El reto, sin embargo, es que todos procedemos de zonas urbanas, muy azules [demócratas], por lo que la próxima oleada estará formada por personas que quizá no sean de zonas tan urbanas y con una orientación tan marcadamente demócrata. Eso podría suponer un mayor desafío. Pero si nuestras ideas y nuestros avances en el Congreso son considerables, quizá más gente de las zonas suburbanas se sienta más inclinada a apoyar las ideas progresistas si percibe que mejorarán su calidad de vida y abordarán cualquier otro asunto que le preocupe.

Eso es difícil de asegurar ahora mismo. La gente que vive en barrios periféricos más bien acomodados o incluso de clase trabajadora es un grupo muy voluble. Son cada vez más diversos, pero durante mucho tiempo han sido abrumadoramente blancos. En cada ciclo electoral oscilan entre apoyar a los demócratas y a los republicanos, y resulta muy frustrante porque sus intereses no deberían coincidir con los de los republicanos y, sin embargo, por diversas razones, toman decisiones realmente malas.

Existe una suerte de consenso general de que para ganar elecciones hay que orientarse hacia el centro, pero ustedes están ganando primarias y algunas elecciones, como en la ciudad de Nueva York y otras, orientándose hacia la izquierda, con Gaza, el movimiento por la vivienda asequible, la campaña por gravar a los ricos...

Hay una diferencia entre hacer campaña desde el centro moral y hacerlo desde el centro político, y no creo que tenga mucho sentido hacer campaña desde el centro político, porque allí no hay mucha sustancia, mientras que el centro moral está muy claro.

Si te opones al imperialismo, si te opones al militarismo, si te opones al genocidio, si te opones a la discriminación por motivos de raza, género, origen nacional, etcétera, entonces tienes unas opciones muy claras. Si nos guiamos por ese imperativo moral, vamos a atraer a más y más gente al proceso electoral, porque hay muchísimos votantes que se abstienen porque sienten que no hay una gran diferencia entre demócratas y republicanos.

Y aunque eso no sea necesariamente cierto desde una perspectiva política, si demasiados demócratas y republicanos aceptan dinero de las mismas empresas y de los mismos miembros del establishment, tendrán miedo de proponer políticas audaces que realmente vayan a mejorar la vida de la gente en un futuro previsible. A efectos prácticos, es como si fueran el mismo partido, un partido dominado por los corporativistas. Esos son los demócratas.

Y los republicanos están dominados por los oligarcas, pero aquí está el problema: ambos se alimentan mutuamente porque los corporativistas refuerzan a los oligarcas. Si entiendes el fascismo, algo que la mayoría de los estadounidenses apenas está empezando a comprender ahora, entiendes que esta forma de autoritarismo consiste en cooptar a las empresas para que hagan el trabajo del régimen en el poder.

Y eso se puede ver en nuestros medios de comunicación. Los medios corporativos se están concentrando en unas pocas manos de familias adineradas vinculadas al régimen de Trump, censurando contenidos, realizando purgas de periodistas y dejando de informar de manera imparcial. Como resultado, si eres demócrata y no te pronuncias en contra de estas manifestaciones de fascismo y autoritarismo, en realidad estás ayudando a los republicanos. Eso es lo que quieren los oligarcas, ya que son ellos los aliados del régimen; por eso es necesario que la gente tenga una alternativa.

Muchos piensan: 'No quiero votar a los demócratas si no son más que una extensión de Wall Street y de las grandes empresas'. Por eso necesitan que los que venimos de la izquierda, desde dentro del Partido Demócrata, formemos parte de él; en nuestro actual proceso electoral no hay espacio para incluir a múltiples partidos más allá del Partido Demócrata.

Es muy difícil, si no eres demócrata ni republicano, ser elegido para un cargo en la mayoría de los niveles: local, estatal y federal. Así que quienes nos presentamos desde la izquierda lo hacemos dentro de ese duopolio político, ya sea para mejorar el Partido Demócrata, ampliarlo e impulsarlo a través de políticas progresistas, o bien para crear una oportunidad a largo plazo que rompa este duopolio y genere más opciones que reflejen mejor la diversidad de pensamiento del electorado estadounidense.

Si te opones al imperialismo, si te opones al militarismo, si te opones al genocidio, si te opones a la discriminación por motivos de raza, género, origen nacional, etcétera, entonces tienes unas opciones muy claras. Si nos guiamos por ese imperativo moral, vamos a atraer a más y más gente al proceso electoral, porque hay muchísimos votantes que se abstienen porque sienten que no hay una gran diferencia entre demócratas y republicanos

En una ocasión usted afirmó que no le interesa unirse al club, sino más bien prenderle fuego.

Soy demócrata únicamente porque es la mejor opción en un duopolio actual profundamente defectuoso. A menos que y hasta que el Partido Demócrata pueda adoptar el tipo de progresismo que esté en consonancia con mis valores, la mía será una relación a regañadientes. Su mayor valor es no ser republicano, y eso no es suficiente.

Así que, si no hacemos un hueco para quienes estamos en la izquierda dentro del Partido Demócrata, tendremos conversaciones mucho más difíciles de aquí en adelante. Esto va a requerir un cambio estructural, porque ninguna reforma del actual duopolio político será suficiente.

No hay espacio, y una de las razones por las que no lo hay es que, en los años 20 y 30, comunistas, socialistas y otros se presentaban contra demócratas y republicanos y ganaban en todo el país. Aquí en Pensilvania, en particular, ganaban a tal ritmo que demócratas y republicanos se unieron y cambiaron las leyes para beneficiar a lo que se ha convertido en nuestro actual duopolio en este estado.

Así pues, debido al éxito de los candidatos de izquierda hace un siglo, lo hemos pagado muy caro desde entonces. Por eso tenemos que aprender de nuestros éxitos y de nuestros errores para averiguar cómo nos abrimos un espacio para presentarnos a las elecciones y gobernar desde nuestro punto de vista político. Será un trabajo arduo que no se va a resolver en un ciclo electoral, ni siquiera en las presidenciales de 2028.

Las encuestas prevén un cambio en la mayoría en la Cámara de Representantes y probablemente también en el Senado. Usted llegará al Congreso. ¿Cuáles cree que deberían ser los temas principales en la nueva legislatura?

Considero prioritarias varias medidas. Una es Medicare para Todos, que es básicamente la sanidad universal. La segunda es un salario digno para todos, ya que el salario mínimo federal actual es de 7,25 dólares y equivale a un salario de pobreza. Deberíamos restaurar la deducción fiscal por hijos, que redujo la pobreza infantil en EEUU casi a la mitad en solo un año bajo la Administración de Biden, y esa no fue precisamente una Administración demócrata de izquierdas.

También podemos gravar a los multimillonarios, establecer una moratoria más estricta sobre los centros de datos y aumentar la regulación de la inteligencia artificial. Podemos aprobar medidas para asegurarnos de que no compartimos información militar sensible con una nación extranjera, en este caso, Israel, y poner fin a nuestra complicidad en el genocidio de Gaza. Asimismo, podemos frenar la guerra en Irán y exigir responsabilidades a estos matones sin ley vinculados al régimen de Trump.

El Congreso de EEUU tiene la autoridad para citarlos a comparecer y para exigir responsabilidades a esta gente, y no solo a Trump. No debemos ceder ninguna de las competencias que tenemos. El coste de la vida y la corrupción son las dos caras de la misma moneda.

A la gente le preocupa el aumento del coste de la vida y el estancamiento de los salarios. Y, por otro lado, les preocupa, o les indigna, cómo Trump y sus secuaces pueden mentir, engañar y robar y salirse con la suya, mientras que, si una persona corriente comete un error, podría acabar en la cárcel el resto de su vida.

Pensilvania tiene el segundo mayor número de personas condenadas a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, incluso por delitos en los que no apretaron el gatillo que causó la muerte de alguien. Podrían haber estado en el coche con alguien que acabó matando a otra persona, y son ellos los que acaban en una celda para el resto de su vida.

Sin embargo, vemos cómo alguien como Jared Kushner, el yerno del presidente, negocia acuerdos multimillonarios con naciones extranjeras antidemocráticas en beneficio de su propia familia. Hay tanto robo y corrupción legalizados que es lógico que la gente desconfíe del Gobierno si nunca se exigen responsabilidades. Tenemos la capacidad, los recursos y la autoridad para actuar en ambos frentes al mismo tiempo.

Cuando todos esos conservadores racistas se preguntan por qué tantos inmigrantes llegan a nuestras fronteras, la respuesta es porque desestabilizamos sus sociedades, corrompemos sus gobiernos y colocamos a marionetas al servicio de los intereses corporativos y militares de EEUU, que están íntimamente entrelazados

Se ve muy poca rendición de cuentas. Ocurre con las actuaciones del ICE, la represión de la migración, las muertes en el Caribe o la injerencia en Latinoamérica en países como Venezuela, Brasil y Colombia.

Existe un cinismo bien merecido entre el electorado estadounidense ante la idea de que, si eres rico y privilegiado, tienes un sistema penal diferente. No se te exigirán responsabilidades; los ricos pueden salirse con la suya porque, en la práctica, así ha sido, tanto bajo gobiernos republicanos como demócratas.

Durante la Administración de Obama [asumió la presidencia en enero de 2009, en plena Gran Recesión], ni una sola persona de Wall Street fue procesada ni condenada a prisión por el mayor robo de riqueza de la historia de EEUU, en el que se destruyeron las vidas y los medios de subsistencia de millones de familias.

Ni uno solo llegó a ver el interior de una celda, así que esto va más allá de Trump. Va más allá de los republicanos o del partidismo. Se trata de si vivimos en una cleptocracia donde se acepta el robo y existe un doble rasero basado en tu nivel de privilegios, riqueza y conexiones políticas. Si viéramos cómo se exigen responsabilidades y se encarcela a algunos de los hombres más ricos y poderosos, la gente podría empezar a creer que su gobierno trabaja para la gente corriente que se gana la vida trabajando.

Mientras tanto, hay motivos de sobra para ese cinismo, porque la mayoría de la gente sale impune, y eso es inaceptable.

¿Cómo ve estos ataques en lo que llaman el Hemisferio Occidental, como el bloqueo a Cuba o las injerencias en Brasil y Venezuela? ¿Qué puede hacer el Congreso para poner fin a eso?

No mucho en este momento, porque el Congreso está controlado por las mismas personas que apoyan al régimen de Trump. Por tanto, no creo que podamos hacer gran cosa, salvo quienes sabemos que es ilegal, inmoral y poco estratégico. Nos corresponde alzar la voz y dar ejemplo sobre cómo el Gobierno de EEUU debería relacionarse con sus socios internacionales en el hemisferio y más allá.

El objetivo es que, una vez que el régimen de Trump se haya disuelto dentro de dos años, y con la esperanza de que no dure más que eso, podamos recuperar el respeto de la comunidad internacional, volver a comprometernos con la diplomacia multilateral y fortalecer las relaciones dentro de nuestro hemisferio y más allá.

Lo que estamos haciendo en Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba, o en Haití, donde llevamos un siglo interfiriendo, exige que retiremos la bota militar que oprime a estas naciones. Debemos permitir su autodeterminación y respetar su soberanía, independientemente de a quién elijan, porque no nos corresponde decidir qué regímenes llegan al poder. Llevamos generaciones asesinando a líderes extranjeros; es lo que mejor se le da a EEUU, pero lo irónico es que siempre pagamos las consecuencias.

Cuando todos esos conservadores racistas se preguntan por qué tantos inmigrantes llegan a nuestras fronteras, la respuesta es porque desestabilizamos sus sociedades, corrompemos sus gobiernos y colocamos a marionetas al servicio de los intereses corporativos y militares de EEUU, que están íntimamente entrelazados.

A menos que el pueblo estadounidense comprenda nuestra complicidad generacional en ese tipo de corrupción, militarismo e imperialismo, difícilmente aprenderemos la lección. Sin embargo, cada vez somos más las voces que entramos al Congreso dispuestas a decir la verdad al poder y a utilizar toda nuestra autoridad para visibilizar y defender estas cuestiones.

¿Tienen pensado coordinarse con los representantes más progresistas de la Cámara de Representantes para formar un bloque parlamentario?

Sí, ya estamos colaborando y trabajando en estrecha relación.

Mi victoria fue la primera gran victoria de un candidato progresista y antisistema en 2026. Llegó tras una racha de tres derrotas consecutivas de la izquierda, por lo que mis elecciones primarias del 19 de mayo se convirtieron en la gran prueba de fuego. Al ganar de forma contundente, inyectamos un enorme impulso a las sucesivas contiendas primarias. Inmediatamente después del triunfo, dediqué toda mi energía a apoyar a mis compañeros de plataforma.

Estuve en Denver, en Trenton (Nueva Jersey), en Detroit, en Nueva York, en Míchigan… Fui a todas partes para que la gente supiera que esto no se trata solo de mí en Filadelfia. Se trata de la nación, y tenemos que apoyar a otros candidatos progresistas, con principios y de peso. Y todos ganaron, y todos lo hicieron por un margen de dos dígitos. Y al menos tres de ellos derrotaron a titulares con una larga trayectoria, contra todo pronóstico.

Y hemos forjado una camaradería y un sentido de conexión como individuos, candidatos y personas que estamos en el lado correcto de la historia y que vamos a trabajar en estrecha colaboración para aunar nuestro poder y nuestra influencia como nuevos miembros del Congreso y librar juntos esta buena batalla.

Porque esto no se puede hacer desde una perspectiva individualista. Se trata de una cámara de 435 miembros, a los que hay que sumar 100 senadores. Tenemos que trabajar de forma colectiva, y creo que, cuando lo hagamos, tendremos mucho más éxito que si lo abordamos desde un enfoque muy aislado.