Ni servicios públicos ni protección social en EEUU: lo que refleja el lloro ciudadano por un árbol caído en una tormenta
Este viernes me reincorporé al trabajo. Me levanté temprano para correr un poco por la ciudad, después de una noche en la que se vivió una fuerte tormenta en Washington DC. Al llegar a la glorieta de Dupont Circle, en una zona relativamente céntrica de la ciudad, me topé con un enorme árbol caído en medio de la plaza. La tormenta había podido con él. Este martes, el árbol seguía en el mismo lugar, pero tenía ya numerosas notas pegadas al tronco, escritas por vecinos consternados por la pérdida del árbol.
“Eras muy querido y se te echará de menos”, decía una nota; “muchas gracias por tantos años de sombra”, decía otra. “Fuiste un árbol hermoso y muy querido. Durante muchísimos años, custodiaste la esquina de Dupont Circle. Aportaste belleza, sombra y refugio para la fauna, además de ayudar a oxigenar nuestro aire. Estabas aquí cuando yo era joven; aunque no nos conocimos entonces, ahora se nota tu ausencia. Dupont Circle ya no es lo mismo sin ti. Descansa en paz, noble árbol”, terciaba otro.
Lo que no decía ninguna nota es que los servicios públicos de la ciudad estaban tardando días y días en limpiar las calles tras la tormenta, como tardaron semanas en hacerlo tras las grandes nevadas de principio de año. Tampoco las notas se acordaban de las personas sin hogar que frecuentan el lugar y otros muchos lugares de la ciudad, como las bibliotecas públicas, ni de la falta de atención hacia ellas.
En estos últimos días he podido conocer de primera mano las complicaciones del sistema de salud estadounidense. Y he recordado la reflexión del senador Bernie Sanders: “¿Por qué Estados Unidos es el país más rico de la historia del mundo [y] la única gran nación que no garantiza la atención médica a todas las personas como un derecho humano?”
En efecto, las escuelas públicas de Washington DC, que son gratuitas, exigen un informe pediátrico y otro dental para formalizar la inscripción. Y esos informes requieren una visita pediátrica que puede alcanzar precios de 1.500 dólares, y puede que el seguro cubra solo una parte. Lo mismo ocurre con el dentista, que no está cubierto por el seguro médico, porque el seguro dental va por otro lado.
Y por eso hay algunas clínicas recomendadas por los servicios de atención a las personas migrantes del departamento escolar de la ciudad, en las que ayudan a las personas sin seguro médico. Y un empaste, que cuesta unos 250 dólares, puede tener diferentes descuentos si puedes demostrar unos determinados ingresos y un determinado número de personas a tu cargo.
¿Y dónde queda lo público? ¿Y qué pasa con quien no puede pagar una visita al médico para lograr una receta con la que poder comprar un antibiótico, que a lo mejor tampoco puede pagar?
Estos días, precisamente, estaba viendo la segunda temporada de la serie 'The Pitt', en HBO, que muestra con toda crudeza las dificultades del hospital para prestar los servicios necesarios por la falta de fondos, pero también las complicaciones de las personas necesitadas para poder pagar facturas de hasta 100.000 dólares por una breve estancia en Urgencias. Incluso se ve cómo las tablas de los descuentos para las personas necesitadas a menudo dejan desamparadas a quienes no ganan lo suficiente para tener un seguro ni ganan lo suficientemente poco para entrar en la horquilla de las personas de menores recursos.
Y en ese limbo están millones de personas en EEUU, como se vio en el cierre gubernamental tan largo del año pasado, cuando empleados públicos hacían cola para recoger alimentos porque no tenían ahorros suficientes para afrontar las facturas durante más de dos semanas sin cobrar.
“Las brechas de desigualdad en este país no suponen un gran debate: se considera que la redistribución no es una función del Estado, sino del mercado de trabajo a través de la creación de empleo”, afirmaba en elDiario.es Federico Steinberg, catedrático en la Universidad de Georgetown e investigador del Real Instituto Elcano.
Sanders decía en elDiario.es: “La razón por la que no se ha hablado mucho aquí en el Congreso sobre la desigualdad de ingresos y riqueza es que los multimillonarios desempeñan un papel enormemente importante en ambos partidos políticos. Y esos son temas que ellos no quieren tratar”.
Según datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), el aumento de la desigualdad de ingresos es la razón principal por la que la asequibilidad parece inalcanzable para demasiadas familias estadounidenses. Durante más de cuatro décadas, la mayor parte del crecimiento de los ingresos en la economía de EEUU se ha concentrado en los sectores de mayores ingresos. Si los ingresos de los hogares de clase media hubieran seguido el ritmo del crecimiento promedio de los ingresos desde 1979, hoy percibirían unos 30.000 dólares más, según el Economic Policy Institute.
“Hay más desigualdad de ingresos y riqueza que nunca en la historia de este país”, decía Bernie Sanders: “La Gilded Age (Edad Dorada) es la época de las décadas de 1870 y 1880, la de Rockefeller, J.P. Morgan, Jay Gould y todos esos hombres inmensamente ricos. La situación hoy es mucho, mucho peor. El 1% más rico posee más riqueza que el 93% restante. El propio Elon Musk posee ahora tres veces más riqueza que la mitad más pobre de los hogares estadounidenses. Es una locura”.
EEUU se encamina a unas elecciones legislativas de mitad de mandato muy relevantes, porque pueden suponer un freno al poder total que ha exhibido Donald Trump desde que volvió a la Casa Blanca en enero pasado. Y el debate sobre la desigualdad, como decía el veterano senador por Vermont, básicamente está presente entre los candidatos más progresistas, afines a Sanders y al DSA de Zohran Mamdani y Alexandria Ocasio-Cortez.
Y se da la paradoja de que la Casa Blanca reivindica al Partido Republicano como el partido de la “clase trabajadora”, a pesar de que Trump esté gobernando para su propio bolsillo, para el de los tecnoligarcas y para el de otros multimillonarios del mundo, incluidos los de las criptomonedas.
Mientras tanto, como dice Sanders, “hay personas que no pueden pagar la compra ni la vivienda, ya que los precios están por las nubes. En cuanto a la atención sanitaria, somos el único país importante que no cuenta con un sistema nacional de salud. La gente no puede permitirse la atención médica, ni enviar a sus hijos a la universidad, ni costearse la jubilación. Las familias trabajadoras pasan apuros mientras los ricos se hacen cada vez más ricos”.